SOBREPROTECCIÓN PARENTAL Y CONSECUENCIAS EN LA AUTOESTIMA DE LOS HIJOS

Los padres se convierten en modelos de referencia para sus hijos y por esta razón las estrategias de crianza y educación que eligen tienen un peso tan importante en ellos, no sólo en el plano familiar, sino también cuando éstos participan en otros contextos. Además, estas estrategias tienen influencia en todas las etapas de la vida, desde la niñez y adolescencia hasta la edad adulta.

En este sentido, nos vamos a centrar en la sobreprotección parental y los efectos que tiene en la autoestima de los hijos tanto cuando son niños como cuando son adultos.

Por sobreprotección entendemos aquellas conductas orientadas, de forma inconsciente, a controlar a los hijos por el intenso miedo de los padres a que éstos sufran o se hagan daño físico o emocional. Es importante remarcar la diferencia con respecto a la protección; Ésta es un aspecto vital que garantiza la supervivencia y por lo tanto forma parte de la responsabilidad de los padres en torno al cuidado de los hijos.

De forma general tendemos a relacionar las situaciones dolorosas como algo negativo. Por ejemplo, intentamos evitar emociones desagradables como la tristeza, la frustración o el miedo porque las relacionamos como algo malo. Sin embargo, forman parte de nuestra vida y es importante permitirnos sentirlas porque gracias a ellas generamos aprendizajes. En ocasiones sobreprotegemos porque creemos que fallar es malo, que frustrarnos es algo negativo, etc. y en consecuencia, queremos aliviarles de ese malestar a nuestros hijos haciéndoles las cosas más sencillas, sin tener en cuenta que es imposible conseguirlo porque ellos participan de muchos contextos que escapan a nuestro control.

Cuando sobreprotegemos, no estamos tratando de cubrir las necesidades básicas de nuestros hijos si no que actuamos desde nuestro miedo tomando decisiones por ellos, resolviendo sus problemas, supervisando cada movimiento o impidiendo que participen de experiencias importantes en su desarrollo. El efecto que podemos conseguir es contrario al deseado al limitar la capacidad de los hijos para controlar su vida, afectando así a su autoestima y autonomía.

 

 

En concreto, la sobreprotección impide el desarrollo de habilidades que se aprenden a través de la experiencia directa, como son:

  • La toma de decisiones, al elegir por ellos se dificulta la creación de confianza en uno mismo para tomar decisiones, aplazándolas en muchas ocasiones o pidiendo confirmación a otras personas sobre la opción correcta.
  • La regulación emocional, al aprender a reprimir sus emociones para no preocupar a sus padres, limitan su capacidad para gestionar de una forma adecuada sus emociones.
  • Tolerancia a la frustración al no haberles permitido cometer errores.

En consecuencia, nuestra autoestima puede verse deteriorada porque todos necesitamos enfrentarnos a situaciones complicadas con nuestras propias herramientas. Por el contrario, no dar a nuestros hijos la oportunidad de fallar o lograr cosas por sí mismos, puede ayudar a generar un concepto de sí mismos como personas poco válidas al necesitar siempre ayuda para hacer algo. Sin embargo, proporcionar herramientas y apoyo para enfrentar situaciones puede ayudarles a generar un concepto de sí mismos como de persona útil y capaz.

Es importante tener en cuenta que la primera fuente de aprendizaje significativo se da mediante la experiencia directa, por lo tanto es fundamental permitirles a ellos mismos resolver situaciones adecuadas a su edad. A continuación, os presentamos una serie de pautas para poder lograrlo:

  • Explicar por qué actuamos así o tomamos ciertas decisiones para que puedan actuar por si mismos cuando no haya adultos indicando cómo tienen que hacerlo.
  • Permitir cometer errores y resolverlos por sí mismo.
  • Esperar a que pida ayuda y darle tiempo antes de intervenir, permitiendo que se desenvuelva solo aunque tarde más.
  • Si pide ayuda, podemos sugerir alternativas que sean capaces de llevar a cabo solos.
  • Darles pequeñas responsabilidades sin la necesidad de estar presentes.
  • En lugar de evitar situaciones temidas, es importante hablarles ofreciéndoles una guía sobre lo que va a pasar y transmitirles apoyo.
  • No anticipar sus errores para evitarlos. Si se equivocan, podemos analizar juntos qué ha ocurrido y qué se puede mejorar.
  • Favorecer relaciones sociales.
  • Proteger de los peligros reales.
  • En ocasiones es importante que los padres trabajen sus propios miedos.

En conclusión, aunque queremos proteger a nuestros hijos de cualquier malestar o situación dolorosa, la realidad es que no es posible conseguirlo. Por lo tanto, es necesario que los protejamos de los peligros reales a la vez que les permitimos crecer a sus propios ritmos permitiendo la maduración y la autonomía.

 

Marta Marín Pérez – Psicóloga colaboradora de Dana Centro de Psicología