FOBIAS

Todos tenemos o conocemos a alguien que tiene un miedo intenso a los lugares cerrados, a los perros o a las alturas, entre otros. Esto es lo que denominamos fobias y en el artículo de hoy definiremos en qué consisten, algunos tipos (comunes y raras) y su tratamiento.

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¿En qué consisten las fobias?

La palabra fobia deriva del término griego Fobos (pánico), en la mitología griega era el hijo de Ares (dios de la guerra) y Afrodita (diosa del amor) y representaba al miedo personificado.

Una fobia es un tipo de trastorno de ansiedad que se define como un miedo irracional, intenso e incontrolable ante estímulos que no representan un peligro real.

Es normal y adaptativo que nuestro cuerpo reaccione ante un peligro con un aumento de activación, dando lugar a sudoración, hiperventilación, palpitaciones, sequedad de boca, vista nublada, palidez, temblores, etc. Estas respuestas del sistema fisiológico están encaminadas a que reaccionemos ante ese peligro con la respuesta de lucha o huida. El problema aparece cuando el miedo no es real, es decir, cuando aquello que nos provoca esta respuesta corporal no supone ningún riesgo.

La persona con fobia reacciona huyendo del estímulo temido (escape) o evitando situaciones potenciales en las que aparecerá este miedo irracional (evitación). Con las conductas de evitación/escape nos sentimos aliviados al no tener que experimentar esas sensaciones tan desagradables, pero estamos reforzando la idea de que nuestro miedo es algo real y se hace cada vez más intenso.

Las fobias pueden resultar muy limitantes, ya que interfieren en el funcionamiento normal de la vida diaria de las personas que las sufren.

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Fobias comunes

Las fobias más habituales con las que podemos encontrarnos son las siguientes:

·         Agorafobia: miedo a los espacios abiertos, la persona presenta dificultades para salir de casa.

·         Acrofobia: miedo a las alturas

·         Aerofobia: miedo a volar en avión.

·         Claustrofobia: miedo a los espacios cerrados (ascensores, túneles…)

·         Emetofobia: miedo a vomitar.

·         Aracnofobia: miedo a las arañas.

·         Sociofobia: miedo al juicio negativo en situaciones sociales.

·         Carcinofobia: miedo a tener cáncer.

·         Necrofobia: miedo a la muerte y a todo lo relacionado con cadáveres.

·         Brontofobia: miedo a las tormentas.

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Fobias raras

Hay un gran número de fobias referidas a todo tipo de estímulos. A continuación, vamos a enumerar aquellas que nos parecen más curiosas:

·         Triscaidecafobia: miedo al número 13.

·         Hexakosioihexekontahexafobia: miedo al número 666.

·         Xantofobia: miedo al color amarillo.

·         Somnifobia: miedo a dormir.

·         Coulrofobia: miedo a los payasos.

·         Fagofobia: miedo a comer y tragar.

·         Chamainofobia: miedo a Halloween.

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Tratamiento de las fobias

El tratamiento en el caso de las fobias tiene una probabilidad de éxito muy elevada. Las técnicas que se aplican son las siguientes:

·         Exposición con Prevención de Respuesta: el paciente se irá exponiendo poco a poco al estímulo temido. Esto se realiza de una manera muy gradual y pautado por un profesional para que el malestar esté controlado y no tenga el efecto contrario. Con esta técnica, el paciente comprueba que el temor al estímulo fóbico no es objetivo y que realmente no supone ningún tipo de riesgo, desapareciendo poco a poco el miedo.

·         Desensibilización sistemática: es una técnica similar a la exposición con prevención de respuesta, pero en este caso se lleva a cabo de forma encubierta, es decir, en imaginación.

·         Reestructuración cognitiva: en el tratamiento de las fobias es muy importante trabajar el componente cognitivo. Con la reestructuración cognitiva se ajustan a la realidad los pensamientos irracionales del paciente, sobre todo, proporcionando información contrastada acerca del estímulo temido.

