6 DIFERENCIAS ENTRE HOMBRES Y MUJERES

Las diferencias que existen entre hombres y mujeres es un tema muy controvertido que puede llevar horas y horas de discusión en cualquier contexto. Pues bien, en este artículo queremos aclarar algunas diferencias entre ambos sexos que están demostradas científicamente. Así, no podremos quedarnos con aquello de que hombres y mujeres somos de distintos planetas.

mujer-hombre-300x2221. ¿HACER VARIAS COSAS A LA VEZ?

“Las mujeres son capaces de hacer varias cosas a la vez”, este es un comentario que se escucha muy a menudo, pero ¿es así?

Este hecho tiene una posible explicación científica y es que las mujeres tienen un mayor número de conexiones neuronales entre ambos hemisferios y en los hombres abundan las conexiones neuronales en la parte frontal del cerebro y cerebelo.

El resultado de esta diferencia en las conexiones es que las mujeres tienen una memoria superior, más habilidades sociales y capacidad para realizar tareas múltiples. Por el contrario, los hombres aprenden de manera más eficaz y productiva una única tarea.

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2. MAYOR TENDENCIA A LA ANSIEDAD Y LA DEPRESIÓN

En consulta, vemos un mayor número de mujeres aquejadas de ansiedad y bajo estado de ánimo.

Investigaciones apuntan a que las mujeres son más propensas que los hombres a sufrir episodios de ansiedad o depresión debido a las variaciones hormonales que experimentan a lo largo de su vida. Además, al ser más emocionales, tienden a preocuparse más que los hombres, lo que puede derivar en efectos no deseados como las problemáticas que nos ocupan.

3. DIFERENTES ESTRUCTURAS CEREBRALES

Se ha demostrado que, hasta la octava semana, el feto tiene circuitos cerebrales de tipo femenino (Louann Brizendine). A partir de esta semana, los circuitos cerebrales de los hombres pasan a ser masculinos y se producen diferencias en el tamaño de algunas zonas cerebrales en ambos sexos.

Las partes del lóbulo frontal involucradas en la toma de decisiones y la resolución de problemas, es más grande en las mujeres, al igual que el área que regula las emociones. Por esto, las mujeres suelen ser más resolutivas, empáticas y poseen mayor habilidad de escucha activa.

Por otro lado, en los hombres las áreas con mayor extensión son el cortex parietal, encargado de procesar las señales que envían los sentidos y la percepción del espacio y la región de la amígdala que controla las emociones y el impulso sexual. Por tanto, los hombres generalmente se caracterizan por una mayor activación sexual y agresividad, además de tener una mejor orientación visoespacial.

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4. DESEO Y RESPUESTA SEXUAL

En el hombre no hay variaciones cíclicas hormonales, por lo que su deseo sexual es habitualmente constante. En cambio, en la mujer los distintos niveles de progesterona influyen en el deseo sexual.

Por otro lado, la respuesta sexual en hombres y mujeres es distinta. Según Masters & Johnson, la respuesta sexual se divide en cuatro etapas bien diferenciadas (fase de excitación, meseta, orgasmo y resolución).

En el caso de las mujeres, la etapa de excitación suele ser más lenta y gradual que en los hombres. Por otro lado, las mujeres pueden tener orgasmos múltiples, a diferencia de los hombres que presentan un periodo refractario que les impide recuperar la respuesta sexual hasta pasado cierto tiempo.

respuesta sexual5. COMPARTIR SENTIMIENTOS

Es algo común escuchar quejas acerca de que los hombres no muestran sus emociones o no comparten sus sentimientos.

En un estudio realizado por Amanda J. Rose, profesora de ciencias psicológicas en la Universidad de Missouri, se confirma que los hombres, ya desde niños, no tienden a expresar sus sentimientos por miedo a resultar vulnerables o sentirse inseguros. Aquí, como podemos intuir, es tremendamente importante el papel de la cultura en la que los hombres han de ser el sexo fuerte y no mostrar debilidad alguna.

En el estudio, realizado con 2.000 niños y adolescentes, llegaron a la conclusión de que los niños no consideraban útil hablar sobre sus problemas o compartir sus sentimientos, mientras que las niñas lo veían como algo positivo.

