RABIETAS

No es ninguna sorpresa para los padres, que una de las situaciones más comunes que atendemos los psicólogos sean las rabietas.

La realidad es que estas rabietas, son uno de los grandes retos de la paternidad. Son difíciles de comprender, de prevenir, e incluso mucho más complicadas de gestionar en el momento que ocurren. Se pueden llegar a convertir en un gran problema para los padres y también para el niño y/o niña, sobre todo si siguen ocurriendo con frecuencia, cuando no son esperables desde el punto de vista del desarrollo.

En qué consiste una rabieta

Las rabietas son una forma de expresar la frustración que sienten los niños pequeños cuando se encuentran ante una limitación, o la ira por no haberse salido con la suya. Es posible, que sea la respuesta, cuando no han entendido algo o no puedan terminar una tarea. Esto es debido a que los niños todavía se encuentran en un estado inicial del desarrollo social, emocional y del lenguaje. Los niños, no siempre pueden comunicar sus necesidades, sus emociones o incluso las ganas de hacer algo por su cuenta, por eso pueden frustrarse. Al mismo tiempo, están aprendiendo que sus conductas influyen en las de los demás. Por lo que las rabietas, son la forma en la que se expresan, intentan manejar sus emociones y tratan de entender y cambiar el mundo que les rodea.

Si los niños están cansados, tienen hambre o se encuentran mal, es posible que su umbral de tolerancia a la frustración sea menor y la probabilidad de un estallido emocional aumente.

La intención de los niños al tener una rabieta no es frustrar, castigar o avergonzar a sus padres. Es la única forma que tienen de expresarse, no existe una intencionalidad oculta, somo los adultos los que damos esa interpretación. Igualmente, las rabietas en ciertos casos pueden considerarse un comportamiento aprendido. Si recompensamos las rabietas de los niños, dándoles eso que quieren después de haberles dicho que no, o permitirles en general que se acaben saliendo con la suya, es probable que las rabietas sigan ocurriendo y cada vez sean más frecuentes.

¿Qué podemos hacer para disminuir la cantidad e intensidad de las rabietas?

No existe un método infalible para prevenir que los niños tengan rabietas, pero hay muchas acciones que podemos poner en marcha para reducir la frecuencia y la intensidad cuando estas aparezcan.

  • Mantener una rutina establecida: Es importante seguir una rutina diaria para que los niños sepan qué esperar, cuándo van a poder dormir o comer. Tener en consideración las necesidades básicas del niño en relación con el sueño o el hambre es muy importante para su bienestar. Hay una clara relación entre la falta de sueño de los niños y su comportamiento. La mayoría de los niños presenta unas necesidades de sueño ajustadas a su rango de edad, pero cada niño es único y puede tener unas necesidades específicas.
  • Intentar no decir siempre que no, ser más flexibles: No podemos decir que no a todo, ya que en ciertos momentos se usara tanto esa palabra que pierda totalmente el significado para los niños. Hay que saber elegir las batallas. Habrá situaciones dónde no podamos evitar usarlo, pero en otras ocasiones podemos decir lo mismo de forma positiva, por ejemplo, en vez de decir “no grites”, podemos decir, “me gustaría que hables más bajito”.
  • Dejar que el niño y/o la niña decida en algunos momentos: Es importante, que, desde temprana edad, los niños adquieran cierto sentido de control, y que puedan tomar algunas decisiones, para ello podemos darles algunas alternativas como, “prefieres zumo de piña o de naranja”, “quieres las zapatillas blancas o rojas”, e incluso que decidan el cuento que quieren leer cada noche.
  • Reforzar las cosas que hacen bien: Es imprescindible que la atención que le ofrecemos a los niños, venga derivada por las conductas o actitudes positivas que lleven a cabo. Debemos especificar y reconocer cuando han gestionado bien una situación, diciéndoles lo contentos y orgullosos que estamos por ello.
  • Ayudarles a entender lo que les ocurre: Debemos de intentar inculcarles el hábito de decir lo que les está pasando, si son muy pequeños, probablemente no sepan si están enfadados, tristes o hambrientos, somos los adultos los que debemos explicarles lo que les puede estar pasando y animarlos a que ellos mismo lo identifiquen.

En conclusión, todos los niños a lo largo de su desarrollo van a tener rabietas. Es importante, saber gestionarlas con calma y entendiendo sus causas para ayudarles a gestionar de una forma adecuada su mundo emocional.

Ana Belén Somolinos – Psicóloga Sanitaria Colaboradora de Dana Centro de Psicología