APEGO Y VÍNCULOS EMOCIONALES

El apego es, en primer lugar, una necesidad evolutiva del niño con respecto a su cuidadora o cuidador, una necesidad biológica del bebé para mantener la proximidad física con el cuidador, con el fin de obtener alimento, protección y seguridad emocional (Wallin, 2007)

Es importante tener presente que el apego es una necesidad humana, no una dependencia infantil que superamos al crecer. El tipo de vínculo que generamos con nuestras primeras figuras de apego (nuestra madre y/o nuestro padre) va a influir en cómo de mayores nos vinculamos con los demás y con nosotros mismos.

¿Qué factores influyen en la creación de los vínculos?

Los factores que determinan el tipo de vínculo del bebé con su madre o su padre no solo es la proximidad física, sino la tranquilidad asociada a la continua disponibilidad del cuidador, así como la sintonía entre las emociones del bebé y su cuidadora. Esta valoración que haga el niño de la disponibilidad de su cuidadora va a ser fundamental para determinar el tipo de apego que desarrollará el niño y, por tanto, el futuro adulto.  En función de la percepción de la disponibilidad y de la atención a sus necesidades emocionales podemos encontrar dos tipos de apego, seguro e inseguro, y este último a su vez se subdivide en tres tipos: ansioso-ambivalente, evitativo y desorganizado

  • Apego seguro: La cuidadora de estos niños es sensible y receptiva a las señales y comunicación del bebé. El bebé siente que estará disponible cuando la necesite y en caso de angustia o tristeza la presencia de la cuidadora les calma y les da confianza para seguir explorando. Este niño es un adulto seguro en sus relaciones, se sabe digno de ser amado y cuidado, al igual que es receptivo ante las señales y necesidades de sus futuras parejas e hijos.
  • Apego inseguro:
      • Ansioso-ambivalente: La figura de apego de estos niños ha sido bastante impredecible. En algunas ocasiones la madre o el padre si estaban disponibles para satisfacer las necesidades del niño, pero otras veces no. Son niños muy preocupados que reaccionan con una angustia abrumadora ante la separación de la madre, pero curiosamente el reencuentro con ella no es capaz de calmarles. Como adultos viven con un miedo constante a que su pareja o figura de apego en ese momento les abandone o les deje de querer. Necesitan constantemente reasegurar que el otro les quiere y les desea, pero la calma que encuentran es pasajera y pronto vuelven a sentir angustia y miedo al abandono.
      • Evitativo: Son niños que han concluido que sus intentos de conexión con la madre van a ser rechazos, por lo que optan por evitarlos. Son adultos duros e independientes, que aparentan buena autoestima como un método para protegerse del otro. Con respecto a la expresión emocional, les cuesta mucho hablar de cómo se sienten, del mismo modo que tienen mucha dificultad para conectar con las emociones o las necesidades del otro. No se sienten cómodos con los vínculos profundos y mantienen mucho la distancia.
      • Desorganizado: Son niños que han vivido una historia traumática de abuso o violencia por parte de su figura de apego. Perciben a esta figura como amenazante y por tanto, cualquier vínculo con otra persona será visto de la misma manera, provocando miedo y rechazo.

En psicoterapia, el objetivo principal es crear un vínculo seguro con el paciente, para que sea capaz de expresar todo aquello que siente y piensa, sabiéndose a salvo y con la seguridad de que sus emociones y experiencias serán comprendidas y tratadas con respeto. Por otra parte, un vínculo seguro con el terapeuta puede ser el camino para generalizar ese mismo vínculo con los demás y con uno mismo.

«Un niño necesita amor, amor y más amor para que cuando sea adulto pueda dar amor»  – Hermann Gmeiner

Bibliografía:  Wallin. D. (2007). El Apego en Psicoterapia. A división of Guilford Publications, Inc. New York, Usa.

Sandra Orozco Ortega – Psicóloga de Dana Centro de Psicología