CÓMO SER ASERTIVOS

La asertividad se define como aquella habilidad social que nos permite comunicar nuestro punto de vista desde un equilibrio entre un estilo comunicativo pasivo y un estilo agresivo. Por lo tanto, la asertividad es la capacidad de comunicar y defender nuestros derechos e ideas respetando a los demás.

Ser asertivo no es sinónimo de “tener razón”, sino de saber que se puede estar equivocado y, aun así, mantener la calma y saber expresar nuestro punto de vista respetando y entendiendo el de los demás hasta conseguir llegar a un acuerdo o resolver un problema.

Situarse en el extremo pasivo o agresivo, es decir, no ser asertivo, hace que la persona sea ineficaz socialmente al no conseguir comunicar su punto de vista, lo que le molesta o lo que quiere, afectando esto de forma directa a la autoestima y el bienestar.

¿QUÉ SON LOS ESTILOS COMUNICATIVOS PASIVO Y AGRESIVO?

Como se ha indicado en el apartado anterior, tanto si nos situamos en el extremo pasivo como si lo hacemos en el agresivo, no somos asertivos.

El estilo de comunicación pasivo se caracteriza por un comportamiento sumiso, en el que la persona antepone el bienestar de los demás al propio, quedando a merced de los deseos, órdenes o instrucciones del resto. El objetivo principal de este tipo de comportamiento es la evitación de problemas con el otro. Estas personas muestran inseguridad, escasa ambición y pocos deseos y principios.

Por el contrario, una persona que se caracteriza por un estilo comunicativo agresivo es aquella que se hace fuerte a costa de la debilidad de los otros, es decir, cuanto más pasivo es el interlocutor, más agresivo se vuelve, se reafirma. Estas personas defienden en exceso sus derechos y opiniones sin tener en cuenta los de los demás. Este comportamiento se caracteriza por la prepotencia, el orgullo y el menosprecio hacia los otros.

Tanto el estilo comunicativo pasivo como el agresivo no son funcionales y generan estrés. El sujeto pasivo siempre estará a disposición de los demás y a la expectativa de lo que pueda pasar sin ningún tipo de control sobre la situación. Por otra parte, el sujeto agresivo siempre encontrará la ocasión para discutir, por lo que nunca logra estar tranquilo y en equilibrio.

VENTAJAS DE LA COMUNICACIÓN ASERTIVA

Los beneficios de poseer un estilo de comunicación asertivo son los siguientes:

  • Búsqueda de soluciones: el objetivo de la conducta asertiva no es el enfrentamiento ni el desahogo, sino el planteamiento de un problema para buscarle solución. Debido a esto, la persona asertiva es más resolutiva y funcional en su día a día.
  • Sensación de control: abordando aquello que nos preocupa o no nos gusta y demandando aquello que deseamos, adquirimos mayor control sobre nuestro entorno y sobre nosotros mismos.
  • Buena autoestima: tomar las riendas, conocer y defender aquello que queremos y poner límites, nos hace sentirnos mejor con nosotros mismos y tener una autoestima elevada.
  • Mejora las relaciones interpersonales: una comunicación clara, eficaz, honesta y respetuosa fomenta interacciones más sanas.

¿CÓMO SER ASERTIVOS?

La asertividad es un comportamiento que se aprende. Para ser asertivo debemos poner en práctica los siguientes puntos:

