AMISTAD EN LA EDAD ADULTA: ¿REALIDAD O UTOPÍA?

Disfrutar de amistades plenas y satisfactorias supone una cuestión relevante en cualquiera de nuestras etapas vitales, al tratarse de un factor que contribuye positivamente al bienestar físico y emocional. A nivel físico, disponer de una red de apoyo mejora nuestra salud; reduciendo el estrés y el riesgo asociado a enfermedades o lesiones, facilitando la recuperación de éstas y mejorando el funcionamiento de nuestros sistemas. Igualmente, a nivel psicológico, mejora la autoestima, el sentimiento de pertenencia e identificación con un grupo, la sensación subjetiva de felicidad (a la vez que reduce el riesgo de trastornos psicológicos como la depresión), promueve hábitos saludables y facilita el afrontamiento de estresores vitales como enfermedades, duelos, rupturas…

Además, se trata de relaciones únicas que no siguen un guión tan pre-establecido como puede suceder en una relación de pareja ni es una relación determinada como en el caso de las relaciones familiares. Es decir, ni existe una frecuencia determinada de encuentros ni una serie de comportamientos obligatorios, así como su establecimiento se basa en una elección y compromiso basado en el afecto mutuo.  Se podría decir que las condiciones fundamentales para que una amistad sea satisfactoria son la proximidad (aspectos en común como valores, estilo de vida, aficiones, gustos, espacios compartidos, rutinas…); interacciones reiteradas y espontáneas; y un contexto cómodo y validante.

Sin embargo, estas condiciones varían en función de las etapas vitales, haciendo que tanto la generación y mantenimiento de las amistades como las cualidades de éstas, vayan variando en función de la edad. De hecho, los estudios sostienen que las amistades aumentan exponencialmente hasta la adultez temprana y luego decrecen progresivamente, comprobando que eventos vitales como encontrar pareja, trabajo, formar una familia o una mudanza suelen suponer una modificación en las redes de amistad. Personalmente, me gusta denominar a este proceso como “poda de amistades”.

Durante nuestra infancia, el concepto de amistad es simple y circunstancial: se convierte en amigo aquel con el que jugamos y compartimos gustos, espacio, tiempo y nivel de desarrollo similar. Por tanto, la amistad, además de tener como función el juego y el aprendizaje social se consolida solo con preguntar “¿quieres jugar?”. Según avanza el desarrollo de la infancia, los iguales contribuyen cada vez más al proceso de formación de identidad e individuación de cada persona, especialmente, en la llegada a la adolescencia. En esta etapa vital, tendemos a diferenciarnos del modelo de referencia hasta ahora; la familia, quedando relegado por los iguales. La amistad se vuelve algo mas selectiva, se buscan en los otros una serie de características deseables como la confianza y lealtad, así como mayor afinidad en gustos y aficiones. Por otro lado, formar parte de un grupo y ser aceptado socialmente constituyen aspectos prioritarios que suelen correlacionarse con un desarrollo sano de la autoestima, mientras que el rechazo o la traición generan un daño mucho mayor que en otras etapas. En todo caso, entrar en contacto con iguales sigue resultando bastante sencillo puesto que el ámbito escolar, las escasas responsabilidades y el tiempo libre lo facilitan; hay muchas opciones y las amistades son más superficiales y volubles, de modo que los grupos de amistad suelen ser amplios. En la veintena, la tendencia se mantiene. Los cambios, como la entrada a la universidad, irse de erasmus, compartir piso, salir de fiesta, mayor libertad para desplazarse o la entrada al mundo laboral suelen suponer entornos favorables en los que entablar relaciones de amistad, unidos a que las responsabilidades aún son escasas. En resumen, en estas etapas, estamos aún desarrollándonos y conociéndonos en contextos en los que compartimos mucho tiempo con personas de edades y contextos similares, lo que facilita conocer gente nueva e iniciar amistades.

Sin embargo, al llegar la adultez, ya no solo es que nuestra identidad, autoconocimiento y escala de valores estén cada vez más concretados, si no que las responsabilidades, prioridades, intereses, necesidades e incluso conceptos (como el de amistad), comienzan a cambiar. Asimismo, el tiempo del que gozábamos en otras etapas para cultivar la esfera social, empieza a escasear, de modo que los contextos vitales dejan de ser facilitadores. De hecho, en ocasiones el contacto social se mantiene con personas con las que compartimos tiempo y espacio (trabajo, familias del colegio, gimnasio…), de modo que esto no supone una coexistencia en valores o apoyo emocional, constituyendo amistades más superficiales. Junto a ello, nuestra madurez y autoconocimiento pueden llevarnos a revisar nuestras amistades y hacernos ver que no nos identificamos tanto con personas que, hasta ese momento, habían sido íntimas o que no se están satisfaciendo nuestras necesidades a este nivel. En muchas ocasiones, este punto de inflexión puede verse asociado a sentimientos de decepción, soledad, enfado o frustración.

