HERIDAS EMOCIONALES

Todos tenemos alguna cicatriz de alguna herida que nos hicimos de pequeños. Recordamos cómo nos la hicimos y cómo nuestros padres u otros cuidadores nos curaron la herida y nos acompañaron durante el dolor que sentimos. No obstante, existen otro tipo de heridas que son más difíciles de apreciar tanto para el que las sufre como para los que le rodean. Denominamos heridas emocionales al impacto que experimentan las personas en su sistema de creencias al vivir determinados sucesos significativos. Cambia el modo en que se perciben a sí mismas, a los demás y el ambiente que les rodea y este cambio se mantiene en el tiempo. Debido a las consecuencias que esto puede generar es muy común que se trabajen en terapia, ya que pueden favorecer que desarrollemos relaciones poco sanas con los demás o que adoptemos una imagen muy negativa o poco realista de nosotros mismos. Aunque pueden surgir heridas emocionales durante todas las etapas de la vida la mayoría provienen de episodios vividos durante la infancia.  

Tipos de heridas emocionales

Herida de abandono

El sentimiento de abandono es un concepto muy amplio que hace referencia a cuando uno no se siente protegido y percibe que sus necesidades no son importantes; no implica únicamente cuando nuestros cuidadores desaparecen físicamente o están mucho tiempo ausentes. ¿Qué situaciones pueden favorecer esto?

  • Cuando se intercambian los roles de cuidador y cuidado
  • Cuando no se escucha a los niños o no se le da importancia a sus preocupaciones o problemas
  • Cuando no se dedica tiempo a jugar con ellos
  • Cuando se emplea como castigo la retirada del afecto. Esto no significa que nunca haya que castigarles, pero esta no es la forma adecuada

La vivencia de estas situaciones favorece que las personas sientan mucho miedo a la soledad y al abandono, e inseguridad y desconfianza ante personas desconocidas. A la hora de relacionarse suelen tener dificultades para negociar y llegar a acuerdos, poner límites o hacer peticiones.

Herida de traición

Nos sentimos traicionados cuando nuestros cuidadores no cumplen sus promesas o actúan de forma totalmente diferente a lo que habían dicho. Esto genera en los niños un gran malestar al sentir desconfianza, inseguridad, rabia, envidia, resentimiento, ansiedad… Sienten que no pueden confiar en los adultos para satisfacer sus necesidades y que, por tanto, no pueden sentirse vulnerables o tranquilos porque puede que les suceda algo malo. Es muy común que más adelante tengan problemas para gestionar la ira y relacionarse con los demás, ya que les costará confiar en ellos.

Herida de humillación

Es muy común que esta se genere a partir de bromas repetidas que los adultos hacen sobre algún aspecto del niño (sus habilidades, su aspecto físico…). Al recibir este mensaje en tono humorístico los menores pueden apreciarlo como algo sin importancia, pero que acaba favoreciendo que construyan una imagen de sí mismos negativa, sintiendo culpa o vergüenza por esas características que han sido objeto de broma. También es muy común que asocien que alguien que me quiere se puede reír de mí o que les cueste poner límites sanos en su relaciones, ya que sentirán que se están comportando de forma exagerada o ridícula. También es frecuente que les resulte difícil abrirse o ser naturales con los demás. Otras situaciones que pueden generar esta herida son aquellas en las que los menores sufren abuso sexual por parte de un adulto cercano que se aprovecha de la confianza que tiene sobre él y del desconocimiento del niño en lo relativo a la sexualidad. Esto lleva a que los menores se sientan muy confusos y culpables por si ellos son los responsables de lo que está sucediendo.  

Herida de rechazo

Silenciar a un niño, avergonzarle por haberse comportado de una forma que consideras inadecuada o compararle con otros menores pueden provocar que aprenda que sus cuidadores rechazan su forma de ser y de comportarse. Esta falta de aceptación y apoyo provoca que intente hacer lo que esperan de él para que así se sientan orgullosos, lo cual les hace sentir que no son suficientes o no están a la altura. Sienten una gran necesidad de aprobación, por lo que en sus relaciones con los demás tiendan a interpretar que les rechazan, a evitar los conflictos o priorizar las necesidades del otro.  

Herida de injusticia

Criar en entornos en los que se exige mucho y se transmite poco o escaso afecto puede favorecer que los menores sientan mucha rabia por no poder alcanzar estos estándares de perfección y que tengan mucho miedo de equivocarse. Adoptan normas y creencias rígidas sobre cómo deben ser y actuar ellos, los demás y el mundo, para evitar la incertidumbre que supone confiar en alguien y que te pueda tratar injustamente. Por tanto, es muy común que tengan dificultades para relacionarse con los demás, ya que son muy inflexibles para llegar a acuerdos y les cuesta respetar los límites.

Con esta entrada no pretendemos transmitir la idea de que haber vivido puntual o repetidamente alguna de las situaciones mencionadas garantiza que tengamos una herida emocional, ya que estas vivencias pueden no haber afectado a nuestro desarrollo emocional. Tampoco busca culpabilizar a los cuidadores, ya que la crianza es un proceso muy complicado que se hace lo mejor que se puede. El objetivo es ayudar a entender de forma más compasiva el origen de algunas dificultades que podemos tener en el momento actual o si lo necesitamos pedir ayuda a un profesional.

Bibliografía

Boureau, L. (2021). Las cinco heridas que impiden ser uno mismo. Planeta Publishing Martínez, M. (2022). Que sea amor del bueno. Zenith

Belén Sánchez Rodríguez – Psicóloga colaboradora de Dana Centro de Psicología