6. DIFERENTES JUEGOS Y DIFERENTES GUSTOS

El papel que juega la educación y la cultura es clave en el marcado gusto de las niñas por juegos más tranquilos como las casitas o las muñecas y de los niños por una mayor actividad como el fútbol o los videojuegos. En la actualidad, esta situación está cambiando y se tiende a educar a niños y niñas en la igualdad, no encontrándose diferencias tan marcadas como hace unos años.

Los niños y niñas que han sido educados con roles de género, tienen gustos y preferencias significativamente diferentes en la edad adulta y el rol que asumen dentro de la pareja y la familia también está marcado por la educación recibida.

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Con este artículo podemos ver que, efectivamente, existen diferencias considerables entre hombres y mujeres que no deben alejarnos, sino que deben ayudarnos a comprendernos y acercarnos más.

También queda muy claro el papel de la educación y la cultura en la mayoría de las diferencias, lo que nos invita a reflexionar sobre la educación en referencia al género que queremos dar a nuestros hijos, ya que es algo que resultará determinante a lo largo de toda su vida.

8 CLAVES PARA REDUCIR EL ESTRÉS

En la actualidad, tenemos un ritmo de vida muy exigente que, en muchas ocasiones, nos lleva a sufrir un estrés que no sabemos cómo manejar. El objetivo de este artículo es que se conozca qué es y cómo funciona el estrés y, por supuesto, se proporcionan pautas para saber afrontarlo.

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¿Qué es el estrés?

El estrés es una respuesta automática de cara a la supervivencia en situaciones de riesgo o tensión. Ante un peligro, el cuerpo se pone en marcha liberando una gran cantidad de energía. Cuando el peligro no compromete nuestra supervivencia, no se le da salida muscular y pasa a acumularse en forma de tensión.

En nuestros días, abundan las consultas por estrés laboral o personal. Las jornadas de trabajo muy intensas, el compaginar trabajo y familia o cualquier otro evento que suponga una gran cantidad de carga o exigencia, nos lleva a una situación de malestar y agotamiento que, la mayoría de las veces, no sabemos cómo abordar. Según la Universidad de Harvard en Boston, entre el 60% y el 90% de las consultas a médicos generales en Occidente, tiene una clara relación con el estrés.

Cabe destacar, que no siempre el estrés es dañino. Hay dos tipos de estrés:

·        Eustrés o estrés positivo: grado determinado de estrés que estimula el organismo y nos permite alcanzar nuestros objetivos, volviendo a la normalidad cuando la demanda finaliza. Este tipo de estrés mejora la capacidad de aprender y memorizar y aumenta la concentración. En este caso, la reacción del organismo es suficiente para cubrir una determinada demanda.

·        Distrés o estrés negativo: desequilibrio entre la demanda y la capacidad de respuesta del individuo bajo condiciones en las que el fracaso ante la demanda posee importantes consecuencias percibidas (Mc Grath, 1970). Este tipo de estrés es perjudicial para nuestra salud y nos resta eficacia.

Fases del estrés

El fisiólogo y médico austrohúngaro Hans Selye describió tres fases en la respuesta de estrés denominando al conjunto de síntomas Síndrome de Adaptación General. Las fases son las siguientes:

1. Fase de alarma: Ante la percepción de una posible situación de estrés, el organismo se prepara para responder de forma fisiológica (sudoración, pupilas dilatadas, sequedad de boca, tensión muscular, etc) y psicológica (aumenta la capacidad de atención y concentración) que lo predisponen para enfrentarse a la situación estresante. Esta es una fase de corta duración y no es perjudicial, siempre que el organismo disponga de tiempo para recuperarse.

2. Fase de resistencia: Surge cuando el organismo no tiene tiempo para recuperarse y continúa reaccionando para hacer frente a la situación, con la finalidad de adaptarse a la condición estresante. El coste de este mantenimiento de activación puede ser: disminución de la resistencia general del organismo, disminución del rendimiento de la persona o menor tolerancia a la frustración.

3. Fase de agotamiento: Debido a que la energía de adaptación es limitada, si la fase de resistencia fracasa, es decir, si los mecanismos de adaptación no resultan eficientes para superar el estrés, se entra en la fase de agotamiento, donde aparecen las alteraciones más importantes entre las que destacan la úlcera gástrica, migrañas o ansiedad.