 

 

 

CINCO CLAVES PARA SER FELIZ EN PAREJA

Para ser feliz en pareja, no basta con el hecho de compartir la vida con otra persona o idealizar cómo nos gustaría que fuera, sino que es necesario un trabajo diario para conseguirlo. En este artículo os ofrecemos unos consejos generales para conseguir una relación enriquecedora y satisfactoria.

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1.      Combate la rutina

Cuando pasa la etapa de enamoramiento, en la que todo lo relacionado con nuestra pareja es positivo y novedoso, aparece el riesgo de caer en el aburrimiento.

Bien es cierto, que el ritmo de vida que llevamos nos limita las opciones para compartir tiempo con nuestra pareja y, más aún, para hacer cosas diferentes. Pero es algo tan importante, que debemos organizarnos y buscar el momento para realizar actividades novedosas y agradables, como pasar un día en la montaña, ir al cine, organizar una cena romántica o, simplemente, tener un detalle a la vuelta del trabajo (flores, chocolates, etc) o enviar un mensaje inesperado que le haga sonreír.

2.      Fíjate en los aspectos positivos de tu pareja y házselo saber

A medida que la relación se va haciendo más estable, comenzamos a adquirir obligaciones comunes y empezamos a fijarnos en los defectos de nuestro compañero/a, adquiriendo una visión más realista del otro y compartiendo cosas no tan agradables.

Llegados a este punto, podemos caer en el error de asociar nuestra relación con una obligación constante (niños, tareas domésticas, administración de gastos…) y sólo atender a aquello que nos molesta del otro y tratar de cambiarle para que se convierta en “nuestra pareja ideal”, solo consiguiendo frustración e insatisfacción.

Para evitar el malestar descrito en el anterior párrafo, debemos aceptar que todos tenemos defectos o formas de pensar diferentes e interpretar esto como una oportunidad de enriquecimiento y no como una molestia constante. Saber valorar lo diferente en el otro es clave para estar satisfechos.

Además, algo que solemos dejar olvidado es el hecho de prestar atención a las cualidades de nuestra pareja y decírselo. Retomar este hábito hará a ambos más felices, ya que a todos nos gusta que reconozcan nuestras cosas positivas y, el simple hecho de fijarse en lo que nos gusta del otro, hace que nos resulte más atractivo y nos recuerda por qué lo elegimos.

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3.      Fomenta la comunicación

La falta de comunicación suele abocar a una relación al fracaso. Hay que aprender a hablar y a escuchar, a preguntar a nuestra pareja por sus inquietudes o por aquello que le preocupa.

Lo ideal es dedicar un espacio de tiempo diario para dialogar con el otro, aunque sea de temas sin importancia.

La falta de comunicación lleva a la interpretación, habitualmente errónea. Por ejemplo, puedo ver a mi pareja algo más distante y, en lugar de preguntar qué ocurre, interpreto que ya no me quiere actuando en consecuencia, y quizás el motivo de su lejanía es que se encuentra mal por problemas laborales. El hecho de analizar el comportamiento del otro y sacar conclusiones es un grave problema que se da en muchas relaciones. Por lo tanto, no infieras, dialoga.

Por último, en todas las relaciones hay diferencia de opiniones o discusiones. Esto es algo normal, pero hay que saber gestionarlo. Puedo (y debo) expresar mi opinión, pedir el cambio o decir aquello que no me gusta, pero de una manera adecuada. El ser ofensivo o agresivo no resuelve los problemas, sino que los agrava. Debemos saber poner sobre la mesa los conflictos siendo empáticos, cuidando las formas y explicando qué queremos de la manera más objetiva y clara posible.

4.      Ajusta tus expectativas

Nos encontramos inmersos en la cultura del romanticismo, lo que nos lleva a buscar a la pareja perfecta o a nuestra media naranja. Esta cultura, habitualmente, no nos hace ningún favor, ya que las expectativas que depositamos en nuestra relación son demasiado altas e idealizadas, llevándonos a la insatisfacción o desencanto.

