INMEDIATEZ EN LA ERA CONTEMPORÁNEA: FRUSTRACIÓN

Hace unas semanas escuchaba un podcast de un profesor de la Universidad de Sevilla, José Barrientos-Rastrojo, en el que hablaba de cómo los humanos habíamos sido capaces de modificar la naturaleza a nuestro antojo. Perfilando las tecnologías que utilizamos, adaptándolas de esa forma a nuestras necesidades. Y es que, por ejemplo diseñamos smartphones que tienen la medida de nuestros pulgares para poder escribir de forma cómoda, y poder utilizar la pantalla táctil ágilmente.

Darwin, en su Teoría de la evolución, hablaba de cómo las criaturas que se iban adaptando al entorno eran las que sobrevivían e iban pasando sus genes de generación en generación. Pero es que el ser humano tras la revolución industrial en la década de 1870 comenzó a transformar las reglas del juego de la vida. Y eso se vio multiplicado después de la segunda guerra mundial cuando la tecnología ya no estaba solo en el ejercito, sino que empezar a formar parte de los hogares de las personas, a través de la televisión o el teléfono.

Y en este punto es el debate y la reflexión que abrimos a continuación.

Desde hace unos años se ha empezado a hablar de generaciones, que si la generación Z, los milleniars, los boomers (con más edad que los anteriores) etc. De la generación Z se dice que es la “generación de cristal”, personas que han crecido en esa revolución de las teologías desde su infancia y se encuentran frustradas, y descontentas con lo que el mundo tiene que ofrecerle.

Y es que este es un mundo en el que a pesar de que tengas muchos likes en redes sociales, puede que tus amigos no te tengan en cuenta cuando van a comprar entradas para un concierto. Un mundo en el que te sientes solo cuando dejas de mirar la pantalla con la que te relacionas. Un mundo en el que no hay refuerzos inmediatos, en el que la realidad no te da estímulos constantes en los que centrar tu atención. En el que es fácil conocer gente a través de las redes sociales o de las aplicaciones de citas, pero que no te enseñan como mantener las relaciones, ni cómo exponerte a las emociones o necesidades de los otros. Un mundo en el que para conseguir todo eso tienes que exponerte a la vulnerabilidad, al miedo al rechazo (algo casi innato en los humanos) y al dolor que ello conlleva.

Incluso si quieres comer una pizza en tu casa solo tienes que escoger entre 7 locales diferentes, y en 30 minutos sin salir de casa ya tienes tu pedido ¡¡Que digan eso a los italianos de hace 50 años que tenían que dejar la masa de la pizza fermentando durante horas y preparar el horno de piedra para llegar a tener una buena cena!!

Vivimos en una era en la que te puedes comunicar con personas alrededor de todo el mundo, y de forma inmediata, sin esperar semanas a que llegase una carta a través de un barco, o meses incluso.

También puedes acceder a todo tipo de información de forma constante e inmediata, donde da igual la pregunta que te hagas porque simplemente tecleando eso en una pantalla sabes que vas a obtener respuesta. A diferencia del s. III a.C cuando en la biblioteca de Alejandría albergaba todo el conocimiento del mundo en 34 rollos de pergamino, a los que solo podían acceder unas pocas personas. *(¿y qué ocurre con la frustración cuando no obtenemos respuesta a nuestras preguntas,? ¿o cuando hay cuestiones que no se pueden resolver? Porque así es, hay veces que no vamos a obtener respuesta.)

…y aquí en donde surgen las frustraciones, cuando una sociedad en la que estamos acostumbrados a la facilidad y la inmediatez se da cuenta de que no todo vale.

Cuando nos damos cuenta de que las reglas que rigen las tecnologías son diferentes a las que se experimentamos después en el mundo. Cuando vemos que en las relaciones sociales no basta solo con dar like, o ser seguidor de alguien, sino que hace falta tiempo y esfuerzo para hacer que crezca la semilla que contiene una relación. Cuando nos damos cuenta de que los entramados de la comunicación y de los fallos de la misma llevaban a desacuerdos y discusiones.

 

 

Marian Rojas, psiquiatra divulgadora por redes sociales y vídeos, nos analiza como las tecnologías están diseñadas para reforzarnos de forma artificial (poca esfuerzo gran recompensa), y así es como tenemos grandes flujos de dopamina dentro de nosotros (que es la hormona que segrega nuestro cuerpo cuando recibe placer o algo que le gusta), que no se dan en otros canales en nuestro día a día. Aquí es cuando muchas personas que se relacionan muy bien con las tecnologías se dan cuenta de que viven en un mundo “muy aburrido”, donde “no tienen motivación por hacer las cosas aburridas”, o que se preguntan “por que tienen que hacer algo que no quieren o que no les apetece”.

Con esto no quiero decir que las tecnologías sean malas, ni que haya que eliminar las redes sociales, o los canales donde se puede conocer a personas, o si quiera los comercios inmediatos a través de la red. Ni si quiera que haya que volver a los tiempo antiguos en los que las cosas se hacían de forma artesanal y había que esperar horas o días para obtener una respuesta a alguna de estas cuestiones que hemos planteado.

Lo que hay que entender de todo esto, es que los tiempos están cambiando, y las reglas entre ambos mundos también. No se puede hacer una generalización, y abstracción de la reglas sobre cómo funciona el mundo, sino entender el proceso y las reglas que sí que tienen cada uno de ellos. Entender que aunque haya cosas que sean inmediatas, no todo lo es. Entender que el esfuerzo y la perseverancia es muchas veces lo que marca la diferencia para avanzar hacia nuestros objetivos y metas.

Entender que no siempre se libera dopamina en cada cosa que realizamos, que en ocasiones el refuerzo aparece de forma demorada, o incluso no aparece, pero que aún así hay tareas poco estimulantes (o no motivantes) que hay que hacer: como estudiar matemáticas, madrugar por las mañanas, o poner una lavadora.

De estas forma empezaremos a adaptarnos a la transición del mundo tecnológico en el que nos ha tocado vivir, y que va a seguir en movimiento hasta que nosotros ya no estemos en él.

De esta forma aprenderemos a manejarnos en la frustración que nos genera.

De esta forma aprenderemos a vivir en paz con nosotros mismos y con nuestro entorno.

 

Bibliografía:

  • Casacuberta, D. (2021). La era de Casandra: una apología del no saber(Vol. 19). Edicions UAB.
  • Darwin, C. (2004). El origen de las especies: El origen de las especies.
  • David Cabrera, S. J. (2019). Marian Rojas Estapé. Cómo hacer que te pasen cosas buenas. Razón y fe, 279(1437), 119-120.
  • Morris, D., & Aleu, J. F. (2004). El mono desnudo. Random House Mondadori.
  • Vallejo, I. (2019). El infinito en un junco: la invención de los libros en el mundo antiguo(Vol. 105). Siruela.

 

Laura Rumoroso Revilla, Psicóloga sanitaria colaboradora en Dana Centro de Psicología