En los últimos años estamos viviendo situaciones que nos acercan o nos fuerzan a tener contacto con la muerte de una u otra manera. Uno de los miedos más comunes es el hecho de tener que comunicar una mala noticia a los/as menores o adolescentes, así como qué hacer con estos en los diferentes rituales funerarios, cómo reaccionar ante ellos durante nuestro proceso de duelo.. etc. Vamos a intentar responder a algunas de esas cuestiones tan normales y comunes que suelen tener los adultos en estos momentos.

Un pensamiento muy generalizado es el de pensar que los/as menores presentan una dificultad para procesar la muerte, si bien tendremos que tener en cuenta el momento evolutivo en el que se encuentran y adaptarnos a este, eso no significa que podamos mantenerlos al margen o con explicaciones erróneas de forma indefinida. Explicar la muerte de un ser querido es complicado, más cuando tratamos de comunicárselo a los más pequeños. Sin embargo, es necesario para que también puedan comenzar su proceso de duelo, de lo contrario, podría derivar en complicaciones para los mismos.  Hay que recordar que niños y adultos tienen sentimientos similares ante la enfermedad y las pérdidas. Si bien la tentativa de no comunicar o de evitarles los rituales funerarios viene de una intención protectora, esto dificultará el proceso y les apartará de una situación fundamental de sus vidas. Es imposible evitarles todo el dolor, además, ellos/as notan cuando algo nos afecta o no va bien, lo que provoca que, a su vez, también intenten protegernos a nosotros evitando preguntarnos dudas que tienen por temor a hacernos daño. Todo ello nos impide brindarles el apoyo, acompañamiento y cariño que necesitan.

 

 

¿Qué hacer con el tanatorio?

 

Si bien puede generar mucho miedo, que los/as menores participen en los rituales funerarios les ayuda a iniciar el proceso de duelo, puesto que son ceremonias que nos ayudan a decir adiós, tanto a adultos como a menores. Algunas recomendaciones importantes:

1. Anticípale qué se va a encontrar: cómo es el lugar y el ritual, qué emociones expresarán las personas que están.. todos los detalles que se nos ocurran.

2. Acompáñale durante la ceremonia

3. Facilita la expresión emocional: con la expresión del adulto el menor entenderá que las emociones son algo natural y que no hay que sentir vergüenza o miedo al expresarlas.

 

Consejos prácticos para comunicar la mala noticia a un/a menor o adolescente

 

¿Cuándo? Lo antes posible

¿Quién? La persona más cercana y con confianza que tenga el/la menor o adolescente.

¿Cómo? Adecuándonos a la edad, lenguaje sencillo y claro, sin evitar las palabras muerte o murió y diciendo la verdad en todo momento (en términos que comprendan). Además, será fundamental emplear un tono de cariño, mostrándonos disponibles a sus posibles dudas y aportándole seguridad y protección.

¿Dónde? En un lugar tranquilo en el que, a ser posible, no vaya a haber interrupciones

Tras la comunicación del fallecimiento es primordial acompañarle en todo momento, observando las posibles necesidades que pueda tener y pudiendo mostrarnos disponibles para ellos/as.

 

 

Diferencias del momento evolutivo

El proceso de duelo y la comprensión de la muerte son diferentes en cada persona y dependen del momento del desarrollo en el que se encuentran, además de la idiosincrasia de cada cual. Algunas diferencias en relación al momento evolutivo:

De 0 a 2 años: desconocen lo que es la muerte, aunque perciben cambios en el entorno y la ausencia de la persona fallecida, pueden vivirlo como abandono e inseguridad. Será importante mantener rutinas y su figura de referencia, además de contarles lo sucedido de manera adaptada a su edad.

Entre 3 y 6 años: todavía no han adquirido el concepto de irreversibilidad de la muerte. Será importante dar la información de forma gradual, en diferentes momentos, respondiendo a las preguntas con honestidad. No se debe tener miedo a mencionar la palabra muerte.

Entre 7 y 10 años: ya son conscientes de la irreversibilidad de la muerte. Durante esta etapa adquieren también el concepto de universalidad, por lo que pueden temer por su vida o la de sus seres queridos. Por ello será fundamental prestar atención a los posibles sentimientos de culpa y favorecer la expresión de emociones. Es importante responder honestamente sus preguntas y mantener las rutinas.

Entre 11 y 13 años: ya son conscientes de que la muerte es irreversible, definitiva y universal, y conocen el funcionamiento del cuerpo. En esta etapa pueden sentir tristeza y rabia, miedo a que alguien más muera y será primordial respetar sus tiempos a la vez que expresamos nuestros sentimientos. Se le puede proponer escribir sobre sus pensamientos y sentimientos y fomentar las relaciones con sus iguales.

– En la adolescencia el duelo puede suponer un gran impacto dado que se encuentran en el proceso de cambio de la dependencia hacia la independencia. Puede hacerles sentir excluidos del grupo de iguales, aislados.. por eso es muy importante fomentar el apoyo en su red habitual de igual, sin olvidar que siguen necesitando límites que les proporcionen seguridad.

En definitiva, si bien cada momento evolutivo determinará ciertas necesidades y formas de comunicar el fallecimiento, todos y todas necesitamos ser conscientes de la muerte del familiar o allegado para poder iniciar el proceso de duelo.

 

Nerea San Cristóbal Soguero – Psicóloga colaboradora de Dana Centro de Psicología