Realmente, no se trata de encontrar a nuestros príncipe azul, sino de encontrar a la persona que nos aporte cosas positivas, que nos de tranquilidad a la vez de emoción, con la que poder compartir nuestro tiempo.

En este punto, no debemos olvidar que una pareja no nos complementa, sino que nos aporta. No necesitamos al otro para vivir, sino que contribuye a nuestra felicidad y eso nos resulta gratificante. Vivir en pareja no significa olvidar nuestra individualidad.

5.      No descuides el sexo

El área sexual, al igual que el resto de aspectos de la relación, también tiende a la rutina y es necesario esforzarse para mantener viva la pasión y la atracción.

Compartir momentos de intimidad con tu pareja es fundamental para favorecer la complicidad y la confianza.

Las relaciones sexuales son un hábito y, como cualquier otro, si se deja de hacer cada vez apetece menos y al contrario, por lo que no debemos olvidarnos de mantener una actividad sexual frecuente, aunque en ciertas ocasiones no nos apetezca demasiado, no sea el mejor momento o las expectativas no sean excesivamente altas.

Por otra parte, la comunicación en este ámbito también es fundamental. Comparte con tu pareja qué te apetece o que te gusta y no olvides el factor sorpresa. Ser creativo e innovador es el mayor enemigo del aburrimiento.

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Terminamos con una bonita frase que contiene la idea principal del artículo y que nos incita a esforzarnos y a trabajar continuamente para crear y compartir un proyecto de vida al lado de alguien, eso es el hecho de mirar juntos en la misma dirección:

“Amar no es mirarse el uno al otro; es mirar juntos en la misma dirección.”

Antoine de Saint-Exupéry

VOLVER AL TRABAJO CON ACTITUD POSITIVA

Después de unas fantásticas vacaciones, llega lo más duro que es volver al trabajo y a la rutina. Hay personas a las que este proceso les cuesta bastante pudiendo aparecer el síndrome post-vacacional. En esta entrada definimos en qué consiste y, tanto si se sufre como si no, damos pautas para que la vuelta al trabajo resulte más llevadera.

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¿Qué es el Síndrome post-vacacional?

El denominado síndrome post-vacacional, también conocido como depresión o estrés post-vacacional, se refiere al conjunto de síntomas que aparecen en algunas personas cuando se incorporan a sus obligaciones laborales, familiares o académicas después de un periodo vacacional. A pesar de su denominación como “síndrome o depresión”, no se trata de un problema clínico, sino de una dificultad de adaptación y los síntomas asociados tienden a desaparecer en unas dos semanas.

Los síntomas característicos de esta falta de adaptación son los siguientes:

·         Debilidad o cansancio generalizado: la persona sufre una fatiga general que le dificulta o impide realizar tareas que en condiciones normales haría fácilmente.

·         Insomnio: se experimenta una falta de sueño nocturno y somnolencia importante a lo largo del día.

·         Falta de concentración: esto da lugar a un menor rendimiento laboral provocando una acumulación de tareas que aumenta el malestar.

·         Intolerancia al trabajo: aparece el hastío o aburrimiento acompañado de falta de ganas, interés o de cuidado al realizar las tareas.

·         Irritabilidad, tristeza o nerviosismo: la baja tolerancia a la frustración, angustia o una activación mayor de lo habitual es algo también característico de este “síndrome”.

¿Qué factores facilitan o provocan el síndrome post-vacacional?

Los siguientes elementos nos dificultan una vuelta agradable al trabajo:

·         Ausencia de rutina durante las vacaciones: habitualmente, nos cuesta mantener la rutina cuando estamos disfrutando de nuestro periodo de descanso. Nos vamos a la cama más tarde, no madrugamos, desorden en las comidas, etc. Por todo esto, la vuelta a nuestra rutina puede suponer un cambio violento.

·         Poca adaptación al entorno laboral: es más frecuente que esta sintomatología aparezca en personas que no tienen motivación laboral, no les gusta su trabajo o sufren algún tipo de acoso.