  • Decir no: habrá veces en las que no estemos dispuestos o disponibles para hacer aquello que nos piden. En estos casos, debemos saber decir NO sin sentir culpa y sin miedo al rechazo, ya que si lo hacemos de manera considerada el otro no debería molestarse. Al principio, si no estamos acostumbrados a hacerlo, decir no puede suponer algo de ansiedad, pero poco a poco y con la práctica iremos adquiriendo el hábito y esa ansiedad irá descendiendo hasta desaparecer.
  • Empatizar no es lo mismo que dar la razón: ser asertivo implica tanto exponer y defender nuestras opiniones, como respetar y escuchar las de los demás. Pero, que escuchemos al otro, no es sinónimo de darle la razón o estar de acuerdo con todo lo que expone.
  • Buscar el momento adecuado: Para trasladar a otra persona nuestros deseos u opiniones, debemos asegurarnos su atención. Para esto, es necesario buscar el momento adecuado: a solas, con control emocional, sin prisa, etc. De esta manera, nuestro comportamiento asertivo resultará más funcional.
  • No generalizar: Si queremos cambiar algo de nuestro entorno o de aquellos que nos rodean, debe quedar claro aquello que buscamos. Si dentro de una crítica no somos claros y generalizamos, no conseguiremos nuestro objetivo. Por ejemplo, si queremos que nuestro compañero de piso recoja todos los días su ropa, le diremos exactamente “me gustaría que todas las mañanas dejes tu ropa recogida” y no “¡eres un desastre!”. Si le pedimos que recoja la ropa entenderá claramente aquello que nos molesta y qué es lo que debe hacer para que estemos mejor, de la segunda manera, solo se sentirá ofendido y probablemente contraataque con poca o ninguna probabilidad de cambio en el futuro.
  • Exponer lo que ocurre claramente: Para que nuestra crítica sea efectiva, debemos poner a nuestro interlocutor en contexto, es decir, explicarle qué ocurre, cuándo y dónde. De esta manera, entenderá perfectamente cuál es la situación que nos desagrada y deseamos que cambie.
  • Explicar cómo me siento: Este punto es básico para fomentar que la otra persona empatice con nosotros. Le diremos cómo nos hace sentir la situación en la que nos encontramos, para que entienda cómo nos afecta y aumente la voluntad de cambio pensando en nuestro bienestar.
  • Dar alternativas de solución: Siempre que demandemos algo, es recomendable decir exactamente cómo queremos que cambien los comportamientos del otro o la situación. Cada uno tenemos una forma de ver las cosas, por lo que dejar a la imaginación o decisión de la otra persona los cambios que nosotros esperamos, puede provocarnos una importante frustración al no conseguir aquello que buscábamos.

 

Terminamos este artículo con una frase para reflexionar en referencia a nuestros derechos asertivos:

“Si sacrificamos nuestros derechos con frecuencia, estamos enseñando a los demás a aprovecharse de nosotros” P. Jakubowsky.

 

¿QUÉ HACEMOS CON LOS NIÑOS DURANTE LAS VACACIONES ESCOLARES?

Llegan las vacaciones y, con ellas, los quebraderos de cabeza para los padres con niños pequeños. Sin colegio ni actividades extraescolares, se produce un cambio de rutina para todos, ya que los más pequeños disponen de mucho tiempo libre que debemos ocupar y organizar si no queremos sobrecargarnos.

QUÉ HACER CUANDO LOS PADRES TRABAJAN

En este caso, las opciones más comunes son las siguientes:

  • Reducción de jornada de uno de los padres: con esta opción se necesita menos ayuda de terceros y, durante las horas de trabajo de ambos, se puede recurrir a una de las opciones enumeradas a continuación.
  • Buscar un/a cuidador/a que se ocupe de ellos dentro del horario laboral: si no podemos recurrir a algún familiar que nos ayude con el cuidado de nuestros hijos, contratar a un profesional es una buena opción, ya que podremos irnos a trabajar tranquilos.
  • Dejar a los pequeños con los abuelos: cada vez es más común ver cómo los abuelos se hacen cargo de sus nietos mientras los padres trabajan. A menudo, esta es una tarea muy bien recibida por ellos, ya que están encantados de compartir tiempo con los más pequeños de la casa. En este punto conviene aclarar que no debemos abusar de ellos, ya que el cuidado de los niños puede resultar agotador y, por muy gratificante que resulte la tarea, los abuelos también deben descansar y no asumir el rol de padres.
  • Apuntarlos a un campamento: esto resulta muy enriquecedor para fomentar la independencia y la diversión de los niños. En los campamentos, ya sean urbanos o de verano, se realizan multitud de actividades para que los chicos estén entretenidos y, además, aprendan rutinas diarias de higiene y se acostumbren a llevar una alimentación variada y equilibrada.

ACTIVIDADES PARA REALIZAR CON LOS NIÑOS

Cuando padres y niños coincidan en casa, es importante hacer ameno el tiempo compartido y son muchas las actividades que podemos realizar:

  • Ir a la piscina: el agua suele gustarles mucho a todos los niños y, además, les cansa bastante. Por tanto, disfrutan de la actividad y después estarán más tranquilos.
  • Cocinar: hacer platos seguros y sencillos en el que pueda involucrarse toda la familia puede resultar muy gratificante. Además, en estas fechas podéis elaborar entre todos el menú semanal para hacerlo más atractivo.
  • Distribución de tareas: las tareas del hogar hay que repartirlas y tratar de convertirlas en positivas, de esta manera todos os descargaréis de obligaciones y los más pequeños irán aprendiendo a ser más independientes y resolutivos.
  • Actividades de fin de semana: el fin de semana, cuando todos estamos libres, es un buen momento para hacer todo aquello que no podemos entre semana. Podemos organizar una salida al campo, un día de piscina, ir al cine, quedar con otras familias o con nuestros familiares, etc.
  • Ser más flexibles con las rutinas: ya que durante el año los niños tienen unas pautas muy establecidas, éstas se deben flexibilizar a lo largo de las vacaciones, permitiéndoles irse a la cama y levantarse más tarde o ver un rato más la televisión.
  • Limitar televisión y consola: si bien es cierto que con estos medios de entretenimiento nuestros hijos se mantienen ocupados y tranquilos, no se pueden convertir en el único recurso y no deben permanecer horas y horas pegados a una pantalla. Todo en su justa medida resulta positivo, por lo que lo ideal es negociar con ellos el tiempo que se dedicará a este tipo de actividades.

