CÁNCER Y FAMILIA

El cáncer es una de las principales causas de muerte en el mundo. Por lo que, cuando escuchamos esta palabra es muy fácil que nuestro pensamiento derive en la posibilidad del fallecimiento de la persona que lo padece, por tanto, tener a alguien de tu entorno con un diagnóstico de cáncer supone un gran impacto.

Esta enfermedad engloba muchos cambios tanto para la persona que lo padece como para sus familiares y allegados. El cáncer va asociado a una amenaza a la salud y tiene consecuencias en todas las esferas de la vida de la persona enferma (y la gente que tiene cerca).

Dependiendo de las características del diagnóstico (tipo, zona/s afectada/s, gravedad, pronóstico, entre otras) influirá en mayor o menor medida sobre las personas que lo sufren. De cualquier forma, lo que se puede afirmar es que el cáncer, por sus características y lo que lleva asociado, puede suponer una crisis vital. La adaptación a esta, tanto del paciente como de los familiares o allegados, será clave para desarrollar o no problemas a nivel psicológico.

Algunas de las consecuencias a nivel psicológico que suelen sufrir las personas con un diagnóstico de cáncer y sus familiares son:

  • Estrés
  • Ansiedad
  • Angustia
  • Depresión
  • Síntomas somáticos
  • Síntomas ansioso-depresivos
  • Desorganización
  • Desesperanza
  • Pérdida de autoestima
  • Insomnio
  • Irritabilidad
  • Reducción de la concentración
  • Sentimientos de soledad
  • Ideación suicida
  • Tentativa suicida

 

 

Con todo ello, podemos comprobar como el cáncer supone un gran impacto en la vida del que lo sufre (paciente y entorno). Si bien la persona que padece la enfermedad está en el “centro del cuidado” y posiblemente cuente con más apoyos en general, no podemos olvidar a las personas de su entorno social. Por tanto, y teniendo en cuenta la crisis que supone también para estas, sobre todo si hay un/a cuidador/a principal, vamos a ver algunas recomendaciones importantes para vivir esta situación de una forma lo más saludable posible.

 

Recomendaciones para los/as cuidadores/as:

  • Tener información clara acerca del proceso de enfermedad
  • Obtener orientación sobre cómo gestionar las dificultades que puedan ir surgiendo durante el proceso de la enfermedad
  • Delegar tareas (con mucha probabilidad los cuidadores/as siguen con sus tareas habituales de antes de la enfermedad y las nuevas, lo que puede suponer una carga difícil de asumir)
  • Aceptar la ayuda del entorno
  • Organización
  • No olvidar el cuidado a sí mismo
  • Mantener, en la medida de lo posible, las actividades habituales
  • Momentos de desconexión (con uno mismo, con amigos o allegados, realizar algún deporte…)
  • En caso necesario, prepararse para enfrentar la etapa de duelo

En definitiva, es fundamental atender también a nuestras propias necesidades y dedicarles la atención pertinente. Así mismo, si empezamos a notar que la situación nos desborda y no conseguimos desarrollar estrategias de afrontamiento que me ayuden a lidiar con ello de una manera sana, es importante pedir ayuda profesional.

 

 

¿Cómo me comporto con una persona que tiene cáncer?

Por último, pero no menos importante, incluimos a continuación algunas recomendaciones acerca del trato a una persona con diagnóstico de cáncer, puesto que suele ser algo que nos genera muchas dudas e inseguridad:

  • Trato natural, dentro de las circunstancias. Es fundamental hablarle y comportarnos con la persona como lo habíamos hecho hasta el momento del diagnóstico, puesto que no hacerlo puede generar frustración, desconexión con el apoyo social, sentimientos de soledad, que el propio paciente nos consuele a nosotros, que no exprese sus emociones y sentimientos por no preocupar…
  • Humor. Esto puede ser algo controvertido, en este punto lo importante es observar si la persona quiere tratarlo con humor o no, si da pie a ello puede ser una buena manera de reducir tensiones.
  • Preguntar qué podría necesitar de nosotros
  • Siempre que tengamos dudas acerca de qué temas querría hablar o no, preguntemos si quiere/puede o no. En este sentido, la pregunta “¿Quieres que hablemos de ello?” suele ser muy oportuna.
  • A veces nos preguntamos si estamos siendo muy agobiantes o, por el contrario, le estamos dejando demasiado espacio. En referencia a ello, es importante tener en cuenta que es un proceso muy complicado y que, quizá, la persona esté más ausente de lo habitual en términos de relación con los demás pudiendo provocar esto sentimientos de soledad. Poder expresarle que piensas en ella y mostrarte disponible para lo que pueda necesitar, le ayudará a reducir esa sensación.
  • Proponer algún plan en el que la persona pueda distraerse y socializar, si es lo que le apetece.

 

Por último, algunos comentarios que, aunque con intención de ayudar, no suelen hacerlo:

  • “Verás como vas a salir de esto, seguro que va a salir bien”. No podemos olvidar que no todo el mundo sobrevive al cáncer, por lo que esto sería hacer una promesa que no sabemos si podemos cumplir.
  • Cualquier comentario relacionado con creencias religiosas. Estos comentarios solo ayudarían si la persona las tiene, en caso contrario, puede no sentar bien.
  • “Tienes que ser positivo”. Cada persona es un mundo y, como tal, cada uno vive el proceso de cáncer de una manera distinta. Todas son válidas.
  • Comentarios que invaliden lo que está sintiendo.

 

 

Nerea San Cristóbal Soguero – Psicóloga colaboradora Dana Psicología