·         Ausencia de motivación fuera del periodo vacacional: si nuestra motivación se centra en exceso en las vacaciones, una vez acabadas éstas desaparece cualquier aliciente que nos invite a mirar hacia delante, y más teniendo en cuenta que hasta las siguientes vacaciones puede faltar un amplio periodo de tiempo.

·         Vacaciones muy largas y no centradas en el descanso: el llegar agotados de vacaciones porque hemos decidido emplearlas en realizar turismo o viajes a contrarreloj, puede favorecer la dificultad para enfrentarnos de nuevo a las demandas laborales.

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¿Cómo evitar o superar el malestar?

Las pautas a seguir para facilitar la reincorporación al entorno laboral son las siguientes:

·         No volver de vacaciones el día antes de la vuelta al trabajo: es recomendable volver dos o tres días antes de incorporarnos al trabajo para así ir adquiriendo de nuevo y de forma progresiva nuestra rutina.

·         Empezar a trabajar de manera gradual priorizando lo más agradable: lo ideal es permitirnos un espacio de tiempo para compartir con nuestros compañeros nuestras experiencias vacacionales y así crear un clima agradable. Además, resulta beneficioso empezar por aquello que más nos gusta, o menos nos disgusta, y poco a poco aumentar el ritmo de trabajo para ir adquiriendo efectividad.

·         Programar el regreso a casa: para que el choque con la realidad no sea demasiado brusco, debemos plantearnos qué haremos cuando volvamos a casa. Programar las actividades a realizar, estableciendo prioridades, hará que no nos agobiemos y que tengamos expectativas más realistas.

·         Regularizar horarios y hábitos: es importante ordenar de nuevo nuestras horas de sueño y nuestros hábitos, sobre todo alimentarios. Para ordenar nuestro sueño, comenzaremos a irnos a la cama a la hora habitual, aunque no tengamos sueño al principio, y empezaremos a madrugar de manera paulatina, si tenemos oportunidad, tratando de asegurarnos unas ocho horas de descanso; también resultará beneficioso evitar siestas los primeros días para estar más cansados por la noche. Con respecto a la comida, se recomienda volver a una dieta equilibrada.

·         Realizar deporte: el deporte es muy beneficioso porque nos ayuda a liberar endorfinas y reduce el estrés, haciendo que nos sintamos más relajados y optimistas.

·         Trabajar nuestros pensamientos: tenemos que aprender a no darle vueltas a aquello que nos hace sentir mal y a contarnos lo que nos ocurre de una manera positiva.
En primer lugar, darle vueltas a nuestros problemas no hace que se resuelvan, sino que los agrava aún más; por lo que, si no contamos con ayuda profesional que nos instruya en cómo parar estos pensamientos, no permitiremos que nos bombardeen, saliendo a dar un paseo, cantando una canción o haciendo algo que nos pueda resultar agradable.
Por otro lado, el modo en que nos contamos las cosas influye directamente en cómo las percibimos y en cómo nos sentimos, por lo que debemos tratar de encontrar el lado bueno de aquello que nos ocurre o de la situación concreta que estamos viviendo.

·         Vacaciones en varios periodos: como hemos indicado anteriormente, unas vacaciones excesivamente largas nos dificultan la vuelta al trabajo y, además, la expectativa de que los días de descanso no volverán hasta dentro de un año nos lo hace aún más complicado. Por esto, es ideal dividir las vacaciones en varios periodos.

·         Realizar actividades gratificantes: el final de las vacaciones no es sinónimo de carencia de hobbies o actividades agradables. Debemos planificar nuestro tiempo incluyendo aquello que nos hace sentir bien.

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Para la mayoría de las personas resulta dura la vuelta al trabajo, pero si se siguen estas simples pautas pasaremos de “la tortura de volver a trabajar” a “vuelvo con las pilas cargadas”. ¡Ánimo y manos a la obra!

