¿EXPECTATIVA O REALIDAD?

“Hoy es nuestro aniversario, hace unos meses que tenemos una mala racha y parece que ya nunca volveremos a ser como antes, echo de menos como me cogía de la mano mientras paseábamos por la calle, y cuando íbamos al cine para pasar las tardes de invierno. Sé que está intentado hacer esfuerzos por acercarse a mí. Seguro que esta noche viene y me dice que me quiere al oído.”

“Llevo cinco años en la empresa, me gusta mucho mi trabajo, disfruto aprendiendo cada día y viendo como evoluciono. Hay días en los que, si es necesario, me quedo más tiempo del debido para poder acabar lo que estoy haciendo, y no me importa porque realmente es lo que tengo que hacer. Quizás con el tiempo me gustaría poder alcanzar otras metas, como conseguir nuevas responsabilidades, dirigir equipos y poder seguir probándome.”

“¡Qué ganas de que lleguen las vacaciones y poder desconectar de todo esto que me rodea!”

 

Pensamiento a futuro ¿para qué…?

Estos tres ejemplos son algunos pensamientos que nos pueden venir a nuestra cabeza en momentos cotidianos de nuestro día a día, y todos ellos se relacionan con el pensamiento a futuro y las famosas expectativas, pero ¿quién no se ha visto en una situación parecida en algún momento?

La principal diferencia entre los humanos y el resto de animales es la capacidad de poder imaginar situaciones que aún no nos han acontecido y estimar una probabilidad de que vayan o no a suceder.

Esto lo descubrieron los primeros hombres cuando guardaban las brasas del fuego para poder espantar a los depredadores o cuando cultivaron los primeros campos para tener alimento en tiempos de escasez. Este tipo de conductas les ayudaban a sobrevivir, a sentirse seguros y a saber que, al menos, iban a estar vivos un día más. Ahora los tiempos han cambiado, ya no necesitamos guardar las brasas o tener una parcela de tierra que cultivar, lo que sí necesitamos es tener un supermercado más o menos accesible o un trabajo estable que nos permita pagar nuestras facturas a final de mes.

En definitiva, situaciones que nos ayudan a sobrevivir en nuestro entorno, sentirnos seguros y saber que, al menos un día (o dos), vamos a poder seguir respirando. Y esto es gracias a nuestro pensamiento a futuro y a nuestra capacidad de anticipación ante posibles dificultades o problemas.

¿Pero cómo se relaciona esto con las expectativas?

 

La comparación

Imagínate que vas andando por la calle y te paras frente  a un escaparate. En ese escaparate hay un jersey y en ese momento recuerdas el frío que pasaste la noche anterior cuando volvías a casa. Hace mucho que no te das un capricho y el jersey es bastante bonito. Pero hay un problema, no está el precio, por lo que vas a tener que entrar en la tienda y preguntar.

Tu cabeza hace una aproximación sobre su posible precio y se fija en detalles como la tela del jersey, la tienda en la que estás… y el cálculo que realizas le pone un precio de 45€.  Miras tu cartera y tienes un billete de 50€ por lo que todo parece que, a priori, encaja.

Entras a la tienda, vuelves a mirar el jersey, realmente es muy bonito y te vendría bien con tu pantalón vaquero favorito. Te acercas al dependiente y te dice que el jersey que está en el escaparate cuesta 30€ ¡qué bien! Es más barato de lo que pensabas, incluso con esos 15€ de diferencia puedes irte a tomar algo después.

La situación anterior es la ideal, pero ahora vamos a poner otro ejemplo. En esta ocasión pasas por el escaparate y una vez más estimas que el precio del jersey es de 45€ y tienes en tu cartera 50€. Entras a la tienda y buscas a la persona que trabaja allí. La chica se da la vuelta y muy educadamente te dice que el jersey cuesta 68€. ¿Cuál es tu reacción? Posiblemente, después de eso le darías las gracias y te marcharías de la tienda. ¡Es demasiado caro!

Ahora bien, ¿el jersey es el mismo en las dos ocasiones? La respuesta es sí. Lo único que ha cambiado es el cálculo subjetivo que hemos hecho sobre su valor.

 

Cuando el jersey es una persona o algo que esperamos

Al igual que a un jersey le ponemos precio, realizamos la misma operación mental para dar valor a personas o situaciones en nuestra vida. Y al igual que con el jersey, si el cálculo mental que hacemos es peor que la realidad, nos pondremos contentos y compraremos el jersey. Y a la inversa, si el cálculo que hacemos es superior a lo que sucede después, nos llevaremos una decepción (más o menos grande según la situación). Pero el jersey seguirá siendo el mismo, lo que cambia es nuestra interpretación.

