¿ES IMPORTANTE LA ALIANZA TERAPÉUTICA?

Las investigaciones se han esforzado mucho en buscar que es lo que sí, o lo que no funciona,  cuando se lleva a cabo un proceso psicológico. Se ha dedicado tiempo a valorar si concretamente, la alianza terapéutica, es una variable importante que incrementa la posibilidad de éxito en terapia.

Todos los estudios han demostrado que este tipo de vínculo que se establece en consulta promueve que el paciente consiga lograr sus objetivos terapéuticos.

A continuación, os contaremos en qué consiste este vínculo, sus componentes y cómo se consigue una buena alianza terapéutica.

 

 

 

¿Qué es alianza terapéutica?

 

La alianza terapéutica es el vínculo que se crea entre el paciente y su terapeuta. Se entiende como una relación basada en la confianza, la sinceridad y la empatía, lo que hace que cuando acudes a consulta, puedas abrirte, mostrarte como eres y hablar abiertamente de lo que te sucede para así obtener ayuda y solucionar tus problemas sin sentirte juzgado o valorado.

Si por el contrario, esto no se produce, es decir, el paciente siente que no tiene “feeling” o confianza en su psicólogo, la terapia puede arrastrar un gran lastre que dificultaría la consecución del bienestar del paciente o incluso, el abandono de la terapia.

 

Esta alianza se establece desde el primer contacto con el paciente, y por ello, el psicólogo debe crear un entorno seguro y cálido, así como, mostrar interés por el motivo de consulta de la persona con la que se está trabajando y entender mejor su situación personal. A groso modo, las habilidades terapéuticas que el psicólogo debe reflejar son empatía, escucha activa y objetividad. Además de, explicar de forma clara y cercana en qué consiste un proceso terapéutico, qué puede esperar de él y aclarar dudas del paciente.

 

Componentes de la alianza terapéutica

 

Según Bordin (1994), la alianza terapéutica tiene esencialmente tres componentes:

  • La relación que se establece con el paciente. La base se establece mediante lo que Rogers llama “la aceptación incondicional del paciente”. Comprendida como la aceptación positiva incondicional, en la que el terapeuta tiene una actitud total de respeto y aceptación de las vivencias y sentimientos del paciente.
  • Grado de acuerdo de los objetivos a conseguir entre paciente y terapeuta. Refiere a ayudar al paciente a definir los objetivos que se pretenden conseguir en la terapia y a alcanzar con él un acuerdo para conseguirlos.
  • Grado de acuerdo con los medios o las tareas para conseguir dichos objetivos. Consiste en que el terapeuta explique al paciente las técnicas que va a utilizar y lo que pretende con ellas. Si tiene alguna duda, el inicio de la terapia es un buen momento para resolverla, de forma que la implicación del paciente en la terapia, despejadas estas dudas, será mayor.

 

¿Cómo conseguir que se produzca la alianza terapéutica?

 

Si bien es cierto que la alianza terapéutica se consigue gracias a la implicación de ambas partes (paciente y psicólogo), vamos a detallar algunas pautas para favorecer un buen vínculo.

 

  • La escucha activa. Se trata de escuchar al paciente sin juzgarlo, puesto que para que se abra completamente a ti y confíe necesita saber que, pase lo que pase, se le va a escuchar si ninguna otra intención que ayudarle y enseñarle estrategias o herramientas para aliviar el malestar. Además, el paciente suele necesitar escucharse a sí mismo, darle voz a sus pensamientos. No temas citarle literalmente, así sabrá que le escuchas y le servirás de espejo para analizar su propio discurso mental.
  • La empatía. Habilidad para ponerte en el lugar del paciente y así, poder entender lo que siente y no solo eso, sino para hacérselo ver. Expresarle cómo te sentirías tú -no lo que harías- en su situación suele ayudar, trabajando a través de la comprensión y generando mayor confianza.
  • Reducir la incertidumbre sobre lo que sucede en la terapia. Consiste en ser trasparente con el paciente. Exponer cómo ves lo que le ocurre, que a pesar de que sus estrategias suponen malestar es más común de lo que se piensa, explicar cómo vais a trabajar con sus dificultades y establecer los objetivos que se pretenden alcanzar con él para consensuarlos y hacerle partícipe de su propio proceso de mejora.
  • Capacidad de adaptación. Cada paciente es un mundo, con su forma de percibir la realidad, su propia manera de vivir las cosas y su propio lenguaje. Adaptarse a ellos es la primera manera de sentirse comprendido.
  • Sinceridad y honestidad. Imprescindible ser sincero y no transmitir falsas esperanzas de una recuperación rápida si no las hay. Al igual que el psicólogo debe ser lo suficientemente sincero con él mismo y con el paciente para aceptar que hay cosas que desconoce y ofrecerse si es necesario para buscar la información o para derivar el caso si supera sus conocimientos.

 

En conclusión, como hemos visto, la alianza terapéutica es en sí misma un vínculo sanador, porque por sí misma, produce cambios en el paciente que hacen que mejore su bienestar emocional. Como psicólogos, somos conscientes de que no existe nada más terapéutico que sentirse escuchado y comprendido en los momentos de malestar. Por eso, una buena alianza terapéutica, podría considerarse una terapia en sí misma.

 

 

Bibliografía

 

Bordin, E. S. (1994). Theory and research on the therapeutic working alliance: New directions. En A. O. Horvath & L. S. Greenberg (Eds.), The working alliance: Theory, research and practice (pp. 13-37). New York, NY: John Wiley & Sons.

 

 

Marta Carretero Rincones – Psicóloga Sanitaria Colaboradora de Dana Centro de Psicología