“La acción de intentar no sentir algo en un momento particular resulta contradictoria con el objetivo que persigue, ya que no estar en algo es estar en ello”.  Steven C. Hayes.

Son numerosos los autores que a lo largo de la historia han definido lo que es una emoción, pero en términos generales entendemos las emociones como estados afectivos, más o menos intensos, que ocurren ante determinadas circunstancias y provocan cambios fisiológicos en nuestro cuerpo.  Las emociones forman parte de la condición humana, y sentimos tanto emociones que nos resultan cómodas y agradables, como emociones incómodas y desagradables. Todas ellas son imprescindibles para nuestra supervivencia.

Identificar y ser consciente de nuestras emociones en el momento ayuda a la regulación de las mismas. Es conveniente mostrarse abierto y experimentar las emociones como un observador, sin juicios, sin intentar negarlas, reprimirlas o evitarlas. Cuando se juzgan las emociones como algo “malo” puede provocar la aparición de emociones secundarias como culpa, vergüenza, decepción… y aparecen cada vez que experimentamos el malestar asociado a la emoción primaria. Además, al presentarse estas emociones secundarias, aumenta la intensidad emocional, lo que dificultaría aún más la tolerancia al malestar, según explica Marsha Linehan.

Por ejemplo, si estás triste y lloras por haber suspendido un examen o porque no te han contratado en una entrevista de trabajo, y te dices o te dicen que no es para tanto y que no tienes por qué llorar, estamos negando e invalidando la emoción de tristeza y esto nos puede generar culpa o frustración.

Llamamos invalidación emocional a la no aceptación de la experiencia emocional de los demás o la propia (autoinvalidación), y esta implica rechazo, negación y/o evitación de la vivencia emocional.

Desde pequeños hemos aprendido a manejar nuestras emociones y las de los demás a través de la invalidación y focalizados en que tenemos que cambiar esas emociones que nos desagradan, tanto que llegamos a hacerlo de manera automática. Aunque la intención del ser humano es ayudar a los demás y minimizar o evitar su sufrimiento, la repetición de las frases como “no es para tanto”, “tienes que animarte”, “tranquilízate” o “ya se te pasará”, pueden generar el efecto contrario al deseado, aumentando la activación emocional y pudiendo llegar a provocar aislamiento, y por ello perdiendo la oportunidad de fortalecer el vínculo. No obstante, y teniendo en cuenta que no hay emociones malas, cuando el objetivo es ayudar al otro en un momento difícil, no es tanto el cambiar o negar su emoción, como el acompañarle en su experiencia emocional.

Validar las emociones de los demás no significa estar de acuerdo o compartir lo que siente o cómo reacciona la otra persona, sino aceptar y dar por válida su experiencia emocional en ese momento. Esto nos da la posibilidad de entender que su respuesta emocional tiene sentido dada su historia de aprendizaje y el contexto actual. Por este motivo la validación emocional requiere empatía y comprensión, y es conveniente utilizar la comunicación verbal y no verbal para transmitir al otro la aceptación de su experiencia emocional. La validación ayuda a fortalecer la confianza y la intimidad.

Para trabajar la validación es conveniente que prestemos atención a las reacciones y emociones de la otra persona, que escuchemos activamente lo que nos quiera decir, respetemos los silencios y no tengamos prisa porque termine la vivencia emocional, cuidemos el tono de voz, miremos a los ojos y utilicemos el contacto físico siempre cuidando no invadir el espacio personal.

Como hemos mencionado anteriormente, es la comunicación un pilar esencial en la validación emocional. Estas son algunas frases que ayudan a la misma:

  • ¿Qué estás sintiendo?
  • Entiendo que es difícil para ti
  • Quiero que sepas que puedes contar conmigo si me necesitas
  • ¿Qué puedo hacer para ayudarte?
  • Llora lo que necesites
  • Es normal lo que estás sintiendo
  • Estoy aquí para ti
  • Respeto que te sientas así
  • Agradezco que compartas como te sientes conmigo
  • Te escucho

Tan importante es la validación emocional como la autovalidación emocional, permitirnos sentir, aceptar nuestras emociones, cuidarnos y ser autocompasivos (puedes consultar el artículo de nuestro blog donde hablamos de autocompasión https://www.psicologiadana.com/el-valor-de-la-autocompasion/). La práctica de una origina el aumento de la otra.

Isabel López Garvía – Psicóloga de Dana Centro de Psicología