Damos valores subjetivos a personas o situaciones que nos gustaría o creemos que van a pasar en base a lo que estimamos correcto o probable dentro de nuestro propio sistema de valores.

 

¿Qué está en nuestras manos para cambiar?

El cálculo mental de expectativas es casi automático, por lo tanto, es difícil pelear contra ello. Lo que sí está en nuestras manos es realizar pequeñas acciones personales que nos ayuden a aumentar la probabilidad de que eso que queremos que pase realmente suceda. Recuperando los ejemplos del inicio, podemos mandarle un mensaje a nuestra pareja recordando el aniversario, trabajar duro en nuestro trabajo o desconectar el móvil cuando estamos de vacaciones.

 

Laura Rumoroso Revilla – Psicóloga Sanitaria de Dana Centro de Psicología

EMOCIONES, TODAS NECESARIAS

¿Qué son las emociones?

Nos podemos remontar a la Teoría de la Evolución de Charles Darwin (1859) para hablar de la importancia de las emociones, y es que éstas desempeñan unas funciones fundamentales:
⦁ Son adaptativas: nos ayudan a sobrevivir en el medio en el que nos encontramos.
⦁ Nos mueven a acercarnos a lo que es beneficioso o a evitar lo que es perjudicial para nosotros.
⦁ Y sirven de lenguaje para comunicarnos con los demás, ya que facilitan la relación interpersonal, la creación de lazos emocionales y nos permiten anticipar y adaptar nuestra conducta.
Los seres humanos necesitamos expresar nuestras emociones y lo hacemos en estrecha vinculación con el contexto. Además de ser actores sociales, somos participantes culturales, y las normas y los valores de nuestra cultura actúan como criterios de referencia.
Las emociones modulan la toma de decisiones, ya que, tienen un papel relevante a la hora de determinar nuestras metas, en base a lo que nos agrada o nos desagrada, de tal forma que, si no somos capaces de reconocer cómo nos estamos sintiendo, no estaremos utilizando información del todo valiosa, de ahí que la gestión emocional se convierta en algo fundamental para el bienestar de la persona.

Ahora bien, ¿cuáles son?

Es muy común que si alguien nos pregunta “¿qué tal estás?” Respondamos algo tipo “bien”, “mal” o “normal”. Pero… ¿qué información nos proporciona este tipo de respuestas? Una adecuada gestión emocional incluye la identificación y la expresión, ya que, por ejemplo, no es lo mismo estar “triste” que estar “enfadado”.
Las emociones cambian, crecen, oscilan, viajan y se relacionan entre ellas. Hoy, tenemos un vocabulario muy rico, por tanto, podemos encontrar un amplio espectro emocional. Aquí os dejamos una ayuda: La ruleta de las emociones.

ruleta_emociones

Pero lo que es importante es que NO hay emociones “buenas” ni emociones “malas”, todas son necesarias y sin ellas, directamente no podríamos vivir.
La tristeza, el miedo o el enfado no son emociones “negativas”, cada una de ellas nos es útil. Por ejemplo, la tristeza nos permite recibir apoyo social o recoger fuerzas para hacer frente a una pérdida, con el miedo podemos atender a una situación temida y/o nos facilita evitar o escapar, y, por último, el enfado nos puede servir para poner límites a una situación de amenaza o pedir cambios.
Esto son algunos ejemplos, pero, en definitiva, todas las emociones surgen por y para algo.
Entonces… ¿por qué negamos estar tristes?
Muchas veces, el bloqueo de las emociones puede ser un mecanismo para protegernos, pero cuando las emociones desagradables son intensas, duran mucho tiempo o sentimos que no tenemos el control sobre ellas, tendemos a negarlas y evitarlas. Así, si nuestro objetivo es que esa emoción desaparezca, vamos a conseguir el efecto contrario, que es amplificar ese malestar.
Cuanto más nos empeñamos en ser felices y en sentirnos bien, más nos alejamos de nuestro objetivo. Cuando en realidad, lo más beneficioso es aceptar todas las emociones que experimentamos y, por tanto, vivirlas.