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Causas del estrés

Las situaciones desencadenantes del estrés se denominan agentes estresores, definiéndose como “cualquier aspecto que constituya un factor de desequilibrio en el individuo”. Por tanto, nos estresamos cuando percibimos que la demanda es mayor que los recursos con los que contamos y esto desestabiliza o rompe nuestro equilibrio (homeostasis) haciendo peligrar nuestro bienestar.

Según Lazarus, hay cuatro tipos de factores estresantes:

·        Estresores únicos: son catástrofes y cambios dramáticos en las condiciones del entorno de las personas y afectan a un gran número de ellas. Ejemplos de esto son: terrorismo, víctimas de violencia, enfermedades terminales, situaciones de cirugía mayor o catástrofes naturales.

·        Estresores múltiples: son acontecimientos que pueden hallarse fuera del control de la persona, como una enfermedad incapacitante, la pérdida de empleo, un divorcio, tener un hijo, someterse a un examen importante o tener problemas económicos.

·        Estresores cotidianos: cúmulo de pequeñas molestias, imprevistos y alteraciones dentro de las rutinas cotidianas que pueden llegar a perturbarnos e irritarnos. Por ejemplo, atascos, llegar tarde o gestos desafortunados de nuestra pareja. Los estresores cotidianos son responsables de desencadenar procesos de estrés en un porcentaje estadísticamente mayor que el producido por los estresores únicos y múltiples.

·        Estresores biogénicos: son mecanismos físicos y químicos que disparan directamente la respuesta de estrés sin la mediación de los procesos psicológicos. Por ejemplo, la ingestión de sustancias (cafeína, nicotina, anfetaminas, etc), estímulos que producen dolor, calor o frío intenso, nivel elevado de ruido o cambios hormonales (pubertad, menopausia).

¿Cómo manejar el estrés?

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Siguiendo las pautas que proponemos a continuación el nivel de estrés se reducirá considerablemente:

·        Identificar las fuentes de estrés: lo primero que debemos hacer para reducir nuestros niveles de estrés, es identificar los   factores estresores. Puede resultar muy útil anotar durante una semana qué situaciones nos ponen nerviosos o no nos sentimos capaces de afrontar y cómo reaccionamos ante ellas.

·        Ser más asertivos: con la finalidad de reducir nuestra presión, es importante aprender a “decir no”, pedir que cambie aquello que nos hace sentir mal y saber responder ante demandas del entorno.

·        Establecer prioridades: habitualmente, tenemos una larga lista de tareas pendientes que nos agobia constantemente. Para reducir el estrés, es necesario priorizar aquellos quehaceres más importantes y/o urgentes, además de planificar el tiempo de que disponemos para realizarlos.

·        Control del pensamiento: la manera en que nos contamos los acontecimientos determina cómo nos sentimos ante ellos y, sobre todo, cómo los afrontamos. Por esto, es clave a la hora de gestionar la presión, aprender a pensar de una manera adaptativa, no dando excesivas vueltas ni magnificando todo. Por ejemplo, no es lo mismo pensar “este fin de semana tengo millones de cosas que hacer y me va a resultar imposible cumplir con todo”, que decirnos “este fin de semana tengo que hacer la compra, estudiar para el examen del lunes (…) Comenzaré estudiando la mañana del sábado, después (…) y, si me da tiempo, plancharé. Lo que no pueda hacer este fin de semana, lo dejaré para el próximo o pediré ayuda”.

·        Reducir nivel de exigencia: debemos ser flexibles con nosotros mismos, permitiéndonos cometer fallos y no tratando de controlar lo incontrolable como, por ejemplo, la conducta de los demás, sobre la que tenemos una influencia limitada.

·        Aumentar actividades agradables: si dedicamos parte de nuestro tiempo a realizar actividades que nos hagan sentir bien, tendremos una actitud más positiva que nos ayudará a afrontar situaciones de estrés.

·        Relajación: siempre es interesante disponer de técnicas para reducir la activación. Podemos apuntarnos a actividades de yoga, meditación, etc.

·        Estilo de vida saludable: con una buena salud somos más resistente ante las demandas del entorno. Es recomendable realizar ejercicio físico, dieta saludable, reducir niveles de cafeína y azúcar y dormir lo suficiente.

