APLICACIONES DE CITAS DESDE UNA APROXIMACIÓN PSICOLÓGICA

Los Smartphone y las nuevas tecnologías han pasado a ocupar un lugar muy relevante en nuestras esferas vitales, modificándolas, a priori, con el objetivo de mejorarlas y/o facilitarlas. Tanto es así que dicha incursión ha llegado hasta el plano de las relaciones interpersonales e incluso amorosas, modificando la forma en que nos comunicamos con las personas de nuestro alrededor, pero también llegando a alterar incluso la forma en que iniciamos y creamos dichas relaciones.

 

Décadas atrás, conocer a una persona estaba asociado a eventos cotidianos tales como salir de fiesta, encuentros con conocidos o incluso el propio lugar de trabajo. Es decir, el radio de amplitud, en cierto modo, era limitado, reduciendo las posibilidades de elección. En la actualidad, el auge de las aplicaciones digitales se ha dirigido a salvar dicha limitación, surgiendo así las aplicaciones de citas online, como Tinder. En concreto, esta aplicación es usada en más de 190 países, con más de 20 billones de matches efectuados, 1,6 billones de perfiles vistos por día y un millón de citas por semana.

 

La presentación de los usuarios a través de estas plataformas consiste en un número limitado de materiales audiovisuales y una breve descripción. Unido a ello, la aplicación realiza un filtro en base a la edad, ubicación, distancia y orientación sexual de las personas.  Además, visualmente se presentan como un juego, donde los perfiles son mostrados en forma de baraja. Así, el usuario, con un movimiento hacia la derecha demuestra su interés en un perfil, mientras que, hacia la izquierda, lo descarta inmediatamente. Cuando dos personas han mostrado interés mutuo, se alcanza el tan deseado “match”, que supone la llave para iniciar una conversación. Conseguir algo tan deseado como una vinculación con otra persona solo dependerá de una única decisión y de resultar un producto atractivo.

 

 

Entonces, ¿es positivo o negativo hacer uso de estas aplicaciones? Como todo en psicología, la respuesta es: depende. Por ello, resulta interesante analizar ambas cuestiones en profundidad.

 

¿QUÉ BENEFICIOS APORTAN LAS APLICACIONES DE CITAS?

 

  • Facilidad: en la era de la sobreinformación, donde nuestras tareas y obligaciones superan en muchas ocasiones el tiempo dedicado al ocio o la relajación, la inmediatez y las facilidades son aspectos valiosos. Así, las aplicaciones de citas aportan como principales ventajas con respecto a los métodos más tradicionales su fácil uso al alcance de una descarga, gratuidad, accesibilidad, rapidez, flexibilidad, aumento de posibilidades tanto en número como en diversidad.

 

  • Afinidad: posibilitan, a priori, encontrar a personas afines ya sea por distancia o por gustos. Al existir una diversidad tan amplia de personas, es posible que nos resulte más sencillo encontrar a personas que tengan la misma motivación que nosotros al hacer uso de la app, en contra del mito de que estas aplicaciones se usan solo para mantener relaciones sexuales. Así, se consideran doce posibles motivaciones: 1) relación sentimental, 2) relación casual o sexual, 3) características de la aplicación, 4) buscar compatibilidad, 5) entretenimiento/diversión, 6) conocer gente, 7) amistades, 8) saberse atractivo, 9) tendencia, 10) necesidad/viajes, 11) curiosidad y 12) recomendación.

 

  • Confianza, seguridad y entrenamiento de habilidades sociales: facilitan los encuentros a aquellas personas que tiendan a ser más introvertidas, proporcionando un primer acercamiento virtual libre de tensiones o inseguridades gracias al anonimato que brinda internet. De este modo, tener control sobre la presentación que hacemos de nosotros parece darnos seguridad a la hora de conocer a otras personas. Siempre y cuando dicho uso no implique un fin, es decir, una evitación o sustitución de los encuentros presenciales. Pueden ser empleadas para perder el miedo progresivamente y entrenar nuestras habilidades relacionales cuando no exista un problema grave en éstas (ansiedad social, falta de habilidades sociales, etc.).

 

 

¿Y QUÉ RIESGOS IMPLICAN?

 

La sociología apunta a que las parejas tienden a ser un reflejo de la sociedad coetánea, de modo que las relaciones y la forma de vincularse va modificándose con el paso del tiempo. Si consideramos que nuestra sociedad actual prioriza la individualidad, la satisfacción, la inmediatez, vive el desarraigo afectivo como un logro y la implicación emocional como dependencia, resulta coherente pensar que, en el establecimiento de vínculos afectivos, se produzca una flexibilización del compromiso en pro de inmediatez, individualidad o gratificación instantánea. Bauman (2006) llamó a este fenómeno “relaciones líquidas”.