En este momento, la amistad suele pasar de ocupar un lugar principal, a un lugar secundario, quedando relegada por otro tipo de relaciones como las de pareja o las familiares. Esto no quiere decir que no se preste atención a las amistades, si no que estas cambian de forma, generalmente, volviéndose más distantes, en tiempo, espacio o confidencias. Algunos autores proponen que podemos categorizar las amistades en activas, inactivas y conmemorativas. Las activas serían aquellas a las que se puede recurrir y solicitar apoyo, dado que existe un contacto frecuente y cercano; las inactivas, aquellas con las que no se mantiene una comunicación, aunque si existiese la necesidad o se diera la ocasión, podría producirse un acercamiento, mientras que las conmemorativas son aquellas que no están presentes en la vida actual, pero ocupan un lugar a nivel sentimental.

Junto a ello, es cierto que los cambios que vinieron asociados a la pandemia, complicaron algo más este aspecto. Las reuniones virtuales, los servicios online o el distanciamiento social que sufrimos, suponen aspectos que dificultaron tanto el mantenimiento de las amistades como la creación de nuevos vínculos. Con todo esto, parece que en la edad adulta mantener una red de amistad sana y completa, resulta algo más complejo que en otras etapas, que no imposible. En todo caso, cabe señalar que la construcción social o creencia de que, a más amigos, más éxito, popularidad y satisfacción vital, no siempre es cierta. Esto se debe a que la cantidad no tiene porque correlacionar con la calidad de estas amistades. Por tanto, no podemos determinar que las redes de amistad hayan de tener un número concreto para ser satisfactorias, si no que esto dependerá de cómo de cubierta esté la necesidad de cada persona y del ajuste que exista entre el concepto de amistad y los hechos acaecidos en la relación.

Si al leer hasta aquí te sientes identificado o sientes que tus redes han sufrido cambios, nos gustaría proponerte una serie de recomendaciones que pueden mejorar tu satisfacción en lo que a amistades se refiere. En primer lugar, cabe decir que lo más sencillo es cultivar aquellas amistades que ya sentimos como activas o, incluso, reparar o recuperar aquellas que sentimos como inactivas. Para ello:

  • Garantiza tu autocuidado, asertividad y autoestima. Es recomendable un trabajo personal en el que mantengamos una relación sana con nosotros mismos (conocer nuestros valores, cualidades, defectos…) y clarifiquemos qué significa para nosotros amistad y cuáles son nuestras líneas rojas y límites en cuanto a relaciones se refiere. Poner en práctica la asertividad con otros y reconocer nuestra individualidad frente al “yo en grupo” son aspectos que también nos ayudarán a resolver conflictos, tomar decisiones y comunicar cómo nos sentimos en nuestras relaciones.
  • Cultiva relaciones sanas y recíprocas en las que exista respeto, empatía, responsabilidad afectiva e interés mutuo en el vínculo, así como un ajuste entre las expectativas, valores y concepto de amistad de ambas personas y los hechos en los que se materialice la relación de amistad.
  • Comparte tiempo de calidad y encuentros frecuentes. Resulta importante compartir tiempo juntos, algo que, como hemos visto, puede llegar a resultar complejo. Proponernos dedicar un tiempo al día, semana o mes a este fin, tal y como hacemos con el deporte o el autocuidado pueden ser opciones para cuidar nuestras relaciones. Por ejemplo, dedicar diez minutos al día para hablar por teléfono o mensajería instantánea con nuestras amistades o procurar un encuentro al mes. Igualmente, es importante llevar a cabo aficiones compartidas e ir variando éstas, de modo que exista una motivación compartida.
  • Cuida la comunicación. Al verse reducido el tiempo que compartimos con amigos, es importante que, durante éste, la comunicación sea de calidad. Para ello, es importante que exista escucha activa, sinceridad, lenguaje corporal y verbal orientado a la escucha, disponibilidad y comunicación emocional basada en la confianza a través de la que se compartan vivencias íntimas. Es importante también que la atención esté centrada en la relación y la comunicación, liberándonos de distracciones (móviles, atención a otras personas, etc.). Demostrar interés por la otra persona y hacerle preguntas sobre cómo se siente o cómo va algún ámbito de su vida también son aspectos que harán profundizar en la relación.
  • Uso de redes sociales. Pueden ser de utilidad para mantener relaciones que, de otro modo, podrían perderse o para retomar relaciones inactivas. Por ejemplo, son una herramienta para comunicar a la otra persona que nos acordamos de ella o poder enviarle algo que compartimos, superando las barreras temporales y físicas. Sin embargo, no es suficiente y procurar el contacto en persona siempre que sea posible constituye un factor que aumentará la calidad de la relación.
  • Revisa tus amistades. Para alcanzar dicha satisfacción también resulta importante valorar si aquellos que consideramos amigos están alineados con nuestros valores y concepto de amistad. Hemos de entender que las amistades, como toda relación, cambian y que en la edad adulta puede que nuestras amistades ya no nos complementen como lo hacían antes. Por ello, es importante revisar dichas amistades, perdonar, gestionar conflictos pendientes o, simplemente, aceptar que hay que dejarlas ir si no existe una reciprocidad. Así, también podemos atravesar un duelo por amistades perdidas similar al que podríamos vivir ante una ruptura o fallecimiento, un fenómeno del que apenas se habla. Si sientes que estás pasando por esto y no sabes cómo afrontarlo, te recomendamos que valores iniciar un proceso de terapia psicológica.