Os animamos a que pongáis en práctica nuestras propuestas y comprobéis cómo os vais sintiendo mejor a medida que comenzáis a tomar el control de la situación.

FOBIAS

Todos tenemos o conocemos a alguien que tiene un miedo intenso a los lugares cerrados, a los perros o a las alturas, entre otros. Esto es lo que denominamos fobias y en el artículo de hoy definiremos en qué consisten, algunos tipos (comunes y raras) y su tratamiento.

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¿En qué consisten las fobias?

La palabra fobia deriva del término griego Fobos (pánico), en la mitología griega era el hijo de Ares (dios de la guerra) y Afrodita (diosa del amor) y representaba al miedo personificado.

Una fobia es un tipo de trastorno de ansiedad que se define como un miedo irracional, intenso e incontrolable ante estímulos que no representan un peligro real.

Es normal y adaptativo que nuestro cuerpo reaccione ante un peligro con un aumento de activación, dando lugar a sudoración, hiperventilación, palpitaciones, sequedad de boca, vista nublada, palidez, temblores, etc. Estas respuestas del sistema fisiológico están encaminadas a que reaccionemos ante ese peligro con la respuesta de lucha o huida. El problema aparece cuando el miedo no es real, es decir, cuando aquello que nos provoca esta respuesta corporal no supone ningún riesgo.

La persona con fobia reacciona huyendo del estímulo temido (escape) o evitando situaciones potenciales en las que aparecerá este miedo irracional (evitación). Con las conductas de evitación/escape nos sentimos aliviados al no tener que experimentar esas sensaciones tan desagradables, pero estamos reforzando la idea de que nuestro miedo es algo real y se hace cada vez más intenso.

Las fobias pueden resultar muy limitantes, ya que interfieren en el funcionamiento normal de la vida diaria de las personas que las sufren.

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Fobias comunes

Las fobias más habituales con las que podemos encontrarnos son las siguientes:

·         Agorafobia: miedo a los espacios abiertos, la persona presenta dificultades para salir de casa.

·         Acrofobia: miedo a las alturas

·         Aerofobia: miedo a volar en avión.

·         Claustrofobia: miedo a los espacios cerrados (ascensores, túneles…)

·         Emetofobia: miedo a vomitar.

·         Aracnofobia: miedo a las arañas.

·         Sociofobia: miedo al juicio negativo en situaciones sociales.

·         Carcinofobia: miedo a tener cáncer.

·         Necrofobia: miedo a la muerte y a todo lo relacionado con cadáveres.

·         Brontofobia: miedo a las tormentas.

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Fobias raras

Hay un gran número de fobias referidas a todo tipo de estímulos. A continuación, vamos a enumerar aquellas que nos parecen más curiosas:

·         Triscaidecafobia: miedo al número 13.

·         Hexakosioihexekontahexafobia: miedo al número 666.

·         Xantofobia: miedo al color amarillo.

·         Somnifobia: miedo a dormir.

·         Coulrofobia: miedo a los payasos.

·         Fagofobia: miedo a comer y tragar.

·         Chamainofobia: miedo a Halloween.

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Tratamiento de las fobias

El tratamiento en el caso de las fobias tiene una probabilidad de éxito muy elevada. Las técnicas que se aplican son las siguientes:

·         Exposición con Prevención de Respuesta: el paciente se irá exponiendo poco a poco al estímulo temido. Esto se realiza de una manera muy gradual y pautado por un profesional para que el malestar esté controlado y no tenga el efecto contrario. Con esta técnica, el paciente comprueba que el temor al estímulo fóbico no es objetivo y que realmente no supone ningún tipo de riesgo, desapareciendo poco a poco el miedo.

·         Desensibilización sistemática: es una técnica similar a la exposición con prevención de respuesta, pero en este caso se lleva a cabo de forma encubierta, es decir, en imaginación.

·         Reestructuración cognitiva: en el tratamiento de las fobias es muy importante trabajar el componente cognitivo. Con la reestructuración cognitiva se ajustan a la realidad los pensamientos irracionales del paciente, sobre todo, proporcionando información contrastada acerca del estímulo temido.

 

 

 

CINCO CLAVES PARA SER FELIZ EN PAREJA

Para ser feliz en pareja, no basta con el hecho de compartir la vida con otra persona o idealizar cómo nos gustaría que fuera, sino que es necesario un trabajo diario para conseguirlo. En este artículo os ofrecemos unos consejos generales para conseguir una relación enriquecedora y satisfactoria.

