PROCRASTINAR : ¿PEREZA O MANEJO DE EMOCIONES?

Seguro que alguna vez has oído la palabra procrastinar pero, ¿qué significa realmente? Esta palabra proviene del latín procrastinare y quiere decir postergar hasta mañana. No es simplemente aplazar las tareas, sino que supone hacerlo de forma irracional, pese a que solemos ser conscientes de que hacerlo nos perjudicará. Es posible que alguna vez hayas tenido algún trabajo de clase pendiente o alguna tarea del trabajo por terminar, sin embargo has encontrado alguna actividad mucho más placentera o urgente que realizar en ese momento, como recoger la habitación o mirar las redes sociales. Al mantenerte ocupado, estas tareas se siguen postergando, llegando a ser incluso más productivo en estas actividades secundarias. Al final, has terminado aplazando esas tareas hasta que se ha aproximado la fecha de entrega y has tenido que realizarla a toda prisa para entregarla a tiempo. Este es un claro ejemplo de procrastinación.

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Visto de esta forma, seguro que tu respuesta a la pregunta del título está clara: Pereza. Esto es un error, ya que la gran mayoría de las ocasiones en las que se procrastina las emociones juegan un papel importante. Los procrastinadores sí quieren hacer las tareas que tienen que hacer, pero antes tienen que realizar un gran esfuerzo para conseguirlo. Cuando nos proponemos realizar tareas, muchas veces realizamos una lista extensa de cosas, nos exigimos alcanzar unos estándares difíciles, nos da miedo no llegar a ellos, etc. Por lo tanto, aparece un malestar del que tratamos de huir, lo que nos lleva a dejar las tareas inconclusas o sin empezar. Entonces realizamos otras que nos hacen sentir bien en el momento, como ver una serie o quedar con amigos.

Cantalapiedra, A. (2021). Las preguntas que nos unen. Lunwerg. / @albaricoque_acg

De esta forma, aparece una conducta de péndulo; si la tarea nos desagrada, si buscamos la recompensa inmediata o si aparece el miedo al fracaso y a no cumplir las expectativas, vamos posponiendo llevarla a cabo. Entonces, tendemos a movernos al polo opuesto, posponiendo las actividades continuamente, con el objetivo de evitar el malestar. En ese momento aparecen pensamientos y emociones que nos resultan desagradables, como la culpa por no estar haciendo lo que “debería”, por lo que volvemos a imponernos muchas tareas (“tengo que…”), pasando de nuevo al otro polo. Esta dinámica hace que el malestar siga aumentando, de forma que cada vez es más difícil empezar a realizar las tareas pendientes. Esta es la prueba de que la procrastinación es una mala estrategia de regulación emocional, si bien puede aliviarnos en el momento, solo aplaza los problemas para más tarde.

Entonces, ¿qué podemos hacer?

  • Identifica las causas que te están llevando a posponer las tareas.
  • Planifica lo imprescindible, creando un horario que permita cierta flexibilidad.
  • Prioriza las actividades más importantes y urgentes y dedica menos tiempo al resto.
  • Establece objetivos realistas y metas pequeñas: puedes dividir los objetivos más grandes en sub-objetivos más fáciles de conseguir a corto/medio plazo. Por ejemplo, haciéndote la pregunta ‘¿Cuál es el siguiente paso que debería realizar si quisiera empezar con esta tarea ahora mismo?’ Esto te lleva a la acción de una tarea que se percibe como fácilmente realizable. También evitarás el aburrimiento poniéndote retos, haciendo que las tareas resulten ligeramente exigentes.
  • Céntrate en el camino y no solo en la meta: valorar los esfuerzos y los pequeños logros conseguidos, siendo consciente de los avances.
  • Tómate tu tiempo para reconocer y recompensar tus logros. Es importante valorar lo que hemos conseguido y el esfuerzo que hemos puesto en ello, especialmente con estas tareas que hemos ido posponiendo. Además, el propio hecho de conseguir realizarla ya será una recompensa.
  • Incluye en el horario actividades de ocio y descanso, garantizando así un tiempo para desconectar de las actividades académicas o laborales. Igual que necesitamos parar a repostar cuando realizamos un viaje largo, nuestro cuerpo también necesita parar para recuperar energías y obtener refuerzos positivos en otras tareas.
  • Si ya es demasiado tarde y ya llevas varios días procrastinando, no te tortures pensando en ello y en el miedo de retomar esas tareas. Dedica un momento a reorganizar el horario con el tiempo que tienes disponible, usando algunos de los trucos de los puntos anteriores. Así será más fácil que te enfrentes a ello.

El arte del descanso es una parte del arte de trabajar

John Steinbeck

Marta Alonso Gil – Psicóloga Sanitaria de Dana Centro de Psicología