La asertividad se define como aquella habilidad social que nos permite comunicar nuestro punto de vista desde un equilibrio entre un estilo comunicativo pasivo y un estilo agresivo. Por lo tanto, la asertividad es la capacidad de comunicar y defender nuestros derechos e ideas respetando a los demás.

Ser asertivo no es sinónimo de “tener razón”, sino de saber que se puede estar equivocado y, aun así, mantener la calma y saber expresar nuestro punto de vista respetando y entendiendo el de los demás hasta conseguir llegar a un acuerdo o resolver un problema.

Situarse en el extremo pasivo o agresivo, es decir, no ser asertivo, hace que la persona sea ineficaz socialmente al no conseguir comunicar su punto de vista, lo que le molesta o lo que quiere, afectando esto de forma directa a la autoestima y el bienestar.

 

¿QUÉ SON LOS ESTILOS COMUNICATIVOS PASIVO Y AGRESIVO?

Como se ha indicado en el apartado anterior, tanto si nos situamos en el extremo pasivo como si lo hacemos en el agresivo, no somos asertivos.

El estilo de comunicación pasivo se caracteriza por un comportamiento sumiso, en el que la persona antepone el bienestar de los demás al propio, quedando a merced de los deseos, órdenes o instrucciones del resto. El objetivo principal de este tipo de comportamiento es la evitación de problemas con el otro. Estas personas muestran inseguridad, escasa ambición y pocos deseos y principios.

Por el contrario, una persona que se caracteriza por un estilo comunicativo agresivo es aquella que se hace fuerte a costa de la debilidad de los otros, es decir, cuanto más pasivo es el interlocutor, más agresivo se vuelve, se reafirma. Estas personas defienden en exceso sus derechos y opiniones sin tener en cuenta los de los demás. Este comportamiento se caracteriza por la prepotencia, el orgullo y el menosprecio hacia los otros.

Tanto el estilo comunicativo pasivo como el agresivo no son funcionales y generan estrés. El sujeto pasivo siempre estará a disposición de los demás y a la expectativa de lo que pueda pasar sin ningún tipo de control sobre la situación. Por otra parte, el sujeto agresivo siempre encontrará la ocasión para discutir, por lo que nunca logra estar tranquilo y en equilibrio.

 

VENTAJAS DE LA COMUNICACIÓN ASERTIVA

Los beneficios de poseer un estilo de comunicación asertivo son los siguientes:

  • Búsqueda de soluciones: el objetivo de la conducta asertiva no es el enfrentamiento ni el desahogo, sino el planteamiento de un problema para buscarle solución. Debido a esto, la persona asertiva es más resolutiva y funcional en su día a día.
  • Sensación de control: abordando aquello que nos preocupa o no nos gusta y demandando aquello que deseamos, adquirimos mayor control sobre nuestro entorno y sobre nosotros mismos.
  • Buena autoestima: tomar las riendas, conocer y defender aquello que queremos y poner límites, nos hace sentirnos mejor con nosotros mismos y tener una autoestima elevada.
  • Mejora las relaciones interpersonales: una comunicación clara, eficaz, honesta y respetuosa fomenta interacciones más sanas.

 

¿CÓMO SER ASERTIVOS?

La asertividad es un comportamiento que se aprende. Para ser asertivo debemos poner en práctica los siguientes puntos:

  • Decir no: habrá veces en las que no estemos dispuestos o disponibles para hacer aquello que nos piden. En estos casos, debemos saber decir NO sin sentir culpa y sin miedo al rechazo, ya que si lo hacemos de manera considerada el otro no debería molestarse. Al principio, si no estamos acostumbrados a hacerlo, decir no puede suponer algo de ansiedad, pero poco a poco y con la práctica iremos adquiriendo el hábito y esa ansiedad irá descendiendo hasta desaparecer.
  • Empatizar no es lo mismo que dar la razón: ser asertivo implica tanto exponer y defender nuestras opiniones, como respetar y escuchar las de los demás. Pero, que escuchemos al otro, no es sinónimo de darle la razón o estar de acuerdo con todo lo que expone.
  • Buscar el momento adecuado: Para trasladar a otra persona nuestros deseos u opiniones, debemos asegurarnos su atención. Para esto, es necesario buscar el momento adecuado: a solas, con control emocional, sin prisa, etc. De esta manera, nuestro comportamiento asertivo resultará más funcional.
  • No generalizar: Si queremos cambiar algo de nuestro entorno o de aquellos que nos rodean, debe quedar claro aquello que buscamos. Si dentro de una crítica no somos claros y generalizamos, no conseguiremos nuestro objetivo. Por ejemplo, si queremos que nuestro compañero de piso recoja todos los días su ropa, le diremos exactamente “me gustaría que todas las mañanas dejes tu ropa recogida” y no “¡eres un desastre!”. Si le pedimos que recoja la ropa entenderá claramente aquello que nos molesta y qué es lo que debe hacer para que estemos mejor, de la segunda manera, solo se sentirá ofendido y probablemente contraataque con poca o ninguna probabilidad de cambio en el futuro.
  • Exponer lo que ocurre claramente: Para que nuestra crítica sea efectiva, debemos poner a nuestro interlocutor en contexto, es decir, explicarle qué ocurre, cuándo y dónde. De esta manera, entenderá perfectamente cuál es la situación que nos desagrada y deseamos que cambie.
  • Explicar cómo me siento: Este punto es básico para fomentar que la otra persona empatice con nosotros. Le diremos cómo nos hace sentir la situación en la que nos encontramos, para que entienda cómo nos afecta y aumente la voluntad de cambio pensando en nuestro bienestar.
  • Dar alternativas de solución: Siempre que demandemos algo, es recomendable decir exactamente cómo queremos que cambien los comportamientos del otro o la situación. Cada uno tenemos una forma de ver las cosas, por lo que dejar a la imaginación o decisión de la otra persona los cambios que nosotros esperamos, puede provocarnos una importante frustración al no conseguir aquello que buscábamos.

 

Terminamos este artículo con una frase para reflexionar en referencia a nuestros derechos asertivos:

“Si sacrificamos nuestros derechos con frecuencia, estamos enseñando a los demás a aprovecharse de nosotros” P. Jakubowsky.

Nazaret Iglesias García – Directora y Psicóloga de Dana Centro de Psicología