 

La digitalización de nuestra era se constituye como herramienta que pone a nuestra disposición dicho producto, configurándose así un amor más individualista que busca una satisfacción inmediata sin la necesidad de que exista una gran implicación emocional ni los costos que de ésta se pudieran derivar. Dicho de otro modo, estas aplicaciones tienden a dirigirnos hacia un amor de consumo rápido o de usar y tirar, generándose así una excesiva necesidad de interconectarse e intercambiar. Por tanto, aunque parezca que existen más intercambios, esto no quiere decir que sean siempre relaciones asociadas a una implicación emocional, si no que tienden a ser frágiles y fugaces.

 

 

  • Enganche e incertidumbre: Uno de los principales riesgos recae en el propio funcionamiento de la app. La forma en la que se nos muestran los perfiles, mostrando primero los más atractivos y afines a nosotros, fomenta su uso compulsivo. Por otro lado, estas apps nos prometen una recompensa que está asociada a la incertidumbre y espera de que una persona que te haya gustado tenga una acción recíproca. La neurociencia ha determinado que nuestro cerebro, al recibir una gratificación genera dopamina y aprende de ello. A raíz de ello, dicha descarga dopaminérgica es mayor aún al predecir y esperar dicha recompensa que cuando finalmente aparece. Esto es precisamente lo que sucede ante juegos de azar como las máquinas tragaperras, la sensación de tener el control, pero no saber si llegará el premio y cuándo llegará produce excitación y mantiene la conducta, tal y como sucede con estas aplicaciones, de modo que cuando llega la notificación de match se acaba experimentando esa subida dopaminérgica. El problema surge cuando nos habituamos a ello y cada vez necesitamos una dosis mayor, produciendo un enganche y potenciando las relaciones de usar y tirar.

 

  • Insatisfacción permanente: Esto fue lo que el psicólogo Barry Schwartz denominó “paradoja de la elección”, según lo cual se da una tendencia en la que, a mayor número de alternativas, menor satisfacción experimentada y mayor dificultad para tomar una decisión, tal y como nos sucede a muchos al pasar horas eligiendo qué serie o película ver en una plataforma. Esta paradoja, a su vez, alimenta la adicción ante la emoción de las primeras conversaciones y citas. Puesto que desconocemos si el próximo match será con un perfil ideal y confiamos en que así sea, se potencia el uso compulsivo de la app. Así, puede que acabemos usando la aplicación como trampolín entre relaciones superficiales más que para implicarnos a nivel emocional (y, por tanto, con responsabilidad afectiva) con una persona.

 

  • Frustración: si bien es cierto que sin estas aplicaciones quizás tendríamos menos encuentros, también lo es que experimentaríamos menos decepciones. Cuántos más perfiles encontremos, más nos exponemos a situaciones de rechazo, no correspondencia o falta de éxito en lo sentimental. Esto puede asociarse a una sensación de excesiva frustración que sustente creencias irracionales como «nunca voy a encontrar a nadie», «todos/as son iguales», «nadie merece la pena», «nunca sale bien», etc. De este modo, corremos el riesgo de que el uso de estas aplicaciones tenga un impacto en nuestra salud mental y, más concretamente, en nuestra autoestima.

 

  • Ghosting: teniendo en cuenta el funcionamiento de la app y, como hemos referido previamente, las conexiones que se establecen son más superficiales, abundantes e impersonales. Por ello, resulta más fácil abandonarlas sin responsabilizarse de ellas. Igualmente, al no tener un entorno social común y en muchas ocasiones no visibilizarse la conexión, supone menor coste para la reputación social dejar de hablar repentinamente con una persona.

 

  • Perfiles “falsos”: más allá del empleo de imágenes que no corresponden realmente con la persona que crea el usuario, un riesgo de los más conocidos en Internet, también existe el riesgo de que el perfil no se adecúe a la presentación real del usuario. Así, Ranzini, Lutz y Gouderjaan (2016) determinaron que las personas tienden a presentar un yo real (que será más ajustado cuanto mayor autoconocimiento exista) y un yo correcto o socialmente deseable. Además, observaron que las mujeres hacen uso de una presentación ideal en mayor medida que los hombres, probablemente al estar su género asociado a mayores presiones sociales (asociado al deseo de ser el producto más codiciado dentro del catálogo de cuerpos) y, además, encontrando que, cuando mejor es la autoestima, menor necesidad de recurrir a presentaciones poco verídicas. Este hecho también nos expone en mayor proporción a un conflicto entre nuestras expectativas y el contacto personal (por ejemplo, una persona puede parecernos educada en una foto, pero mostrar un comportamiento irrespetuoso en un restaurante en una primera cita).