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Imagen tomada de @domm_cobb

“¿Cómo expresarlo si no duele, si nada ni nadie despierta sentimiento alguno? Muchas veces desearíamos vivir así, al menos un momento. Ser inertes ante las sensaciones que provocan ciertas circunstancias, pero sólo eso, unos instantes, porque ni sabemos ni podemos vivir sin sentir nada”.

 

Mireya Martín Manzano
Psicóloga Sanitaria de Dana Centro de Psicología

CÓMO FUNCIONA EL MIEDO

¿Qué es el miedo y cuál es su función?

El miedo es una emoción adaptativa del ser humano que nos permite reaccionar ante un peligro y sobrevivir desencadenando las respuestas de lucha o huida. Se trata de una emoción muy rápida e intensa, ya que el organismo ha de reaccionar de forma inmediata y contundente y, por este motivo, nos resulta tan aversivo. Ya que, según lo explicado en la Teoría de la Selección natural de Charles Darwin, solo sobreviven los que mejor se adaptan al entorno y el entorno está lleno de peligros.

Gracias a nuestra historia de aprendizaje, vamos aprendiendo a prevenir situaciones de riesgo, a no enfrentarnos a peligros innecesarios y desarrollamos estrategias para defendernos de aquello que pueda suponer un riesgo. En términos algo más técnicos, gracias al condicionamiento clásico (Pavlov) el cerebro “categoriza” los peligros para responder rápidamente y por condicionamiento operante (Skinner) evitamos o escapamos de aquellas situaciones desagradables que comprometen nuestra integridad física.

Reacción física ante un peligro (real o percibido)

Cuando nuestro cerebro identifica un peligro, envía señales al resto de cuerpo para que se active de forma inmediata y poder luchar o huir. A continuación, detallaremos los síntomas más característicos del miedo y la ansiedad y la explicación de por qué suceden:

  • Palpitaciones: El corazón es el órgano que bombea la sangre, en el caso del miedo principalmente a los músculos, por lo que aumenta la frecuencia de latido cardíaco.
  • Hiperventilación: los músculos necesitan oxígeno para funcionar bien y al respirar muy rápida e intensamente, generamos un exceso de oxígeno que el cerebro trata de equilibrar con el dióxido de carbono enviándonos sensación de ahogo para que paremos de respirar de una forma tan intensa.
  • Temblor: se debe a la tensión muscular necesaria para poder luchar o huir.
  • Mareo: aparece debido a la hiperventilación, el envío de sangre a las piernas y a la tensión de la zona cervical.
  • Sudoración: ante una respuesta tan rápida e intensa, el cuerpo consume gran cantidad de energía que genera calor. El sudor es nuestro sistema de refrigeración.
  • Desrealización: la sangre se destina a los músculos, no llegando tanta cantidad al cerebro, por lo que las funciones cognitivas se ven mermadas.
  • Visión borrosa o visión túnel: las pupilas se dilatan para percibir lo antes posible el peligro.
  • Náuseas y diarrea: los recursos no se destinan al aparato digestivo, ya que no es necesario para responder ante el peligro. Además, el exceso de alimento o de peso, nos hace ser más lentos, por lo que el cuerpo trata de deshacerse de ello.

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Cuando el miedo se convierte en un problema

El miedo es adaptativo siempre que cumpla su función de garantizar la supervivencia. Sin embargo, cuando el miedo es demasiado intenso ante situaciones no tan graves o se mantiene demasiado en el tiempo, aparece lo que denominamos ansiedad, que puede presentarse en forma de fobias (reacción excesiva ante determinados estímulos- animales, lugares cerrados, etc-), de ansiedad generalizada (alerta constante y percepción continua de peligros), de crisis de ansiedad (reacción muy potente ante situaciones que no son peligros objetivos) y de Trastorno Obsesivo Compulsivo (conductas –compulsiones- destinadas a dejar de sentirnos mal por ideas irracionales que nos causan intenso miedo o malestar –obsesiones-).

Cuando el miedo o la ansiedad se convierte en parte de nuestro día a día, empezamos a sentir importantes limitaciones, ya que ese malestar constante no nos permite hacer todo lo que debemos o nos gustaría y nos hace que cada vez estemos más aislado o condicionados. Cuando los síntomas asociados al miedo se convierten en habituales y sentimos que no podemos hacer nada para que desaparezcan, es el momento de pedir ayuda profesional.

