La utilidad del control
El control es una estrategia útil en muchas ocasiones, de hecho, funciona muy bien con problemas externos, por ejemplo si tengo que llamar al técnico para arreglar la caldera. Sin embargo, cuando estamos demasiado pendientes, todo nos parece un problema a resolver. Por eso, tendemos a pensar que funcionará de la misma manera con nuestros pensamientos y emociones. De hecho, a veces funciona también en este ámbito, pero solo a corto plazo. Por ejemplo, si empiezo a tener un montón de pensamientos negativos, puedo buscar distraerme todo el rato con actividades. En el momento, me sentiré mejor porque “no pensaré en ello”. El problema es que esos pensamientos volverán a aparecer cuando pare, volviendo a generarme malestar.
Cuando somos pequeños, se nos dice que podemos controlar lo que pensamos y lo que sentimos: “no llores, no pasa nada”, “no hay nada que temer”, “no pienses en eso, es una tontería”. Incluso parecía que los adultos sí podían hacerlo, por lo que empezamos a hacerlo nosotros también. Aunque, realmente, esto no significa que aprendiéramos a controlarlos, si no que aprendimos a mantenerlos ocultos. De hecho, la mayoría de veces no tenemos ni idea de los pensamientos y emociones de los demás, ya que, incluso las personas aparentemente más confiadas pueden tener infinidad de miedos.

Tendemos a pensar y a orientar nuestra vida en buscar la “felicidad” y el “bienestar”, entendiéndolo como la ausencia de malestar. Entonces, ponemos todos nuestros esfuerzos en intentar controlarlo, pero, aun así, seguimos sintiéndolo y terminamos teniendo una vida insatisfactoria. ¿Qué pasaría si tener una vida satisfactoria supusiera renunciar a tener el control de los pensamientos y las emociones? Para ilustrar esto, tenemos la siguiente metáfora:
Metáfora “La lucha con el monstruo” (Hayes et al. 1999)
Imagina tu problema actual (ansiedad, preocupación, recuerdos, culpabilidad, pensamientos negativos…). Ese problema se parece a una persona que estuviese unida a un monstruo por una cuerda y con un foso entre ambos. Mientras el monstruo está tranquilo, dormido, tumbado, podemos verlo, pero en cuanto despierta se hace insoportable, insufrible, y tiramos de la cuerda para conseguir tirar al monstruo al foso. A veces parece que se calma al tirar de la cuerda, como si se diera por vencido, pero lo que ocurre a la larga es que cuanto más tiramos, más próximos estamos al filo del foso y, por el contrario, más grande, fuerte y amenazante está haciéndose el monstruo. Así la situación es que tienes que estar pendiente constantemente de si el monstruo se levanta para tirar de la cuerda, y además, cuando tú tiras el monstruo también lo hace, lo que a veces lleva a que estés al borde del abismo. Y mientras, tu vida se limita a estar pendiente de la cuerda. Te gustaría no estar atado al monstruo, pero eso no es algo que pueda cambiarse, de manera que te planteas qué puedes hacer basado en tu experiencia. Una posibilidad para hacer tu vida es soltar la cuerda y ver al monstruo. Otra que tu vida se limite a estar pendiente de la cuerda.
La solución: Estar dispuesto
La regla que más se aplica a los eventos internos es “si no estás dispuesto a tenerlo, lo tendrás”. Seguro que entonces estarás pensando que si estás dispuesto a sentir malestar, este disminuirá o desaparecerá. Pero eso no funcionará ya que realmente sigues sin querer sentir ese malestar. Incluso aunque tu mente no pueda aprender a estar dispuesta y aceptar, tú sí que puedes hacerlo.
De modo que, estar dispuesto significa observar y percibir estos eventos sin intentar analizarlos ni resolverlos, igual que observaríamos el paisaje a través de la ventana de un autobús. Significa que somos lo bastante amplios como para contener todas nuestras vivencias.
Entonces… ¿En qué emplearías tu tiempo si, en vez de estar luchando contra tus emociones o pensamientos, simplemente convivieras con ellos?

Una alegría, una depresión, una mezquindad,
una idea momentánea, surgen como visitantes inesperados.
Dales la bienvenida y recíbelos a todos.
Jelaluddin Rumi, traducción de Coleman Barks (1997)
Bibliografía:
Hayes, S. C. (2013). Sal de tu mente, entra en tu vida. La nueva terapia de aceptación y compromiso. Nevada: Desclée De Brouwer.
Wilson, K. G., Hayes, S. C., & Strosahl, K. (2014b). Terapia de aceptación y compromiso proceso y práctica del cambio consciente (mindfulness). Nevada: Desclée De Brouwer.
Wilson, K. G., & Luciano Soriano, M. C. (2002). Terapia de aceptación y compromiso (ACT): Un tratamiento conductual orientado a los valores. Madrid: Pirámide.
Marta Alonso Gil – Psicóloga Sanitaria Colaboradora de Dana Centro de Psicología