¿ES TU AUTOEXIGENCIA UNA BUENA COMPAÑERA?

En la actualidad en la que vivimos nos rodeamos de múltiples exigencias; bien pueden ser laborales, sociales, familiares o cómo no, las personales. En esta sociedad que va tan deprisa cuesta tomarse un respiro donde las tareas a realizar parecen infinitas, así como los cuestionamientos que nos hacemos sobre las mismas parecen del mismo modo no tener fin “¿Soy buena hija/amiga/padre/novio?”, “no puedo cometer errores”, “¿me aprecian mis amigos?”…

La autoexigencia es muy importante para crecer como persona, mejorar, superarse o ser la mejor versión posible de nosotros mismos. Es muy importante saber ver nuestros errores, las cosas que podemos mejorar, y las que no. Aceptar nuestros fallos y aprender de ello. Sin embargo, cuando aparece de manera excesiva puede ser una forma de relacionarnos con nosotros mismos, donde el sentimiento que prevalece es el de “nunca es suficiente”. Este “nunca es suficiente” puede llevarnos al estrés constante.

Encontrar una nueva forma de relacionarnos con nosotros mismos requiere un proceso físico, emocional y espiritual amable y nutriente. Una forma de hacer esta evaluación es revisar como nos hablamos a nosotros mismos, si nuestro auto-diálogo es destructivo o constructivo. En este sentido, quizá podamos hablar de autoexigencia como un jefe tirano o como un buen líder.

 Cuando nuestra autoexigencia aparece como un jefe tirano:

  • Nos hablamos con lenguaje peyorativo, de forma desagradable e incluso violenta. En este punto muchas veces nos decimos frases del tipo: “eres tonto”, “estaba claro que lo ibas a hacer mal”, “no sabes hacer nada bien”…
  • Señalamos los errores de forma exagerada, poniendo en duda todas nuestras capacidades por un error o fracaso. Nos olvidamos de que los errores forman parte del proceso de aprendizaje y no nos etiquetan ni a nosotros ni a hechos concretos y puntuales. Encontramos frases como: “No hago nada bien”, “no valgo para nada”…
  • Nos decimos cosas como “Tengo que hacerlo bien”, “Tengo que hacer hoy 3X entregas”, “No puedo fallar”, “No te equivoques esta vez”…de manera constante. Resaltamos el deber u obligación de cumplir con las expectativas. De esta manera nos quemamos a nosotros mismos.
  • Buscamos la perfección, un listón bastante alto donde nos marcamos expectativas exageradas.
  • Todo esto nos lleva a no valorar nuestros logros dado que las cosas que teníamos que hacer eran meras obligaciones o deberes, así los pasamos por alto o los damos por hecho. No les prestamos atención, si hacemos 8 cosas muy bien y comentemos un pequeño error en una, nuestro jefe interior se centrará en el error y en la crítica destructiva.

Sin embargo, si nuestra autoexigencia actúa como un buen líder:

  • Nos hablamos desde el cariño y el respeto: Nos podemos fijar en nuestros errores pero también en lo que podemos mejorar desde el respeto: “Aprenderé de este error y la próxima vez lo tendré en cuenta”, “hoy no hice lo que tenía previsto, me gustaría organizarme mejor”).
  • Somos objetivos en las valoraciones que hacemos, analizamos la situación concreta, sin generalizar o exagerar de forma negativa: “Me equivoqué porque estaba muy cansado hoy y me costaba mantener la atención, quizá  podría haber pedido a alguien que lo revisara antes de entregarlo”)
  • Mejoramos nuestro auto-diálogo: una buena manera es cambiar los “tengo”, “debo”, etc. por “quiero”, “me gustaría”, esto también nos permite automotivarnos al darnos margen y disfrutar en el camino: “Me gustaría tener lista la primera parte para el viernes”, “Hoy quiero dejar hecha la limpieza de casa”.
  • Nuestras expectativas son realistas: nos centramos en las metas a corto plazo, con una buena planificación de objetivos.
  • Analizamos el error centrándonos en cómo mejorar o qué podemos aprender de él, ya que una buena autocrítica implica no sólo reconocer los errores sino aprender de ellos. Hemos de ser conscientes de que equivocarse es parte del proceso de aprendizaje. “Saber fracasar es aprender cómo ganar” (Carl Sandburg).
  • Felicitarnos por el buen trabajo y valorar lo que hemos hecho bien nos permite desarrollar nuestras potencialidades y conocer nuestras capacidades.
  • No nos presionamos hasta el agotamiento, nos damos margen. Por ejemplo, practicar o estudiar muchas horas por ejemplo, pero sin “forzar la máquina”, reservando un tiempo a desconectar y al descanso. Es importante no priorizar el esfuerzo por encima de todo, sino dar espacio también al ocio, vida social y familiar, etc.
  • Nos centramos en el proceso, no solo en los resultados, aunque conseguir nuestros objetivos está muy bien, en ocasiones no es posible, pero podemos fijarnos en el proceso y perfeccionar el método, disfrutar y aprender por el camino, valorar el esfuerzo y no sólo los resultados.

Atendiendo a todos estos puntos podemos fomentar nuestro auto-diálogo de una manera en la que no nos presionemos hasta el agotamiento y seamos amables con nosotros mismos.

Bibliografía: Cohen, J. (s.f) La autoexigencia como generador de estrés, angustia y vacío existencial.

Noelia González Viniegra – Psicóloga Sanitaria de Dana Centro de Psicología