DUELO EN EL ÁMBITO ESCOLAR

Para continuar con el trabajo de comunicación de fallecimiento en menores comenzado por nuestra compañera Nerea, y que puedes revisar aquí, en esta entrada nos vamos a centrar en el proceso del duelo en el ambiente escolar.

Los menores en la actualidad pasan una gran parte de su día en el colegio o instituto, por ello es muy relevante que, desde el ámbito escolar se trabaje con los estudiantes después de haber sufrido un fallecimiento.

El centro educativo, es uno de los principales lugares donde los niños van a poner de manifiesto su proceso de duelo, y dónde, se podrá apoyar y acompañar al niño a lo largo de las diferentes fases.

Por esta razón, tras un fallecimiento de alguien cercano en la vida del menor, el centro debe conocer diferentes aspectos:

  • Quién es la persona que ha fallecido y su vínculo con el menor.
  • Cómo y dónde ha ocurrido el fallecimiento.
  • Qué conocimiento tenía el menor sobre ello.
  • De qué se ha informado al niño con respecto a la muerte.
  • Cuáles son los recursos que maneja la familia, en caso de necesitar recurrir a ellos (psicólogo, medicación…)

Vamos a centrarnos en los principales comportamientos, que los niños pueden demostrar a lo largo de su proceso de duelo, y que inciden directamente en el ámbito escolar, para que tanto padres como profesores puedan estar más atentos, sensibilizados y buscar ayuda si fuera necesario.

  • Problemas de enfado y agresividad: Igual que los adultos, los niños ante una perdida se sienten enfadaos con el mundo que les rodea en general. También este enfado, puede venir derivado de los cambios en las rutinas y en su día a día, lo que puede llevar incluso a que peguen a sus compañeros. Aunque entendamos de dónde procede esa frustración, se debe instar a buscar otras soluciones para el manejo emocional.
  • Problemas con las habilidades sociales y aislamiento: Los menores pueden sentirse diferentes de resto, cuando ha experimentado una perdida, por lo que pueden preferir quedarse solos a integrarse en los juegos grupales. Los adultos, debemos ayudar a reconducirles respetando sus tiempos, para que poco a poco vuelvan a integrarse. Este aislamiento del grupo social puede ser más agudo en la adolescencia y preadolescencia.
  • Ansiedad ante la separación: Ante una muerte, los niños pueden sentirse desprotegidos y temer que esta, se repita entre sus figuras de referencia, lo que hará que les sea difícil alejarse de sus figuras de apego. Esta ansiedad la observaremos, sobre todo, si presentan miedo a quedarse solos, si hacen preguntas sobre el bienestar de sus progenitores, así como si preguntan mucho a los profesores para estar cerca de ellos.
  • Dificultades en la atención, concentración y problemas de memoria: Esto suele ocurrir en niños a partir de los siete años, procesar un duelo es algo muy complejo y que requiere mucha energía y atención, que al estar puesta en procesos internos no se dedica a prestar atención en clase, o en las tareas cotidianas. Podemos ayudarles dividiendo las tareas en objetivos más cortos, ayudándoles y recordándoles que deben apuntar la tarea y exámenes, revisando si lo hace.
  • Somatizaciones: A lo largo de los días pueden tener distintas quejas de malestar físico, dolores de cabeza, de tripa, dificultades para respirar… los niños sienten malestar por lo que ha ocurrido, pero no tienen una causa médica. Pueden tener miedo de que les ocurra lo que le pasaba a la persona que ha fallecido, los adolescentes en concreto pueden volverse un poco más hipocondriacos.
  • Aumento de ansiedad y miedo: El fallecimiento de un familiar hace que los niños estén más nerviosos y angustiados, con miedo a que algo similar vuelva a ocurrir, lo que hace que puedan presentar conductas de comprobación continuas. Así mismo, les puede generar ansiedad y malestar lo que sus compañeros puedan pensar de ellos, por haber faltado o porque reciban algo más de atención, así como si los ven llorar o se tienen que ir de clase, es importante que normalicemos y tranquilicemos a los menores con la naturalidad de lo que está ocurriendo.
  • Llanto y tristeza: Al igual que los adultos tendrán días dónde lloren más o tengan muchos sentimientos de tristeza, es importante darles espacio para expresarlos y no castigarlos, diciéndoles que paren o que la persona fallecida no querría que estuvieran así.
  • Disminución del rendimiento académico: Esta es una consecuencia de lo anteriormente hablado, es importante explicarles a los niños lo que les ocurre y normalizarlo ya que si no pueden sentirse muy frustrados.

En conclusión, es muy importante que la comunicación entre el centro y las familias sea constante a lo largo de este proceso y no solo al inicio, ya que, de esa forma podremos acompañar mejor al menor e identificar todas las necesidades que pueda tener.

“Nadie me dijo jamás que el duelo se siente como el miedo”

C.S. Lewis

Ana Belén Somolinos – Psicóloga Sanitaria Colaboradora de Dana Centro de Psicología