La labor del psicólogo en el tratamiento del miedo y la ansiedad

Desde la perspectiva cognitivo-conductual conocemos a la perfección cuáles son las causas que generan el miedo y qué variables las mantienen. Una vez identificado el origen y mantenimiento de la ansiedad, se ponen en práctica una serie de técnicas de gran eficacia demostrada científicamente, como son la psicoeducación, la exposición, las técnicas de relajación y de control de pensamiento. Con la aplicación de estas técnicas, enseñamos al paciente a enfrentarse a sus miedos y a que dejen de considerarse como tal, pero siempre facilitando este proceso con estrategias para bajar activación o para interpretar las situaciones de una manera racional y ajustada. Aquí es importante señalar, que el tratamiento de la ansiedad tiene que estar siempre supervisado por un profesional en la materia, ya que la aplicación de estas técnicas sin la experiencia y conocimiento suficiente puede resultar contraproducente empeorando la situación.

A modo de conclusión podemos decir que, puesto que es necesario para la supervivencia, no podemos dejar de sentir miedo, pero sí depende de nosotros de qué manera nos enfrentamos a este miedo. Aquí citamos a Aristóteles  que en su Ética a Nicómaco dijo: “No es valiente quien no teme nada (en este caso sería un temerario, un insensato), sino quien aprende a enfrentarse a sus miedos y a superarlos”.

CÓMO SER ASERTIVOS

La asertividad se define como aquella habilidad social que nos permite comunicar nuestro punto de vista desde un equilibrio entre un estilo comunicativo pasivo y un estilo agresivo. Por lo tanto, la asertividad es la capacidad de comunicar y defender nuestros derechos e ideas respetando a los demás.

Ser asertivo no es sinónimo de “tener razón”, sino de saber que se puede estar equivocado y, aun así, mantener la calma y saber expresar nuestro punto de vista respetando y entendiendo el de los demás hasta conseguir llegar a un acuerdo o resolver un problema.

Situarse en el extremo pasivo o agresivo, es decir, no ser asertivo, hace que la persona sea ineficaz socialmente al no conseguir comunicar su punto de vista, lo que le molesta o lo que quiere, afectando esto de forma directa a la autoestima y el bienestar.

¿QUÉ SON LOS ESTILOS COMUNICATIVOS PASIVO Y AGRESIVO?

Como se ha indicado en el apartado anterior, tanto si nos situamos en el extremo pasivo como si lo hacemos en el agresivo, no somos asertivos.

El estilo de comunicación pasivo se caracteriza por un comportamiento sumiso, en el que la persona antepone el bienestar de los demás al propio, quedando a merced de los deseos, órdenes o instrucciones del resto. El objetivo principal de este tipo de comportamiento es la evitación de problemas con el otro. Estas personas muestran inseguridad, escasa ambición y pocos deseos y principios.

Por el contrario, una persona que se caracteriza por un estilo comunicativo agresivo es aquella que se hace fuerte a costa de la debilidad de los otros, es decir, cuanto más pasivo es el interlocutor, más agresivo se vuelve, se reafirma. Estas personas defienden en exceso sus derechos y opiniones sin tener en cuenta los de los demás. Este comportamiento se caracteriza por la prepotencia, el orgullo y el menosprecio hacia los otros.

Tanto el estilo comunicativo pasivo como el agresivo no son funcionales y generan estrés. El sujeto pasivo siempre estará a disposición de los demás y a la expectativa de lo que pueda pasar sin ningún tipo de control sobre la situación. Por otra parte, el sujeto agresivo siempre encontrará la ocasión para discutir, por lo que nunca logra estar tranquilo y en equilibrio.

VENTAJAS DE LA COMUNICACIÓN ASERTIVA

Los beneficios de poseer un estilo de comunicación asertivo son los siguientes:

  • Búsqueda de soluciones: el objetivo de la conducta asertiva no es el enfrentamiento ni el desahogo, sino el planteamiento de un problema para buscarle solución. Debido a esto, la persona asertiva es más resolutiva y funcional en su día a día.
  • Sensación de control: abordando aquello que nos preocupa o no nos gusta y demandando aquello que deseamos, adquirimos mayor control sobre nuestro entorno y sobre nosotros mismos.
  • Buena autoestima: tomar las riendas, conocer y defender aquello que queremos y poner límites, nos hace sentirnos mejor con nosotros mismos y tener una autoestima elevada.
  • Mejora las relaciones interpersonales: una comunicación clara, eficaz, honesta y respetuosa fomenta interacciones más sanas.