 

BIENVENIDO SEPTIEMBRE

Después de un verano en el que, además de trabajar, hemos tenido momentos de descanso, empezamos septiembre con fuerza y con novedades en Centro de Psicología Dana.

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Continuamos siendo fieles a nuestro lema en el que defendemos que una terapia psicológica de calidad no debe ser un lujo. Ofrecemos los servicios de los mejores profesionales de una manera totalmente personalizada, estudiando cada caso en función de la demanda del paciente. Nuestros precios son asequibles, con sesiones a partir de 30€ y bonos descuento. Para más información sobre nuestras tarifas pulsa aquí.

Estamos a vuestra disposición para tratar problemas infantiles, adolescentes, adultos, de pareja, familiares o ayudarte a alcanzar tus metas y a desarrollarte personalmente. Para más información acerca de nuestros servicios pulsa aquí.

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Nuestra consulta se encuentra situada en C/Madrid nº30 3ºB, cercana a la estación de Getafe Central.

Ponte en contacto con nosotros en el 636 94 39 28. También podéis escribirnos un correo a info@psicologiadana.com.

Y recuerda…

Nunca te olvides de ser feliz

CÓMO APROVECHAR AL MÁXIMO LAS VACACIONES

Llega agosto, el mes de vacaciones por excelencia, y vamos a aprovechar para dar algunas pautas que, tanto si las tenemos en agosto como si no, nos permitirán disfrutar de nuestras vacaciones tan esperadas después de un largo año de trabajo.

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LAS 7 CLAVES PARA UNAS BUENAS VACACIONES

  • Dedicarse tiempo a uno mismo: es muy positivo, además de disfrutar con amigos, pareja o familia, cuidarnos a nosotros mismos. Para esto, es recomendable reservar un tiempo para estar solos paseando, leyendo un buen libro, haciendo deporte o, simplemente, disfrutando del silencio o la tranquilidad.
  • Recrearse en lo positivo: algo que nos ayudará a estar satisfechos de aquello que hemos hecho en vacaciones es fijarnos en lo positivo que va ocurriendo, que hacemos o que hacen los demás. En lugar de darle vueltas a que el vuelo que esperamos va con retraso, que la comida del hotel no está tan buena como esperábamos o que no hemos visto a todos los amigos que nos hubiera gustado; vamos a poner atención en lo relajados que estamos en la tumbona, en los detalles que tiene nuestra pareja con nosotros, en lo que nos está gustando el libro que leemos o en los paisajes que disfrutamos. Centrándonos en lo agradable nos sentiremos más satisfechos y felices. Por el contrario, si prestamos más atención a aquellas expectativas no cumplidas, solo conseguiremos amargarnos las vacaciones.
  • Programar el tiempo, pero con flexibilidad: para disfrutar de nuestro periodo de vacaciones, es necesario que sepamos qué vamos a hacer y cuándo, pero no debemos tenerlo absolutamente todo organizado, sino que tenemos que darnos permiso para improvisar o cambiar de planes, cuando así nos apetezca. El programarlo todo en exceso nos generará una presión y agobio contraproducente para conseguir nuestro objetivo de disfrutar y descansar.
  • Cambiar rutinas: el cambio de hábitos, sin que esto suponga un descontrol, es favorable para disfrutar de nuestras vacaciones. Si, por ejemplo, durante el periodo laboral tenemos de 14.00h a 15.00h para comer y nos vamos a dormir a las 23.00h para levantarnos a las 7.00h, el simple hecho de no estar pendientes de estos horarios nos hará sentir que no estamos trabajando y que podemos disfrutar de nuestro tiempo como más nos apetezca.
  • Planificar el gasto: para evitar agobiarnos haciendo cuentas (como suele ocurrir a lo largo del año), es recomendable planificar el gasto que realizaremos dándonos un margen para posibles imprevistos.
  • Olvidarnos del trabajo: para conseguir este objetivo, es fundamental dejar todas las tareas cerradas antes de irnos, delegar y anticiparnos a posibles contratiempos. Además, no atenderemos a llamadas relacionadas con el trabajo siempre que esto sea posible, informando a nuestros compañeros de que no nos llamen a no ser que no pueda resolver el problema otra persona. Si nos aparecen ideas relacionadas con el área laboral, nos puede ser útil darnos una autoinstrucción del tipo “Estoy de vacaciones y tengo derecho a disfrutar de ellas sin preocuparme del trabajo”.
  • Utilizar las nuevas tecnologías con moderación: no es necesario apagar el móvil durante todas las vacaciones, pero sí limitar su uso. Es recomendable olvidarse de él cuando estamos disfrutando con nuestros seres queridos o haciendo algo que nos apetece mucho, ya que la finalidad es coleccionar buenos momentos y no “Me gusta” en nuestras redes sociales.