¿QUÉ PASA CUANDO EL NIÑO SE ABURRE?

Muchas veces nos obsesionamos con que el niño no se aburra, pero en ocasiones es bueno que esto suceda para que pueda desarrollar sus herramientas de juego e imaginativas.

En los últimos tiempos, los niños están acostumbrados a tener una sobrecarga de actividades todas ellas muy pautadas y con un control máximo. Con esta rutina, no les permitimos que aprendan a elaborar actividades, simplemente les enseñamos a seguir un guion establecido sin necesidad de pedir, imaginar o aprender a crear. Con las vacaciones, este guion resulta mucho menos estricto y con más tiempo libre, dejemos ese espacio a los pequeños para que escriban aquello que quieran hacer o, incluso, para que no hagan nada.

Por otra parte, debemos enseñar a nuestros hijos a disfrutar de las pequeñas cosas y rutinas y no a que todo sean actividades complejas y pautadas. Un niño puede disfrutar haciendo un bizcocho con sus padres y hermanos, bañando al perro o, simplemente, dando un paseo.

Por lo tanto, estas fechas no deben ser sinónimo de agobio para los padres, sino una buena excusa para poder disfrutar más de nuestros hijos, verles crecer y ser aún más activos en sus procesos de aprendizaje.

6 DIFERENCIAS ENTRE HOMBRES Y MUJERES

Las diferencias que existen entre hombres y mujeres es un tema muy controvertido que puede llevar horas y horas de discusión en cualquier contexto. Pues bien, en este artículo queremos aclarar algunas diferencias entre ambos sexos que están demostradas científicamente. Así, no podremos quedarnos con aquello de que hombres y mujeres somos de distintos planetas.

mujer-hombre-300x2221. ¿HACER VARIAS COSAS A LA VEZ?

“Las mujeres son capaces de hacer varias cosas a la vez”, este es un comentario que se escucha muy a menudo, pero ¿es así?

Este hecho tiene una posible explicación científica y es que las mujeres tienen un mayor número de conexiones neuronales entre ambos hemisferios y en los hombres abundan las conexiones neuronales en la parte frontal del cerebro y cerebelo.

El resultado de esta diferencia en las conexiones es que las mujeres tienen una memoria superior, más habilidades sociales y capacidad para realizar tareas múltiples. Por el contrario, los hombres aprenden de manera más eficaz y productiva una única tarea.

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2. MAYOR TENDENCIA A LA ANSIEDAD Y LA DEPRESIÓN

En consulta, vemos un mayor número de mujeres aquejadas de ansiedad y bajo estado de ánimo.

Investigaciones apuntan a que las mujeres son más propensas que los hombres a sufrir episodios de ansiedad o depresión debido a las variaciones hormonales que experimentan a lo largo de su vida. Además, al ser más emocionales, tienden a preocuparse más que los hombres, lo que puede derivar en efectos no deseados como las problemáticas que nos ocupan.

3. DIFERENTES ESTRUCTURAS CEREBRALES

Se ha demostrado que, hasta la octava semana, el feto tiene circuitos cerebrales de tipo femenino (Louann Brizendine). A partir de esta semana, los circuitos cerebrales de los hombres pasan a ser masculinos y se producen diferencias en el tamaño de algunas zonas cerebrales en ambos sexos.

Las partes del lóbulo frontal involucradas en la toma de decisiones y la resolución de problemas, es más grande en las mujeres, al igual que el área que regula las emociones. Por esto, las mujeres suelen ser más resolutivas, empáticas y poseen mayor habilidad de escucha activa.

Por otro lado, en los hombres las áreas con mayor extensión son el cortex parietal, encargado de procesar las señales que envían los sentidos y la percepción del espacio y la región de la amígdala que controla las emociones y el impulso sexual. Por tanto, los hombres generalmente se caracterizan por una mayor activación sexual y agresividad, además de tener una mejor orientación visoespacial.

