Convivir con el malestar para poder avanzar

En muchas ocasiones, cuando una persona decide iniciar un proceso terapéutico, lo hace con una expectativa comprensible: sentirse mejor cuanto antes. Al fin y al cabo, el malestar psicológico (entendido como la presencia de emociones desagradables como ansiedad, tristeza, miedo, ira, desesperanza, etc.) puede resultar profundamente incómodo e interferir en la vida cotidiana.

Sin embargo, la terapia no se entiende únicamente como un espacio para aliviar ese malestar de forma inmediata, sino como un proceso orientado a generar cambios relevantes en la vida de la persona y en su comportamiento: en cómo actúa, cómo piensa, cómo siente y cómo se relaciona con su entorno. Para ello, no se trata de “eliminar” el malestar, sino de aprender a relacionarse con él de otra manera. Y, en muchos casos, eso implica “atravesarlo”.

No se trata siempre de eliminar el malestar

Esta idea puede resultar contraintuitiva. Vivimos en una cultura que promueve la evitación del malestar: buscamos distraernos, suprimir lo que incomoda o encontrar soluciones rápidas que lo reduzcan cuanto antes. Aunque estas estrategias pueden funcionar a corto plazo, a largo plazo suelen mantener o incluso agravar el problema.

Por ejemplo, evitar situaciones que generan ansiedad puede aliviar el malestar momentáneamente, pero también limita la vida de la persona y refuerza la idea de que no es capaz de afrontarlas. En este caso, la terapia no busca simplemente eliminar las emociones desagradables, sino enseñar a la persona a actuar de otras maneras más flexibles, incluso en presencia de malestar.

Además, es importante recordar que el malestar forma parte de la vida. La incertidumbre, las pérdidas, los conflictos o las preocupaciones son experiencias humanas inevitables. Pretender eliminarlas por completo no es realista ni, en muchos casos, útil.

Psicóloga atendiendo a una persona en sesión de terapia, acompañamiento para aprender a convivir con ansiedad, tristeza u otras emociones difíciles.

Entonces, ¿la terapia implica pasarlo mal?

No necesariamente. La terapia no es un camino de sufrimiento constante, ni tendría sentido que lo fuera. Tampoco consiste en exponerse al malestar sin criterio o en revivir el dolor de forma innecesaria.

Atravesar el malestar implica algo más preciso: permitir que ciertas emociones incómodas estén presentes cuando tiene sentido hacerlo, mientras se avanza hacia lo que es importante para la persona. Es un proceso gradual, guiado y con un propósito claro.

Esto es importante, porque no siempre tiene sentido tolerar cualquier malestar. Por ejemplo, si me duele la cabeza, lo más adecuado puede ser tomar un analgésico. Del mismo modo, si una situación es injusta (por ejemplo, tu jefe te exige realizar horas extra sin pagártelas), no se trata de aceptar sin más ese malestar, sino de analizar la situación y actuar en consecuencia.

En cambio, puede tener sentido exponer un trabajo en público a pesar de la vergüenza si hacerlo es importante para la persona. En estos casos, el malestar no desaparece antes de actuar, sino que permanece presente mientras se actúa.

Por tanto, no se trata de aceptar el malestar siempre, sino de hacerlo cuando nos acerca a la vida que queremos construir.

Aprender a actuar, incluso con malestar

Un ejemplo puede ayudar a entenderlo mejor. Imagina a alguien que, tras varias experiencias de rechazo, empieza a evitar relacionarse con gente por miedo a volver a sentirse rechazado. Esta evitación reduce la ansiedad a corto plazo, pero también genera aislamiento y refuerza la inseguridad.

En terapia, esta persona podría trabajar en exponerse de forma progresiva a situaciones sociales. Durante ese proceso, la ansiedad no desaparece de inmediato, incluso puede intensificarse en algunos momentos. Sin embargo, al permanecer en la situación y actuar en coherencia con lo que le importa ─por ejemplo, el deseo de conocer a otras personas─, aprende que puede tolerar ese malestar y que no es necesario que desaparezca para poder avanzar.

Este cambio de perspectiva es clave: no se trata de esperar a estar bien para hacer cosas, sino de empezar a hacer cosas importantes aun cuando no nos sentimos del todo bien.

Personas reunidas en un parque, imagen sobre exposición gradual y habilidades sociales para relacionarse aunque haya ansiedad o miedo al rechazo.

¿Qué ocurre en sesión?

El papel del terapeuta es acompañar este proceso, ofreciendo un espacio seguro donde el malestar puede ser explorado sin juicio y con apoyo. El ritmo se adapta a cada persona, respetando sus tiempos, pero sin perder de vista el objetivo de avanzar.

En este contexto, es importante ajustar expectativas: no siempre se sale de una sesión sintiéndose mejor. Existe la idea de que la terapia debería generar alivio inmediato, pero en muchas ocasiones ocurre lo contrario. Hablar de experiencias difíciles, abordar aspectos que incomodan o enfrentarse a situaciones evitadas durante tiempo puede generar emociones desagradables.

Sentirse removido, incómodo o con dudas no significa que la terapia no esté funcionando. Al contrario, muchas veces es señal de que se están trabajando aspectos importantes para generar un cambio.

Recuperar la capacidad de elegir

Como hemos visto, atravesar el malestar no significa buscar el sufrimiento ni romantizarlo. El objetivo sigue siendo mejorar la calidad de vida de la persona, pero entendiendo que el camino no siempre es lineal ni cómodo.

Cuando evitamos sistemáticamente el malestar, este puede acabar dirigiendo nuestra vida: dejamos de elegir qué hacer en base a nuestros valores y empezamos a elegir en función de «no sentirnos mal». Esto puede llevar a una vida cada vez más limitada.

En cambio, cuando aprendemos a hacer espacio al malestar, este pierde parte de su influencia sobre nuestras decisiones. Recuperamos la capacidad de elegir cómo actuar, incluso en presencia de emociones difíciles.

En definitiva, la terapia no promete una eliminación inmediata del sufrimiento, pero sí ayuda a relacionarse con él de una manera más útil. Aprender a convivir con el malestar es una forma de recuperar la capacidad de actuar y construir una vida con sentido.

Señal con flechas en varias direcciones, símbolo de decisiones e incertidumbre y de seguir adelante pese al malestar.

Bibliografía:

Wilson, K. G., y Luciano, C. (2002). Terapia de aceptación y compromiso (ACT): Un tratamiento conductual orientado a los valores. Pirámide.

Craske, M. G., Treanor, M., Conway, C. C., Zbozinek, T., y Vervliet, B. (2014). Maximizing exposure therapy: An inhibitory learning approach. Behaviour Research and Therapy, 58, 10-23.

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