El concepto de depresión es un término muy utilizado, no nos resulta extraño escuchar a alguien decir “estoy deprimido” o “estoy en una situación deprimente”, pero la depresión va más allá de un simple estado de tristeza o apatía, encontramos alteraciones del sueño, del apetito, falta de energía, dificultad para concentrarse, pensamientos negativos… Y si tenemos a alguien en nuestro entorno en esta situación nos resulta muy complicado ayudarle a salir de ese estado. Veamos cuál es la trampa de la depresión para entender qué factores mantienen a una persona enredada en ella.

 

Si nos fijamos en el esquema, vemos cómo cada uno de los factores se retroalimenta entre sí. Los pensamientos que solemos encontrar giran en torno a una visión negativa de sí mismo “no sirvo para nada” o “soy un estorbo”, de su mundo “a quién le voy a contar, bastante tienen los demás con lo suyo” y del futuro “nunca voy a salir de esto”. Estos pensamientos influyen en nuestro estado de ánimo haciendo que nos sintamos más deprimidos, así como influyen en nuestra predisposición a participar en diferentes actividades. Cuando el estado de ánimo va siendo progresivamente más bajo hace que se abandonen aquellas actividades que antes nos resultaban agradables.

El problema añadido es que, al dejar de hacer aquello que nos gusta, por la tristeza y apatía, dejamos de recibir la satisfacción que antes nos producían aquellas actividades (sentirnos parte de un grupo, confianza, risas, nuevas experiencias…), por lo que nosotros mismos facilitamos un mayor deterioro de nuestro estado de ánimo, sintiéndonos todavía más tristes y deprimidos.

Cuanto más deprimido se está y cuántas más actividades agradables o placenteras se han abandonado, más pensamientos negativos acuden a nuestra cabeza. Es decir, cuando más deprimido se está y menos se disfruta con lo que se hace más malestar se siente.

 

 

¿Cómo romper el círculo vicioso?

Tras ver cómo se mantiene el estado depresivo, podemos poner en marcha diferentes herramientas que nos ayudan a salir de él.

Es importante analizar cómo los pensamientos nos limitan, en los casos más leves de depresión aún los pacientes tienen la capacidad de detectar esta tendencia a centrarse en los aspectos negativos, pero a medida que la depresión se va agravando a la persona le resulta más complicado darse cuenta de cómo estos pensamientos suponen un problema para su estado de ánimo.

Progresivamente habrá que retomar aquellas actividades que en el pasado nos resultaban placenteras, a pesar de que en este momento no nos parezcan tan atractivas o no lleguemos a disfrutar como antes. Dedicar tiempo a los amigos que hemos podido dejar a un lado, haciendo actividades en grupo o con una sola persona de nuestra confianza. Retomar, si lo hemos abandonado, el aseo y cuidado personal.

Realizar un plan diario con los momentos que vamos a dedicar al descanso, a obligaciones y disfrute; esto nos ayudará a ver los progresos que vamos haciendo y darnos cuenta de la capacidad que tenemos para hacernos cargo de nuestras responsabilidades y de continuar disfrutando.

Si tras varios intentos la persona no consigue ver mejoras en su estado de ánimo, es recomendable ponerse en manos de un profesional que le ayude a detectar dónde está la dificultad y cuáles son las herramientas que le faltan para poder ver progresos.

 

Con frecuencia una alegría improvisada vale más que una tristeza cuya causa es verdadera”

René Descartes

 

María Hernández García – Psicóloga Sanitaria de Dana Centro de Psicología