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1.      Combate la rutina

Cuando pasa la etapa de enamoramiento, en la que todo lo relacionado con nuestra pareja es positivo y novedoso, aparece el riesgo de caer en el aburrimiento.

Bien es cierto, que el ritmo de vida que llevamos nos limita las opciones para compartir tiempo con nuestra pareja y, más aún, para hacer cosas diferentes. Pero es algo tan importante, que debemos organizarnos y buscar el momento para realizar actividades novedosas y agradables, como pasar un día en la montaña, ir al cine, organizar una cena romántica o, simplemente, tener un detalle a la vuelta del trabajo (flores, chocolates, etc) o enviar un mensaje inesperado que le haga sonreír.

2.      Fíjate en los aspectos positivos de tu pareja y házselo saber

A medida que la relación se va haciendo más estable, comenzamos a adquirir obligaciones comunes y empezamos a fijarnos en los defectos de nuestro compañero/a, adquiriendo una visión más realista del otro y compartiendo cosas no tan agradables.

Llegados a este punto, podemos caer en el error de asociar nuestra relación con una obligación constante (niños, tareas domésticas, administración de gastos…) y sólo atender a aquello que nos molesta del otro y tratar de cambiarle para que se convierta en “nuestra pareja ideal”, solo consiguiendo frustración e insatisfacción.

Para evitar el malestar descrito en el anterior párrafo, debemos aceptar que todos tenemos defectos o formas de pensar diferentes e interpretar esto como una oportunidad de enriquecimiento y no como una molestia constante. Saber valorar lo diferente en el otro es clave para estar satisfechos.

Además, algo que solemos dejar olvidado es el hecho de prestar atención a las cualidades de nuestra pareja y decírselo. Retomar este hábito hará a ambos más felices, ya que a todos nos gusta que reconozcan nuestras cosas positivas y, el simple hecho de fijarse en lo que nos gusta del otro, hace que nos resulte más atractivo y nos recuerda por qué lo elegimos.

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3.      Fomenta la comunicación

La falta de comunicación suele abocar a una relación al fracaso. Hay que aprender a hablar y a escuchar, a preguntar a nuestra pareja por sus inquietudes o por aquello que le preocupa.

Lo ideal es dedicar un espacio de tiempo diario para dialogar con el otro, aunque sea de temas sin importancia.

La falta de comunicación lleva a la interpretación, habitualmente errónea. Por ejemplo, puedo ver a mi pareja algo más distante y, en lugar de preguntar qué ocurre, interpreto que ya no me quiere actuando en consecuencia, y quizás el motivo de su lejanía es que se encuentra mal por problemas laborales. El hecho de analizar el comportamiento del otro y sacar conclusiones es un grave problema que se da en muchas relaciones. Por lo tanto, no infieras, dialoga.

Por último, en todas las relaciones hay diferencia de opiniones o discusiones. Esto es algo normal, pero hay que saber gestionarlo. Puedo (y debo) expresar mi opinión, pedir el cambio o decir aquello que no me gusta, pero de una manera adecuada. El ser ofensivo o agresivo no resuelve los problemas, sino que los agrava. Debemos saber poner sobre la mesa los conflictos siendo empáticos, cuidando las formas y explicando qué queremos de la manera más objetiva y clara posible.

4.      Ajusta tus expectativas

Nos encontramos inmersos en la cultura del romanticismo, lo que nos lleva a buscar a la pareja perfecta o a nuestra media naranja. Esta cultura, habitualmente, no nos hace ningún favor, ya que las expectativas que depositamos en nuestra relación son demasiado altas e idealizadas, llevándonos a la insatisfacción o desencanto.

Realmente, no se trata de encontrar a nuestros príncipe azul, sino de encontrar a la persona que nos aporte cosas positivas, que nos de tranquilidad a la vez de emoción, con la que poder compartir nuestro tiempo.

En este punto, no debemos olvidar que una pareja no nos complementa, sino que nos aporta. No necesitamos al otro para vivir, sino que contribuye a nuestra felicidad y eso nos resulta gratificante. Vivir en pareja no significa olvidar nuestra individualidad.