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VACACIONES CON HIJOS

Seguir las pautas que hemos indicado en el apartado anterior nos ayudará a disfrutar y descansar pero, teniendo hijos esta misión se complica, ya que no podemos dedicarnos solo a nosotros, sino que también tenemos que hacernos cargo y disfrutar de ellos. Para que las vacaciones en familia sean agradables para todos, debemos tener en cuenta los siguientes puntos:

  • Mantener horarios y hábitos: aunque de manera más flexible, es necesario que el niño no experimente un descontrol en sus horarios de sueño y comida, ya que no debemos romper un hábito que hemos ido estableciendo a lo largo del año escolar y que, además, nos supondrá un aumento del estrés.
  • Compartir tiempo y actividades: lo ideal es aprovechar la temporada de vacaciones, cuando tenemos más tiempo libre, para hacer con ellos todo lo que no hemos podido hacer antes. Podemos apuntarnos a actividades para familias, viajar o, simplemente, dedicar más tiempo al juego con ellos y disfrutar juntos.
  • Cursos y talleres: la mayor preocupación de los padres, cuando los niños tienen vacaciones y ellos no, es qué hacer con ellos durante la jornada laboral. Se puede apuntar al niño a algún taller o campamento, pero teniendo en cuenta que ellos también merecen descansar y divertirse, por lo que debemos escoger actividades recreativas que ayuden a que el niño se relaje y a fomentar sus capacidades creativas.
  • Disfrutar de momentos de ocio individual y en pareja: es esencial que durante las vacaciones en familia, los padres reserven un tiempo para disfrutar en pareja saliendo a cenar o reservándose unos días de vacaciones sin niños. Igual de importante es el ocio individual, para lo que es necesario repartir responsabilidades y que uno se quede cuidando a los niños mientras el otro se permite hacer aquello que más le gusta.

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Aprender a disfrutar de nuestro tiempo libre es fundamental durante el periodo vacacional, pero es algo que no debemos perder de vista a lo largo de todo el año. Debemos adquirir el compromiso de cuidarnos, divertirnos y desconectar siempre que tengamos oportunidad para sentirnos bien.

El terrorismo: definición y efectos psicológicos

Debido a las terribles noticias que estamos recibiendo de diversos atentados terroristas que están conmoviendo al mundo, creemos que es necesario que entendamos mejor en qué consiste el terrorismo y que efectos psicológicos tiene, ya que es una realidad a la que nos enfrentamos día a día.

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¿Qué es el terrorismo?

La Real Academia Española lo define como:

  1.  Dominación por el terror.
  2.  Sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror.
  3.  Actuación criminal de bandas organizadas, que, reiteradamente y por lo común de modo indiscriminado, pretende crear alarma social con fines políticos.

El profesor de Psicología Social en la Universidad Autónoma de Madrid Luís de la Corte lo define de la siguiente forma en su libro “La lógica del terrorismo”:

“El terrorismo es una sucesión premeditada de actos violentos e intimidatorios ejercidos sobre población no combatiente y diseñados para influir psicológicamente sobre un número de personas muy superior al que suman sus víctimas directas y para alcanzar así algún objetivo, casi siempre de tipo político.”

