¿Qué es el miedo y cuál es su función?

El miedo es una emoción adaptativa del ser humano que nos permite reaccionar ante un peligro y sobrevivir desencadenando las respuestas de lucha o huida. Se trata de una emoción muy rápida e intensa, ya que el organismo ha de reaccionar de forma inmediata y contundente y, por este motivo, nos resulta tan aversivo. Ya que, según lo explicado en la Teoría de la Selección natural de Charles Darwin, solo sobreviven los que mejor se adaptan al entorno y el entorno está lleno de peligros.

Gracias a nuestra historia de aprendizaje, vamos aprendiendo a prevenir situaciones de riesgo, a no enfrentarnos a peligros innecesarios y desarrollamos estrategias para defendernos de aquello que pueda suponer un riesgo. En términos algo más técnicos, gracias al condicionamiento clásico (Pavlov) el cerebro “categoriza” los peligros para responder rápidamente y por condicionamiento operante (Skinner) evitamos o escapamos de aquellas situaciones desagradables que comprometen nuestra integridad física.

Reacción física ante un peligro (real o percibido)

Cuando nuestro cerebro identifica un peligro, envía señales al resto de cuerpo para que se active de forma inmediata y poder luchar o huir. A continuación, detallaremos los síntomas más característicos del miedo y la ansiedad y la explicación de por qué suceden:

  • Palpitaciones: El corazón es el órgano que bombea la sangre, en el caso del miedo principalmente a los músculos, por lo que aumenta la frecuencia de latido cardíaco.
  • Hiperventilación: los músculos necesitan oxígeno para funcionar bien y al respirar muy rápida e intensamente, generamos un exceso de oxígeno que el cerebro trata de equilibrar con el dióxido de carbono enviándonos sensación de ahogo para que paremos de respirar de una forma tan intensa.
  • Temblor: se debe a la tensión muscular necesaria para poder luchar o huir.
  • Mareo: aparece debido a la hiperventilación, el envío de sangre a las piernas y a la tensión de la zona cervical.
  • Sudoración: ante una respuesta tan rápida e intensa, el cuerpo consume gran cantidad de energía que genera calor. El sudor es nuestro sistema de refrigeración.
  • Desrealización: la sangre se destina a los músculos, no llegando tanta cantidad al cerebro, por lo que las funciones cognitivas se ven mermadas.
  • Visión borrosa o visión túnel: las pupilas se dilatan para percibir lo antes posible el peligro.
  • Náuseas y diarrea: los recursos no se destinan al aparato digestivo, ya que no es necesario para responder ante el peligro. Además, el exceso de alimento o de peso, nos hace ser más lentos, por lo que el cuerpo trata de deshacerse de ello.

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Cuando el miedo se convierte en un problema

El miedo es adaptativo siempre que cumpla su función de garantizar la supervivencia. Sin embargo, cuando el miedo es demasiado intenso ante situaciones no tan graves o se mantiene demasiado en el tiempo, aparece lo que denominamos ansiedad, que puede presentarse en forma de fobias (reacción excesiva ante determinados estímulos- animales, lugares cerrados, etc-), de ansiedad generalizada (alerta constante y percepción continua de peligros), de crisis de ansiedad (reacción muy potente ante situaciones que no son peligros objetivos) y de Trastorno Obsesivo Compulsivo (conductas –compulsiones- destinadas a dejar de sentirnos mal por ideas irracionales que nos causan intenso miedo o malestar –obsesiones-).

Cuando el miedo o la ansiedad se convierte en parte de nuestro día a día, empezamos a sentir importantes limitaciones, ya que ese malestar constante no nos permite hacer todo lo que debemos o nos gustaría y nos hace que cada vez estemos más aislado o condicionados. Cuando los síntomas asociados al miedo se convierten en habituales y sentimos que no podemos hacer nada para que desaparezcan, es el momento de pedir ayuda profesional.

La labor del psicólogo en el tratamiento del miedo y la ansiedad

Desde la perspectiva cognitivo-conductual conocemos a la perfección cuáles son las causas que generan el miedo y qué variables las mantienen. Una vez identificado el origen y mantenimiento de la ansiedad, se ponen en práctica una serie de técnicas de gran eficacia demostrada científicamente, como son la psicoeducación, la exposición, las técnicas de relajación y de control de pensamiento. Con la aplicación de estas técnicas, enseñamos al paciente a enfrentarse a sus miedos y a que dejen de considerarse como tal, pero siempre facilitando este proceso con estrategias para bajar activación o para interpretar las situaciones de una manera racional y ajustada. Aquí es importante señalar, que el tratamiento de la ansiedad tiene que estar siempre supervisado por un profesional en la materia, ya que la aplicación de estas técnicas sin la experiencia y conocimiento suficiente puede resultar contraproducente empeorando la situación.

A modo de conclusión podemos decir que, puesto que es necesario para la supervivencia, no podemos dejar de sentir miedo, pero sí depende de nosotros de qué manera nos enfrentamos a este miedo. Aquí citamos a Aristóteles  que en su Ética a Nicómaco dijo: “No es valiente quien no teme nada (en este caso sería un temerario, un insensato), sino quien aprende a enfrentarse a sus miedos y a superarlos”.