5.      No descuides el sexo

El área sexual, al igual que el resto de aspectos de la relación, también tiende a la rutina y es necesario esforzarse para mantener viva la pasión y la atracción.

Compartir momentos de intimidad con tu pareja es fundamental para favorecer la complicidad y la confianza.

Las relaciones sexuales son un hábito y, como cualquier otro, si se deja de hacer cada vez apetece menos y al contrario, por lo que no debemos olvidarnos de mantener una actividad sexual frecuente, aunque en ciertas ocasiones no nos apetezca demasiado, no sea el mejor momento o las expectativas no sean excesivamente altas.

Por otra parte, la comunicación en este ámbito también es fundamental. Comparte con tu pareja qué te apetece o que te gusta y no olvides el factor sorpresa. Ser creativo e innovador es el mayor enemigo del aburrimiento.

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Terminamos con una bonita frase que contiene la idea principal del artículo y que nos incita a esforzarnos y a trabajar continuamente para crear y compartir un proyecto de vida al lado de alguien, eso es el hecho de mirar juntos en la misma dirección:

“Amar no es mirarse el uno al otro; es mirar juntos en la misma dirección.”

Antoine de Saint-Exupéry

VOLVER AL TRABAJO CON ACTITUD POSITIVA

Después de unas fantásticas vacaciones, llega lo más duro que es volver al trabajo y a la rutina. Hay personas a las que este proceso les cuesta bastante pudiendo aparecer el síndrome post-vacacional. En esta entrada definimos en qué consiste y, tanto si se sufre como si no, damos pautas para que la vuelta al trabajo resulte más llevadera.

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¿Qué es el Síndrome post-vacacional?

El denominado síndrome post-vacacional, también conocido como depresión o estrés post-vacacional, se refiere al conjunto de síntomas que aparecen en algunas personas cuando se incorporan a sus obligaciones laborales, familiares o académicas después de un periodo vacacional. A pesar de su denominación como “síndrome o depresión”, no se trata de un problema clínico, sino de una dificultad de adaptación y los síntomas asociados tienden a desaparecer en unas dos semanas.

Los síntomas característicos de esta falta de adaptación son los siguientes:

·         Debilidad o cansancio generalizado: la persona sufre una fatiga general que le dificulta o impide realizar tareas que en condiciones normales haría fácilmente.

·         Insomnio: se experimenta una falta de sueño nocturno y somnolencia importante a lo largo del día.

·         Falta de concentración: esto da lugar a un menor rendimiento laboral provocando una acumulación de tareas que aumenta el malestar.

·         Intolerancia al trabajo: aparece el hastío o aburrimiento acompañado de falta de ganas, interés o de cuidado al realizar las tareas.

·         Irritabilidad, tristeza o nerviosismo: la baja tolerancia a la frustración, angustia o una activación mayor de lo habitual es algo también característico de este “síndrome”.

¿Qué factores facilitan o provocan el síndrome post-vacacional?

Los siguientes elementos nos dificultan una vuelta agradable al trabajo:

·         Ausencia de rutina durante las vacaciones: habitualmente, nos cuesta mantener la rutina cuando estamos disfrutando de nuestro periodo de descanso. Nos vamos a la cama más tarde, no madrugamos, desorden en las comidas, etc. Por todo esto, la vuelta a nuestra rutina puede suponer un cambio violento.

·         Poca adaptación al entorno laboral: es más frecuente que esta sintomatología aparezca en personas que no tienen motivación laboral, no les gusta su trabajo o sufren algún tipo de acoso.

·         Ausencia de motivación fuera del periodo vacacional: si nuestra motivación se centra en exceso en las vacaciones, una vez acabadas éstas desaparece cualquier aliciente que nos invite a mirar hacia delante, y más teniendo en cuenta que hasta las siguientes vacaciones puede faltar un amplio periodo de tiempo.

·         Vacaciones muy largas y no centradas en el descanso: el llegar agotados de vacaciones porque hemos decidido emplearlas en realizar turismo o viajes a contrarreloj, puede favorecer la dificultad para enfrentarnos de nuevo a las demandas laborales.

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¿Cómo evitar o superar el malestar?

Las pautas a seguir para facilitar la reincorporación al entorno laboral son las siguientes:

·         No volver de vacaciones el día antes de la vuelta al trabajo: es recomendable volver dos o tres días antes de incorporarnos al trabajo para así ir adquiriendo de nuevo y de forma progresiva nuestra rutina.

