Cuando hablamos de autismo, es fácil encontrar en comentarios en internet, en opiniones de familiares o incluso en artículos científicos, que estas neurodivergencias son “trastornos mentales”, “enfermedades graves” o “funcionamiento anormal” del cerebro. Sin embargo, esta manera de referirnos a las neurodivergencias resulta imprecisa y es estigmatizante. Considerarlo como enfermedades parte de una visión del autismo desde el déficit: si es patológico, pensamos necesariamente en que tendría que existir una cura. Pero las neurodivergencias no la tienen y buscarlo expone a las personas autistas al riesgo de caer en pseudociencias o en procedimientos médicos o psicológicos que pueden resultar incluso dañinos. En definitiva, al hablar de “trastorno del espectro autista”, nos centramos en las cosas “que no funcionan normal”, en los déficits, pero tampoco concretamos en qué consiste, cómo procesa la realidad una persona neurodivergente y qué podemos hacer para fomentar su adaptación en la sociedad.

Sin embargo, en los últimos años ha surgido una nueva mirada, que es anticapacitista, neuroafirmativa y centrada en la funcionalidad real de las personas neurodivergentes. El enfoque neuroafirmativo es una perspectiva que reconoce y valora estas neurodivergencias como una condición y variación natural de la experiencia humana, alejándose de la visión patologizante. El autismo, TDAH o altas capacidades no son enfermedades, ni indicativo de un proceso defectuoso. Son maneras de funcionamiento, habilidades motoras o cogniciones diferentes. Por tanto, es importante afirmar y valorar estas diferencias neurológicas, en lugar de verlas como déficits. Desde este enfoque, la discapacidad no reside únicamente en las características del individuo, sino también en los obstáculos sociales que impiden la plena participación de la persona. Desde esta mirada, es posible garantizar los derechos, la dignidad y el bienestar de las personas neurodivergentes.
Las neurodivergencias se caracterizan por un procesamiento de información diferente. En el autismo, por ejemplo, la atención se centra en unos pocos estímulos que acaban por absorber todos los recursos. Es decir, el estímulo informativo relevante y el ruido que lo acompaña (información que puede no resultar útil) provocan una señal de la misma intensidad, lo que supone un alto grado de saturación para la persona. Por ejemplo, donde una persona neurotípica identifica un árbol en un bosque de una mirada rápida, una persona autista se centra en la luz, la rugosidad de la corteza, las hojas… La mirada autista parte de detalles para construir conceptos, lo que supone un procesamiento más lento y costoso que el de una persona neurotípica. Esto está detrás de algunas características del procesamiento autista, como la atención al detalle, el pensamiento lógico, intereses especiales o sensibilidad sensorial. No es problemático por sí mismo, pero sí genera dificultades para adaptarse a una sociedad neurotípica que no reconoce y no está preparada para adaptarse a este funcionamiento.

Es importante tener en cuenta que las neurodivergencias existen entre nosotros desde siempre, incluso desde antes de que pudiéramos diagnosticarlas y etiquetarlas, lo único que ha cambiado es la manera que tiene la sociedad de conceptualizarlas y acercarse a ellas. Ahora las personas neurodivergentes cuentan con más visibilidad, gracias a las redes sociales y medios de comunicación, y esto es algo extremadamente positivo. Permite acercarnos a las personas que antes habían estado marginalizadas, con dificultades de adaptación y sin entender las razones por las que se encontraban así. Ahora, muchos niños, adolescentes y adultos pueden recibir un diagnóstico adecuado. Sin embargo, aunque las cosas funcionan mejor, todavía queda mucho camino por delante. Por ejemplo, gracias a haber comprendido y eliminado las diferencias de género de las pruebas de evaluación del autismo, las mujeres autistas están siendo cada vez más diagnosticadas, reduciendo el infradiagnóstico que había estado siendo la norma en las mujeres. Sin embargo, todavía queda mucho trabajo para las personas racializadas, migrantes o de bajos recursos económicos para poder acceder a apoyo, un diagnóstico y una terapia respetuosa. Poco a poco, podemos ir adaptando la sociedad a lo que las personas neurodivergentes necesitan, con una mayor sensibilidad derivada de un mayor conocimiento de las neurodivergencias.
El enfoque neuroafirmativo reconoce el valor de la diversidad y favorece la autoaceptación y el bienestar al reducir la presión para encajar en estándares neurotípicos. Queremos que las personas neurodivergentes puedan defender sus derechos y crear comunidad, favoreciendo su autonomía y reduciendo el estigma y la discriminación que incluso hoy en día muchas sufren. Implementar esta mirada supone escuchar activamente a las personas autistas y respetar sus vivencias. Es decir, comprender las neurodivergencias desde esta mirada ayuda a generar un contexto más adaptado, porque se entendería que la persona autista le costase mirar a los ojos y no se les exigiría eso para una socialización exitosa. No buscamos que las personas autistas se parezcan a un “funcionamiento normativo”, sino que desarrollen habilidades para su propio bienestar, autonomía y participación social. Desde una terapia psicológica con este enfoque buscamos que las personas neurodivergentes aprendan a gestionar rutinas, desarrollar relaciones positivas, construir habilidades para autorregularse, defender sus derechos y tomar decisiones.
LECTURAS RECOMENDADAS Y REFERENCIAS
Aostri, E., La revolución neurodivergente: del manicomio a la academia. Yonki Books, 2025.
González, J., Así que era eso: soy neurodivergente: Todo sobre Autismo, Altas Capacidades y (T)DAH. Molino, 2026.
Página web: mujeresyautismo.com / autiblog.es
Laura Casado Flores – Psicóloga Colaboradora de Dana Centro de Psicología