De esta definición, se desprende la idea de que el impacto es mucho mayor que el número de personas afectadas de forma directa, ya que todos nos sobrecogemos al ver y oír noticias de este tipo. Con esto, los terroristas consiguen, además de infundir miedo a un número elevado de la población, difundir su mensaje y que su demanda llegue a muchas más personas que si utilizasen algún otro medio legal o no tan atroz.

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Efectos psicológicos del terrorismo

Un acto de terror no sólo afecta a los implicados directamente, sino que los efectos se extienden mucho más allá.

La implicación emocional, que puede llegar a interferir en la vida cotidiana, se extendería casi al 50% de las personas que han recibido la noticia. También pueden aparecer síntomas depresivos (tristeza, dificultades para dormir o apatía) y síntomas de estrés agudo (distanciamiento emocional, pesadillas, evitación de lugares o situaciones relacionados con el suceso).

A causa del terrorismo, también aparece el trastorno de estrés post-traumático, siendo un buen predictor de esta patología el estrés agudo experimentado de forma inmediata. Este trastorno se caracteriza por problemas para dormir, pesadillas, preocupación excesiva y mantenida, evitación de lugares y situaciones debido a la ansiedad, pensamientos irracionales de terror que la persona no puede controlar y flashback (reexperimentar la situación traumática una y otra vez).

Los terroristas juegan con el factor sorpresa, haciendo que nos sintamos más vulnerables y que el dolor y la incomprensión sean mayores. Tras un acontecimiento de este tipo, nuestro cerebro entra en shock, ya que no está preparado para algo así.

Está demostrado que es mucho más difícil de comprender una situación estres postraumaticocatastrófica cuando ha sido provocada intencionadamente por la mano del hombre, ya que no se entiende que una persona pueda hacer daño a sus semejantes de esta forma.

Con el paso del tiempo, la información sobre el acontecimiento se va asimilando y se incorpora a nuestras experiencias vitales pudiendo dejarlo atrás. No se trata de no sufrir, ni de olvidarlo, ya que eso no es posible, sino de poder vivir con ello y aceptarlo.

El terrorismo y los medios de comunicación

Como ya hemos mencionado en el primer apartado de este artículo, uno de los objetivos del terrorismo es difundir su mensaje, esto es, necesita de una publicidad que en la era de la comunicación en la que nos encontramos se da fácilmente. La divulgación de los medios de comunicación aporta un efecto multiplicador del acto terrorista.

Siempre que ocurre un atentado con consecuencias dramáticas, nos enteramos al poco tiempo en todo el mundo, se hacen programas especiales, directos, etc. Esta información es más impactante cuando es audiovisual, es decir, cuando podemos percibir el horror de manera casi directa desde el sofá de nuestra casa.

Por otra parte, los medios de comunicación tienden a exagerar el riesgo que corremos en referencia al terrorismo, dando lugar a un miedo generalizado apoyado en pensamientos irracionales.

mundo_manosAdemás, debido a la globalización, estamos sobreinformados y cada vez tenemos más dificultad para diferenciar la información relevante, por lo que los terroristas se están viendo obligados a llevar a cabo atentados cada vez más crueles para asegurarse de que no pasan desapercibidos y tiene el alcance deseado. Como expone el sociólogo Zygmunt Bauman: “En nuestro mundo adicto a las sensaciones se necesitan estímulos cada vez más intensos para poder mantener la atención despierta durante algo más que un breve instante”.

Cada uno de nosotros jugamos un papel importante en relación al terrorismo y este se basa en apoyar a aquellos que lo sufren de manera directa y en no dejarnos llevar por el miedo, esforzándonos en no limitar nuestras vidas y sentirnos seguros, anhelando el momento en que toda esta barbarie termine. Como dice John Lennon en su emblemática “Imagine”:

“Nada por lo que matar o morir,
ni tampoco religión.
Imagina a todo el mundo,
viviendo la vida en paz.”