¿CÓMO SER ASERTIVOS?

La asertividad es un comportamiento que se aprende. Para ser asertivo debemos poner en práctica los siguientes puntos:

  • Decir no: habrá veces en las que no estemos dispuestos o disponibles para hacer aquello que nos piden. En estos casos, debemos saber decir NO sin sentir culpa y sin miedo al rechazo, ya que si lo hacemos de manera considerada el otro no debería molestarse. Al principio, si no estamos acostumbrados a hacerlo, decir no puede suponer algo de ansiedad, pero poco a poco y con la práctica iremos adquiriendo el hábito y esa ansiedad irá descendiendo hasta desaparecer.
  • Empatizar no es lo mismo que dar la razón: ser asertivo implica tanto exponer y defender nuestras opiniones, como respetar y escuchar las de los demás. Pero, que escuchemos al otro, no es sinónimo de darle la razón o estar de acuerdo con todo lo que expone.
  • Buscar el momento adecuado: Para trasladar a otra persona nuestros deseos u opiniones, debemos asegurarnos su atención. Para esto, es necesario buscar el momento adecuado: a solas, con control emocional, sin prisa, etc. De esta manera, nuestro comportamiento asertivo resultará más funcional.
  • No generalizar: Si queremos cambiar algo de nuestro entorno o de aquellos que nos rodean, debe quedar claro aquello que buscamos. Si dentro de una crítica no somos claros y generalizamos, no conseguiremos nuestro objetivo. Por ejemplo, si queremos que nuestro compañero de piso recoja todos los días su ropa, le diremos exactamente “me gustaría que todas las mañanas dejes tu ropa recogida” y no “¡eres un desastre!”. Si le pedimos que recoja la ropa entenderá claramente aquello que nos molesta y qué es lo que debe hacer para que estemos mejor, de la segunda manera, solo se sentirá ofendido y probablemente contraataque con poca o ninguna probabilidad de cambio en el futuro.
  • Exponer lo que ocurre claramente: Para que nuestra crítica sea efectiva, debemos poner a nuestro interlocutor en contexto, es decir, explicarle qué ocurre, cuándo y dónde. De esta manera, entenderá perfectamente cuál es la situación que nos desagrada y deseamos que cambie.
  • Explicar cómo me siento: Este punto es básico para fomentar que la otra persona empatice con nosotros. Le diremos cómo nos hace sentir la situación en la que nos encontramos, para que entienda cómo nos afecta y aumente la voluntad de cambio pensando en nuestro bienestar.
  • Dar alternativas de solución: Siempre que demandemos algo, es recomendable decir exactamente cómo queremos que cambien los comportamientos del otro o la situación. Cada uno tenemos una forma de ver las cosas, por lo que dejar a la imaginación o decisión de la otra persona los cambios que nosotros esperamos, puede provocarnos una importante frustración al no conseguir aquello que buscábamos.

 

Terminamos este artículo con una frase para reflexionar en referencia a nuestros derechos asertivos:

“Si sacrificamos nuestros derechos con frecuencia, estamos enseñando a los demás a aprovecharse de nosotros” P. Jakubowsky.

 

¿QUÉ HACEMOS CON LOS NIÑOS DURANTE LAS VACACIONES ESCOLARES?

Llegan las vacaciones y, con ellas, los quebraderos de cabeza para los padres con niños pequeños. Sin colegio ni actividades extraescolares, se produce un cambio de rutina para todos, ya que los más pequeños disponen de mucho tiempo libre que debemos ocupar y organizar si no queremos sobrecargarnos.

QUÉ HACER CUANDO LOS PADRES TRABAJAN

En este caso, las opciones más comunes son las siguientes:

  • Reducción de jornada de uno de los padres: con esta opción se necesita menos ayuda de terceros y, durante las horas de trabajo de ambos, se puede recurrir a una de las opciones enumeradas a continuación.
  • Buscar un/a cuidador/a que se ocupe de ellos dentro del horario laboral: si no podemos recurrir a algún familiar que nos ayude con el cuidado de nuestros hijos, contratar a un profesional es una buena opción, ya que podremos irnos a trabajar tranquilos.
  • Dejar a los pequeños con los abuelos: cada vez es más común ver cómo los abuelos se hacen cargo de sus nietos mientras los padres trabajan. A menudo, esta es una tarea muy bien recibida por ellos, ya que están encantados de compartir tiempo con los más pequeños de la casa. En este punto conviene aclarar que no debemos abusar de ellos, ya que el cuidado de los niños puede resultar agotador y, por muy gratificante que resulte la tarea, los abuelos también deben descansar y no asumir el rol de padres.
  • Apuntarlos a un campamento: esto resulta muy enriquecedor para fomentar la independencia y la diversión de los niños. En los campamentos, ya sean urbanos o de verano, se realizan multitud de actividades para que los chicos estén entretenidos y, además, aprendan rutinas diarias de higiene y se acostumbren a llevar una alimentación variada y equilibrada.