 

 

  • Falso autoconocimiento y aumento dependiente de la autoestima: el uso de estas aplicaciones puede verse motivado por el deseo de aumentar nuestra autoestima, hacernos sentir válidos o aprobados socialmente. Por ello, podría ser usada con personas con baja autoestima para sentirse mejor. Igualmente, podría suponer un impacto en ésta cuando el feedback recibido no fuera el esperado.

 

¿CÓMO HACER UN USO SALUDABLE?

 

  • Entender su uso como un medio y no como un fin: dado el enganche que producen, resulta fundamental que la motivación principal sea conocer a personas e implicarse en ello más que el mero uso compulsivo de la aplicación. Es decir, hemos de entenderlas como un medio que facilita conocer a más personas, no que solo por el hecho de instalarla, podamos conseguir rápidamente una pareja perfecta. Asimismo, es importante entender que no es la única herramienta y que las situaciones tradicionales siguen a nuestra disposición. De este modo, ajustaremos nuestras expectativas, de modo que la imagen global del otro sea la unión de su yo virtual y su yo real, y no solo la imagen derivada de la aplicación.

 

  • No generalizar ni extraer conclusiones personales: sabiendo que, al usarlas, nos exponemos más al rechazo, es importante entender esto como una cuestión probabilística más que como una explicación a nivel individual. Es decir, si de cada diez encuentros, solo uno o ninguno sale bien, esto no quiere decir que seamos menos válidos. Así, imagínenos que pasaría si saliéramos a la calle y seleccionásemos diez personas de entre un rango de edad, solo por su primera apariencia y por su cercanía en ese momento, lo más probable es que sean pocas o ninguna quienes encajen con lo que buscamos.

 

  • Saber cuándo usarlas, qué buscas y cuáles son tus necesidades: si estamos en un momento vulnerable donde nos sentimos inseguros o hay problemas en nuestra autoestima, hacer uso de estas plataformas podría empeorar la situación. Asimismo, hacer un uso de ellas que busque más evitar la soledad que implicarse en conocer a alguien, podría llegar a agravar dicha soledad. Igualmente, si tenemos problemas a la hora de entablar relaciones el uso de estas aplicaciones no lo resuelve. Por ello, es importante que, antes de descargarlas, podamos tomarnos un momento para clarificar qué buscamos y para qué lo buscamos.

 

  • Comunicación y honestidad: si bien, esto depende de las dos partes es importante que esté garantizada. Así, es importante reflejar a la otra persona qué es lo que buscamos en la aplicación y cómo evoluciona nuestra conexión con ella, de modo que sea capaz de decidir si avanzar o interrumpir el contacto.

 

  • Poner el foco en personas seleccionadas y filtrar: como forma de esquivar la paradoja de elección, si tenemos una serie de criterios y nos ajustamos a ello, se facilitarán nuestras decisiones y aparecerá una menor frustración.

 

  • Autoconocimiento: con un doble objetivo, saber qué buscamos y presentarnos de la forma más real y ajustada posible, lo cual mitigará desencuentros y permitirá el ajuste de expectativas de los demás usuarios.

 

  • Responsabilizarse afectivamente: los contactos que establecemos a través de estas aplicaciones no dejan de ser vínculos (cualquiera que sea el tipo) de los que hemos de responsabilizarnos. Por ello, si tenemos en cuenta nuestros valores y seguimos estas pautas, el uso de estas aplicaciones puede llevarnos a generar conexiones sanas y satisfactorias.

 

  • Seguridad: ante todo, no podemos olvidar que desconocemos quiénes se encuentran al otro lado de la pantalla. Por ello, resulta fundamental no facilitar información sensible y personal en un primer contacto, así como mantener los encuentros en lugares públicos y accesibles.

 

Bibliografía

Alvídrez, S., y  Rojas-Solís, J. L. (2017). Los amantes en la época del smartphone: aspectos comunicativos y psicológicos relativos al inicio y mantenimiento de la relación romántica. Global Media Journal México14(27), 1–18.

Bauman, Z. (2006). Vida líquida [Liquid life]. Barcelona: Paidös.

Ranzini, G., Lutz, C., y Gouderjaan, M. (2016). Swipe right: An exploration of self-presentation and impression management on Tinder. International Communication Association (ICA).

Schwartz, B. (2004). The paradox of choice: Why more is less. New York.

 

 

Tamara García Dotor – Psicóloga colaboradora de Dana Centro de Psicología