Si, además, lo que te gustaría es poder conocer amistades nuevas o ampliar tu círculo y no sabes por dónde empezar o estás encontrando dificultades, aquí te dejamos una serie de pautas:

  • Recurre a contextos facilitadores de tu entorno. Unirte a una actividad en la que una amistad vaya a participar con otras personas; compartir tiempo fuera del entorno laboral con las personas del trabajo; plantear una actividad con familias con las que se coincide en los centros escolares o proponer tomar algo con quienes coincides en el gimnasio pueden ser escenarios desde los que conocer a gente nueva y crear nuevas relaciones. Si bien, está comprobado que para que las relaciones se vuelvan íntimas es necesario compartir mucho tiempo, se trata de alternativas en las que podemos conocer a personas con las que mantengamos gustos o aficiones similares e ir profundizando poco a poco.
  • Inicia nuevas actividades en comunidad. Apuntarte a talleres, voluntariados, aprender un nuevo idioma, practicar un deporte, unirte a viajes en grupo o salir a pasear a tu mascota son actividades que, además de permitirte conocer gente nueva con intereses similares, repercutirán en tu autoestima y sensación de logro al iniciar y aprender nuevas actividades.
  • Enfréntate a la vergüenza y pon en práctica tus habilidades sociales. Es frecuente ver que las personas de nuestro alrededor están inmersas en sus proyectos vitales (familia, trabajo, deporte…) y presuponer que nuestras propuestas e interés de conocer a otras personas van a ser rechazados. Sin embargo, ¿a quién no le gusta que se interesen por él o compartir tiempo de calidad con alguien afín? A la hora de conocer gente nueva es importante vencer estas creencias e intentar romper el hielo mostrando interés, pidiendo consejo, mostrando disponibilidad, etc. Somos conscientes de que en personas tímidas esto puede ser más complejo, sin embargo, la plasticidad de nuestro cerebro nos permite aprender nuevos comportamientos y formas de desenvolvernos, por lo que, aunque sea gradualmente, es importante que la etiqueta de “soy tímido” no suponga una barrera limitante en este aspecto. Sin embargo, si crees que existe cierta ansiedad a la hora de estar en grupo o conocer personas nuevas e incluso has llegado a evitar situaciones sociales, te recomendamos que puedas trabajarlo en terapia psicológica.
  • Haz uso de aplicaciones. Hoy en día los avances tecnológicos hacen que conocer personas nuevas sea tan fácil como descargarse una aplicación o teclear una página web. Si bien este tipo de aplicaciones son muy conocidas en lo que a buscar pareja se refiere, también muchas de ellas están destinadas a conocer amistades nuevas sin un interés romántico. A través de estas aplicaciones puedes emplear una serie de filtros, facilitando conocer a personas de edad, gustos y localización similar, así como acercando la posibilidad de realizar actividades de forma conjunta o grupal. Además, al no ser presenciales, facilitan una aproximación más gradual a aquellas personas que son más introvertidas, teniendo tiempo entre mensaje y mensaje o pudiendo hacer uso de elementos como emoticonos o vídeos para facilitar la expresión emocional. No obstante, es importante recordar que mantener relaciones en línea no es suficiente y es importante que exista una continuidad a nivel presencial, así como que es fundamental seguir unas pautas de seguridad, tal y como se expuso en el blog referente a las aplicaciones de citas.

Bibliografía

Gonzalez, A. (2023) Amigos Mejores. Montena.

Wrzus C., Hänel M., Wagner J., Neyer F.J. (2013) Social network changes and life events across the life span: a meta-analysis. Psychol Bull. 139(1):53-80.

Tamara García Dotor – Psicóloga colaboradora de Dana Centro de Psicología