ACTIVIDADES PARA REALIZAR CON LOS NIÑOS

Cuando padres y niños coincidan en casa, es importante hacer ameno el tiempo compartido y son muchas las actividades que podemos realizar:

  • Ir a la piscina: el agua suele gustarles mucho a todos los niños y, además, les cansa bastante. Por tanto, disfrutan de la actividad y después estarán más tranquilos.
  • Cocinar: hacer platos seguros y sencillos en el que pueda involucrarse toda la familia puede resultar muy gratificante. Además, en estas fechas podéis elaborar entre todos el menú semanal para hacerlo más atractivo.
  • Distribución de tareas: las tareas del hogar hay que repartirlas y tratar de convertirlas en positivas, de esta manera todos os descargaréis de obligaciones y los más pequeños irán aprendiendo a ser más independientes y resolutivos.
  • Actividades de fin de semana: el fin de semana, cuando todos estamos libres, es un buen momento para hacer todo aquello que no podemos entre semana. Podemos organizar una salida al campo, un día de piscina, ir al cine, quedar con otras familias o con nuestros familiares, etc.
  • Ser más flexibles con las rutinas: ya que durante el año los niños tienen unas pautas muy establecidas, éstas se deben flexibilizar a lo largo de las vacaciones, permitiéndoles irse a la cama y levantarse más tarde o ver un rato más la televisión.
  • Limitar televisión y consola: si bien es cierto que con estos medios de entretenimiento nuestros hijos se mantienen ocupados y tranquilos, no se pueden convertir en el único recurso y no deben permanecer horas y horas pegados a una pantalla. Todo en su justa medida resulta positivo, por lo que lo ideal es negociar con ellos el tiempo que se dedicará a este tipo de actividades.

¿QUÉ PASA CUANDO EL NIÑO SE ABURRE?

Muchas veces nos obsesionamos con que el niño no se aburra, pero en ocasiones es bueno que esto suceda para que pueda desarrollar sus herramientas de juego e imaginativas.

En los últimos tiempos, los niños están acostumbrados a tener una sobrecarga de actividades todas ellas muy pautadas y con un control máximo. Con esta rutina, no les permitimos que aprendan a elaborar actividades, simplemente les enseñamos a seguir un guion establecido sin necesidad de pedir, imaginar o aprender a crear. Con las vacaciones, este guion resulta mucho menos estricto y con más tiempo libre, dejemos ese espacio a los pequeños para que escriban aquello que quieran hacer o, incluso, para que no hagan nada.

Por otra parte, debemos enseñar a nuestros hijos a disfrutar de las pequeñas cosas y rutinas y no a que todo sean actividades complejas y pautadas. Un niño puede disfrutar haciendo un bizcocho con sus padres y hermanos, bañando al perro o, simplemente, dando un paseo.

Por lo tanto, estas fechas no deben ser sinónimo de agobio para los padres, sino una buena excusa para poder disfrutar más de nuestros hijos, verles crecer y ser aún más activos en sus procesos de aprendizaje.

6 DIFERENCIAS ENTRE HOMBRES Y MUJERES

Las diferencias que existen entre hombres y mujeres es un tema muy controvertido que puede llevar horas y horas de discusión en cualquier contexto. Pues bien, en este artículo queremos aclarar algunas diferencias entre ambos sexos que están demostradas científicamente. Así, no podremos quedarnos con aquello de que hombres y mujeres somos de distintos planetas.

mujer-hombre-300x2221. ¿HACER VARIAS COSAS A LA VEZ?

“Las mujeres son capaces de hacer varias cosas a la vez”, este es un comentario que se escucha muy a menudo, pero ¿es así?

Este hecho tiene una posible explicación científica y es que las mujeres tienen un mayor número de conexiones neuronales entre ambos hemisferios y en los hombres abundan las conexiones neuronales en la parte frontal del cerebro y cerebelo.

