LAS EXPECTATIVAS, ¿CÓMO NOS AFECTAN?

Seguro que alguna vez has sentido frustración por no llegar a conseguir tus metas o tener resultados diferentes a los esperados. Aquí, es donde entran las expectativas que creamos ante lo que podría pasar de cara a un futuro. Muchas de estas no están ajustadas a la realidad y por ello nos hacen sufrir, ¿cómo podemos cambiar la forma en la que nos afectan?

¿QUÉ SON LAS EXPECTATIVAS?

Las expectativas son creencias que llevamos a cabo de cara al futuro, anticipando lo que podrá ocurrir basándonos en aspectos tanto objetivos como subjetivos. Estos aspectos subjetivos serán los que volverán nuestras expectativas irreales. Por tanto, si no llegamos a cumplir una de estas, nos sentiremos frustrados o decepcionados tanto con nosotros mismos como con los demás.

Todos tenemos expectativas cuando nos marcamos metas y proyectamos hacia un futuro, marcándonos los pasos a seguir hacia estas para un beneficio. Esta ilusión que creamos es la esencia de cada uno, por ello es importante ajustar estas expectativas a la realidad para evitar un sobrepeso de sentimientos negativos y como solemos decir; “tener los pies en la tierra”.

TIPOS DE EXPECTATIVAS

Post it que representa los distintos tipos de expectativas.
  • Predictivas: estas expectativas suelen ser muy recurrentes al anticipar la experiencia que tendremos en un futuro. Por ejemplo, cuando acudimos a un examen, generamos la expectativa de que no se nos dará bien y por tanto suspenderemos. Imaginamos lo que va a pasar basándonos en otras experiencias parecidas o pensamientos irracionales como, “no valgo”, “no merezco aprobar”. Esta expectativa nos lleva a sentir las emociones del futuro sin que haya pasado generándonos inseguridad aunque no haya ocurrido aún.
  • Normativas: estas tienen su fruto en las normas que asumimos y conocemos tanto a nivel social y personal. Por ejemplo, esperamos que el médico de cabecera me recete medicamentos para el dolor de garganta o que el dependiente de una tienda me atienda amablemente cuando me dirija a caja.
  • Merecimiento: estas expectativas pueden que sean las más subjetivas ya que son las que creemos merecer debido a nuestro esfuerzo, capacidades o lo que hayamos hecho en alguna situación. Por ejemplo, en una relación de pareja a veces creemos que merecemos más por lo que hemos aportado en la relación o cuando por mi trabajo merezco un ascenso. No nos basamos en los imprevistos o deseos de los demás y tenemos que tener en cuenta los pensamientos irracionales que podemos tener en estas situaciones, puesto que nos pueden generar sufrimiento e indignación al no cumplirse.

¿CÓMO MANEJO LAS EXPECTATIVAS?

  • Diferenciar las expectativas reales e irreales: identificar si la expectativa que tengo sobre uno mismo o lo que está por ocurrir se basa en aspectos objetivos. Siempre es mejor plantearse expectativas más pequeñas para poder avanzar a conseguir lo que queramos.
  • Evitar la anticipación: no sabemos qué pasará o no en un futuro aunque anteriormente hayamos experimentado vivencias difíciles. Centrarnos en el presente nos ayudará a estar más cerca de nuestras metas y poder cambiar pequeños pasos dentro de esta.
  • Buscar expectativas propias: no buscar cumplir las expectativas de los demás ni las que ellos esperan de ti. Muchas veces pensamos que tenemos que cumplir ciertas cosas para que los demás estén satisfechos. Centrarnos en uno mismo y lo que queremos nos hará crecer personalmente y nos proporcionará un mayor bienestar.
  • Comunicar las expectativas: manifestar nuestras expectativas puede ayudarnos a estar más cerca de cumplirlas, dejándonos ayudar y exponer nuestro punto de vista sobre estas. Muchas veces no tenemos claro cómo enfocarnos en los pasos a seguir y comunicarlas puede ser el principio del camino para ello.

Bibliografía

Borondo, J. P., Aynesa, E. J., Pascual, C. O., & Sierra, Y. (2016). Diez tipos de expectativas. Revista Perspectiva Empresarial, 3(1), 109-124. https://doi.org/10.16967/rpe.v3n1a7

Cristina González Fernández – Psicóloga Colaboradora de Dana Centro de Psicología