“¡Apágate, apágate breve llama! La vida es una sombra que camina, un pobre actor que en escena se arrebata y contonea y nunca más se le oye. Es un cuento que cuenta un idiota, lleno de ruido y de furia, que no significa nada.”

            -William Shakespeare, La Tragedia de Macbeth

En esa cita Shakespeare hace referencia a la injusticia o desengaño que sufrimos a veces las personas cuando sufrimos una muerte y cómo sentimos la falta de significado vital cuando llega el momento de afrontarlo.

Todas las personas a lo largo de la vida han sufrido alguna pérdida de un ser querido, una ruptura sentimental o el fin de una etapa de su vida.

Cuando sufrimos una pérdida cada persona afronta ese momento de muy diferentes maneras. Este proceso es único y se ponen en manifiesto diferentes técnicas de afrontamiento.

Durante los primeros días es común el estado de shock, aunque la mente entiende que esa persona (o esa situación) no está contigo, aún no ha sido capaz de procesar e interiorizarlo. Conforme pasa el tiempo, durante las primeras semanas se pueden observar diferentes formas de afrontamiento, hay personas que necesitan llorar, hay personas que continúan su vida sin aparentar cambio, hay personas que necesitan evadirse, es común también el sentir la presencia del ser que se ha ido, o que se aparezca durante los sueños, o incluso verlo u oírlo.

Cualquiera de estas circunstancias (y muchas otras que puedan surgir) son necesarias e idiosincráticas del proceso por el que estamos pasando. Y al igual que nuestras reacciones son únicas, también son diferentes dependiendo de cuál sea nuestra pérdida. Es posible que con cada una de ellas nuestras reacciones sean diferentes, es decir, podemos sufrir la pérdida de nuestro perro y también romper una relación de amistad con una persona de confianza. Y por un lado, comprar otro animal de compañía que intente llenar el vacío que sentimos. Y, por otro lado, llorar la ruptura y la decepción que te ha generado tu antiguo amigo, y generar cierta inseguridad a la hora de volver a confiar.

Poco a poco estas acciones van a ir cambiando y se van a ir adaptando a la vida de la persona. El primer año suele suponer un reto, quizás más en fechas señaladas, como cumpleaños o fiestas en las que ya no va a estar esa persona.

 

Tareas del duelo

William Worden en uno de los psicólogos especializados en duelo. Desde su teoría propone  4 tareas por la que las personas pasamos para poder afrontar el duelo:

  • Aceptar la realidad de la pérdida: como se ha descrito antes, esta primera etapa es muy personal, cada persona puede vivir la pérdida de manera muy diferente y en tiempos muy dispares también (en el mismo momento, al cabo de 2 días, de 1 semana…). Para poder facilitar la consecución de esta tarea, es de ayuda poder expresar las emociones que se tienen, las circunstancias de la muerte, lo que la persona significaba para uno, los defectos que tenía, hablar de todo relacionado con el cambio de una manera abierta.
  • Trabajar las emociones y el dolor de la pérdida: en ocasiones evitamos sentir la tristeza o el enfado para no preocupar a la gente de nuestro entorno o porque el enfado está peor visto en la cultura occidental. Este tipo de emociones son comunes que aparezcan durante el trascurso del duelo y es adecuado poder sentirlas, dejar que permanezcan con nosotros e incluso compartirlas con otros, exteriorizarlas y hacerlas patentes, tanto estas como sensaciones de soledad o angustia.
  • Adaptarse al ambiente: adaptar ese vacío que ha dejado la persona dentro de nuestra vida, tanto las responsabilidades que asumía, como las necesidades que nos podía cubrir (de apoyo, de cercanía, económica…) y que ahora hay que volver a adaptar. Por lo tanto, tenemos que volver a reajustarnos nosotros mismos, modificar nuestra rutina y entender el mundo de una manera diferente.
  • Recolocar al fallecido emocionalmente y continuar sin él: en esta etapa se le otorga un lugar dentro de nosotros y también de manera simbólica dentro de nuestra vida (los aprendizajes que hemos hecho, los problemas que se han afrontado…). Es decir, se le concede una historia dentro de nuestra vida y se le da sentido su presencia dentro de nosotros, hay un cambio en la perspectiva de la pérdida. Puedes continuar tu vida aunque ya no exista ese dolor, porque eso no significa que no lo quieras o que lo hayas olvidado, sino que has encontrado sentido a su existencia dentro de ti.

Estas tareas no son lineales, es decir, se puede saltar de una a otra, se puede retroceder y después avanzar. Una vez más, cada persona lo puede vivir de manera diferente.

En el caso de las rupturas sentimentales este proceso puede ser más complicado porque la persona sigue existiendo de manera física. En estos casos se recomienda que al menos hasta que se haya realizado de una manera adecuada el proceso de duelo no haya ningún tipo de contacto con la persona implicada.

 

 

“El tiempo no vuelve atrás, por lo tanto planta tu jardín y adorna tu alma. Entonces y sólo entonces sabrás realmente lo que puede soportar; que eres fuerte y que podrás ir mucho más lejos de lo que pensabas cuando creías que no se podía más.”

            -William Shakespeare, Aprenderás.

Laura Rumoroso – Psicóloga Sanitaria de Dana Centro de Psicología