VIOLENCIA OBSTÉTRICA: CUANDO EL PARTO DUELE MÁS ALLÁ DEL CUERPO

La violencia obstétrica es una forma de violencia de género que ocurre en un momento profundamente vulnerable: el embarazo, el parto y el postparto por parte de profesionales de la salud. Se manifiesta en el trato deshumanizado, la negación de información, la infantilización, el abuso de poder médico y la falta de respeto hacia el cuerpo y las decisiones de las mujeres.

Puede expresarse de muchas maneras, algunas muy evidentes y otras más sutiles, pero igual de dañinas:

  • No escuchar o ignorar lo que la mujer expresa sobre su dolor, sus emociones o su deseo de cómo parir.
  • Realizar tactos vaginales sin explicar previamente ni pedir consentimiento.
  • Hacer comentarios hirientes como “no grites que no estás sola”, “así no te quejabas cuando lo hiciste”, “si querías un parto natural, haber parido en casa”.
  • Decidir por la mujer sin consultarla, por ejemplo, en cuanto a la posición para parir o sobre la administración de medicamentos.
  • Separar al bebé de su madre sin justificación médica o impedir el contacto piel con piel.
  • Utilizar el cuerpo de la mujer para enseñar a estudiantes sin su permiso.
  • Apurar el parto o realizar intervenciones sin necesidad (cesáreas innecesarias, episiotomías rutinarias, oxitocina para acelerar sin información ni consentimiento).

«¿Esto que me pasó… fue normal?»

Muchas mujeres se hacen esta pregunta tras el parto, especialmente cuando su experiencia es minimizada o negada por el entorno. Es común escuchar frases como “lo importante es que el bebé está bien”, “todas pasamos por eso” o “eso no es violencia, es lo que se hace siempre”.

Pero que sea frecuente no lo hace normal, ni mucho menos aceptable.

Tu experiencia, tus emociones y tus recuerdos son válidos. Lo que viviste merece ser nombrado. La violencia obstétrica puede dejar secuelas que no se ven a simple vista, pero que afectan profundamente:

  • Miedo intenso o rechazo a un nuevo embarazo.
  • Sentimientos de culpa, vergüenza o de haber “fallado como madre”.
  • Pérdida de confianza en el sistema sanitario.
  • Baja autoestima y pérdida de confianza en el propio cuerpo.
  • Desconexión emocional con el bebé o dificultad para establecer el vínculo.
  • Bajo estado de ánimo, incluyendo depresión posparto.

Lo más preocupante es que muchas veces estas secuelas no son reconocidas ni por el entorno ni por los profesionales, lo que lleva a una revictimización. Se etiqueta a la mujer como “demasiado sensible”, “ingrata” o “negativa”, lo que refuerza su aislamiento emocional y su sensación de no ser comprendida. Se patologizan las consecuencias sin atender a las causas.

Rompiendo mitos que sostienen el silencio

  1. “No fue violencia, solo hacían su trabajo.”

→ El trabajo sanitario debe hacerse desde el respeto, no desde la imposición.

  • “Si fue por tu bien o el del bebé, entonces no cuenta.”

→ El bienestar no se garantiza anulando a la persona. Las intervenciones deben ser informadas y consensuadas siempre que sea posible.

  • “A todas nos ha pasado, no es para tanto.”

→ Lo frecuente no es sinónimo de lo justo. Lo que duele merece ser atendido, aunque les ocurra a muchas.

  • “Ya pasó, céntrate en tu hijo.”

→ Cuidarte a ti también es cuidar de tu hijo. Tu salud emocional importa.

Hacia una cultura del parto respetado

El parto respetado no es una moda ni un capricho: es un derecho humano. Implica reconocer a la persona gestante como protagonista de su proceso, capaz de tomar decisiones informadas y de ser acompañada con respeto y dignidad.

Muchas mujeres han vivido partos en los que se sintieron solas, ignoradas o incluso agredidas. Algunas lo compartieron y fueron silenciadas. Otras ni siquiera supieron cómo ponerle palabras a lo que les pasó.

Para que esta violencia desaparezca es necesario desmontar creencias arraigadas, revisar prácticas naturalizadas y dar lugar a nuevas narrativas donde el cuerpo, la emoción, el deseo y la salud de la mujer sean el centro. Requiere escuchar las voces silenciadas y generar redes de apoyo que fortalezcan el bienestar psicológico durante la maternidad. Por lo que, también, es necesario replantearse los discursos sociales, las creencias familiares y cómo entendemos la maternidad. Solo así podremos construir espacios seguros para las mujeres y sus bebés.

Para terminar…

Si al leer este blog sospechas que has sufrido este tipo de violencia durante tu proceso de maternidad, puedes pedir ayuda en Dana Psicología para que te acompañemos durante tu proceso terapéutico.

Referencias

Rodríguez Mir, J. y Martínez Gandolfi, A. (2021). La violencia obstétrica: una práctica invisibilizada en la atención médica en España. Gaceta Sanitaria, 35(3), 211-212. https://dx.doi.org/10.1016/j.gaceta.2020.06.019

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