·         Empezar a trabajar de manera gradual priorizando lo más agradable: lo ideal es permitirnos un espacio de tiempo para compartir con nuestros compañeros nuestras experiencias vacacionales y así crear un clima agradable. Además, resulta beneficioso empezar por aquello que más nos gusta, o menos nos disgusta, y poco a poco aumentar el ritmo de trabajo para ir adquiriendo efectividad.

·         Programar el regreso a casa: para que el choque con la realidad no sea demasiado brusco, debemos plantearnos qué haremos cuando volvamos a casa. Programar las actividades a realizar, estableciendo prioridades, hará que no nos agobiemos y que tengamos expectativas más realistas.

·         Regularizar horarios y hábitos: es importante ordenar de nuevo nuestras horas de sueño y nuestros hábitos, sobre todo alimentarios. Para ordenar nuestro sueño, comenzaremos a irnos a la cama a la hora habitual, aunque no tengamos sueño al principio, y empezaremos a madrugar de manera paulatina, si tenemos oportunidad, tratando de asegurarnos unas ocho horas de descanso; también resultará beneficioso evitar siestas los primeros días para estar más cansados por la noche. Con respecto a la comida, se recomienda volver a una dieta equilibrada.

·         Realizar deporte: el deporte es muy beneficioso porque nos ayuda a liberar endorfinas y reduce el estrés, haciendo que nos sintamos más relajados y optimistas.

·         Trabajar nuestros pensamientos: tenemos que aprender a no darle vueltas a aquello que nos hace sentir mal y a contarnos lo que nos ocurre de una manera positiva.
En primer lugar, darle vueltas a nuestros problemas no hace que se resuelvan, sino que los agrava aún más; por lo que, si no contamos con ayuda profesional que nos instruya en cómo parar estos pensamientos, no permitiremos que nos bombardeen, saliendo a dar un paseo, cantando una canción o haciendo algo que nos pueda resultar agradable.
Por otro lado, el modo en que nos contamos las cosas influye directamente en cómo las percibimos y en cómo nos sentimos, por lo que debemos tratar de encontrar el lado bueno de aquello que nos ocurre o de la situación concreta que estamos viviendo.

·         Vacaciones en varios periodos: como hemos indicado anteriormente, unas vacaciones excesivamente largas nos dificultan la vuelta al trabajo y, además, la expectativa de que los días de descanso no volverán hasta dentro de un año nos lo hace aún más complicado. Por esto, es ideal dividir las vacaciones en varios periodos.

·         Realizar actividades gratificantes: el final de las vacaciones no es sinónimo de carencia de hobbies o actividades agradables. Debemos planificar nuestro tiempo incluyendo aquello que nos hace sentir bien.

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Para la mayoría de las personas resulta dura la vuelta al trabajo, pero si se siguen estas simples pautas pasaremos de “la tortura de volver a trabajar” a “vuelvo con las pilas cargadas”. ¡Ánimo y manos a la obra!

 

BIENVENIDO SEPTIEMBRE

Después de un verano en el que, además de trabajar, hemos tenido momentos de descanso, empezamos septiembre con fuerza y con novedades en Centro de Psicología Dana.

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Continuamos siendo fieles a nuestro lema en el que defendemos que una terapia psicológica de calidad no debe ser un lujo. Ofrecemos los servicios de los mejores profesionales de una manera totalmente personalizada, estudiando cada caso en función de la demanda del paciente. Nuestros precios son asequibles, con sesiones a partir de 30€ y bonos descuento. Para más información sobre nuestras tarifas pulsa aquí.

Estamos a vuestra disposición para tratar problemas infantiles, adolescentes, adultos, de pareja, familiares o ayudarte a alcanzar tus metas y a desarrollarte personalmente. Para más información acerca de nuestros servicios pulsa aquí.

Aprovecha la PRIMERA SESIÓN GRATUITA.

Nuestra consulta se encuentra situada en C/Madrid nº30 3ºB, cercana a la estación de Getafe Central.

Ponte en contacto con nosotros en el 636 94 39 28. También podéis escribirnos un correo a info@psicologiadana.com.

Y recuerda…

Nunca te olvides de ser feliz