El resultado de esta diferencia en las conexiones es que las mujeres tienen una memoria superior, más habilidades sociales y capacidad para realizar tareas múltiples. Por el contrario, los hombres aprenden de manera más eficaz y productiva una única tarea.

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2. MAYOR TENDENCIA A LA ANSIEDAD Y LA DEPRESIÓN

En consulta, vemos un mayor número de mujeres aquejadas de ansiedad y bajo estado de ánimo.

Investigaciones apuntan a que las mujeres son más propensas que los hombres a sufrir episodios de ansiedad o depresión debido a las variaciones hormonales que experimentan a lo largo de su vida. Además, al ser más emocionales, tienden a preocuparse más que los hombres, lo que puede derivar en efectos no deseados como las problemáticas que nos ocupan.

3. DIFERENTES ESTRUCTURAS CEREBRALES

Se ha demostrado que, hasta la octava semana, el feto tiene circuitos cerebrales de tipo femenino (Louann Brizendine). A partir de esta semana, los circuitos cerebrales de los hombres pasan a ser masculinos y se producen diferencias en el tamaño de algunas zonas cerebrales en ambos sexos.

Las partes del lóbulo frontal involucradas en la toma de decisiones y la resolución de problemas, es más grande en las mujeres, al igual que el área que regula las emociones. Por esto, las mujeres suelen ser más resolutivas, empáticas y poseen mayor habilidad de escucha activa.

Por otro lado, en los hombres las áreas con mayor extensión son el cortex parietal, encargado de procesar las señales que envían los sentidos y la percepción del espacio y la región de la amígdala que controla las emociones y el impulso sexual. Por tanto, los hombres generalmente se caracterizan por una mayor activación sexual y agresividad, además de tener una mejor orientación visoespacial.

cerebros

4. DESEO Y RESPUESTA SEXUAL

En el hombre no hay variaciones cíclicas hormonales, por lo que su deseo sexual es habitualmente constante. En cambio, en la mujer los distintos niveles de progesterona influyen en el deseo sexual.

Por otro lado, la respuesta sexual en hombres y mujeres es distinta. Según Masters & Johnson, la respuesta sexual se divide en cuatro etapas bien diferenciadas (fase de excitación, meseta, orgasmo y resolución).

En el caso de las mujeres, la etapa de excitación suele ser más lenta y gradual que en los hombres. Por otro lado, las mujeres pueden tener orgasmos múltiples, a diferencia de los hombres que presentan un periodo refractario que les impide recuperar la respuesta sexual hasta pasado cierto tiempo.

respuesta sexual5. COMPARTIR SENTIMIENTOS

Es algo común escuchar quejas acerca de que los hombres no muestran sus emociones o no comparten sus sentimientos.

En un estudio realizado por Amanda J. Rose, profesora de ciencias psicológicas en la Universidad de Missouri, se confirma que los hombres, ya desde niños, no tienden a expresar sus sentimientos por miedo a resultar vulnerables o sentirse inseguros. Aquí, como podemos intuir, es tremendamente importante el papel de la cultura en la que los hombres han de ser el sexo fuerte y no mostrar debilidad alguna.

En el estudio, realizado con 2.000 niños y adolescentes, llegaron a la conclusión de que los niños no consideraban útil hablar sobre sus problemas o compartir sus sentimientos, mientras que las niñas lo veían como algo positivo.

6. DIFERENTES JUEGOS Y DIFERENTES GUSTOS

El papel que juega la educación y la cultura es clave en el marcado gusto de las niñas por juegos más tranquilos como las casitas o las muñecas y de los niños por una mayor actividad como el fútbol o los videojuegos. En la actualidad, esta situación está cambiando y se tiende a educar a niños y niñas en la igualdad, no encontrándose diferencias tan marcadas como hace unos años.

Los niños y niñas que han sido educados con roles de género, tienen gustos y preferencias significativamente diferentes en la edad adulta y el rol que asumen dentro de la pareja y la familia también está marcado por la educación recibida.

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Con este artículo podemos ver que, efectivamente, existen diferencias considerables entre hombres y mujeres que no deben alejarnos, sino que deben ayudarnos a comprendernos y acercarnos más.

También queda muy claro el papel de la educación y la cultura en la mayoría de las diferencias, lo que nos invita a reflexionar sobre la educación en referencia al género que queremos dar a nuestros hijos, ya que es algo que resultará determinante a lo largo de toda su vida.