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4. DESEO Y RESPUESTA SEXUAL

En el hombre no hay variaciones cíclicas hormonales, por lo que su deseo sexual es habitualmente constante. En cambio, en la mujer los distintos niveles de progesterona influyen en el deseo sexual.

Por otro lado, la respuesta sexual en hombres y mujeres es distinta. Según Masters & Johnson, la respuesta sexual se divide en cuatro etapas bien diferenciadas (fase de excitación, meseta, orgasmo y resolución).

En el caso de las mujeres, la etapa de excitación suele ser más lenta y gradual que en los hombres. Por otro lado, las mujeres pueden tener orgasmos múltiples, a diferencia de los hombres que presentan un periodo refractario que les impide recuperar la respuesta sexual hasta pasado cierto tiempo.

respuesta sexual5. COMPARTIR SENTIMIENTOS

Es algo común escuchar quejas acerca de que los hombres no muestran sus emociones o no comparten sus sentimientos.

En un estudio realizado por Amanda J. Rose, profesora de ciencias psicológicas en la Universidad de Missouri, se confirma que los hombres, ya desde niños, no tienden a expresar sus sentimientos por miedo a resultar vulnerables o sentirse inseguros. Aquí, como podemos intuir, es tremendamente importante el papel de la cultura en la que los hombres han de ser el sexo fuerte y no mostrar debilidad alguna.

En el estudio, realizado con 2.000 niños y adolescentes, llegaron a la conclusión de que los niños no consideraban útil hablar sobre sus problemas o compartir sus sentimientos, mientras que las niñas lo veían como algo positivo.

6. DIFERENTES JUEGOS Y DIFERENTES GUSTOS

El papel que juega la educación y la cultura es clave en el marcado gusto de las niñas por juegos más tranquilos como las casitas o las muñecas y de los niños por una mayor actividad como el fútbol o los videojuegos. En la actualidad, esta situación está cambiando y se tiende a educar a niños y niñas en la igualdad, no encontrándose diferencias tan marcadas como hace unos años.

Los niños y niñas que han sido educados con roles de género, tienen gustos y preferencias significativamente diferentes en la edad adulta y el rol que asumen dentro de la pareja y la familia también está marcado por la educación recibida.

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Con este artículo podemos ver que, efectivamente, existen diferencias considerables entre hombres y mujeres que no deben alejarnos, sino que deben ayudarnos a comprendernos y acercarnos más.

También queda muy claro el papel de la educación y la cultura en la mayoría de las diferencias, lo que nos invita a reflexionar sobre la educación en referencia al género que queremos dar a nuestros hijos, ya que es algo que resultará determinante a lo largo de toda su vida.

8 CLAVES PARA REDUCIR EL ESTRÉS

En la actualidad, tenemos un ritmo de vida muy exigente que, en muchas ocasiones, nos lleva a sufrir un estrés que no sabemos cómo manejar. El objetivo de este artículo es que se conozca qué es y cómo funciona el estrés y, por supuesto, se proporcionan pautas para saber afrontarlo.

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¿Qué es el estrés?

El estrés es una respuesta automática de cara a la supervivencia en situaciones de riesgo o tensión. Ante un peligro, el cuerpo se pone en marcha liberando una gran cantidad de energía. Cuando el peligro no compromete nuestra supervivencia, no se le da salida muscular y pasa a acumularse en forma de tensión.

En nuestros días, abundan las consultas por estrés laboral o personal. Las jornadas de trabajo muy intensas, el compaginar trabajo y familia o cualquier otro evento que suponga una gran cantidad de carga o exigencia, nos lleva a una situación de malestar y agotamiento que, la mayoría de las veces, no sabemos cómo abordar. Según la Universidad de Harvard en Boston, entre el 60% y el 90% de las consultas a médicos generales en Occidente, tiene una clara relación con el estrés.

Cabe destacar, que no siempre el estrés es dañino. Hay dos tipos de estrés:

·        Eustrés o estrés positivo: grado determinado de estrés que estimula el organismo y nos permite alcanzar nuestros objetivos, volviendo a la normalidad cuando la demanda finaliza. Este tipo de estrés mejora la capacidad de aprender y memorizar y aumenta la concentración. En este caso, la reacción del organismo es suficiente para cubrir una determinada demanda.

·        Distrés o estrés negativo: desequilibrio entre la demanda y la capacidad de respuesta del individuo bajo condiciones en las que el fracaso ante la demanda posee importantes consecuencias percibidas (Mc Grath, 1970). Este tipo de estrés es perjudicial para nuestra salud y nos resta eficacia.

Fases del estrés

El fisiólogo y médico austrohúngaro Hans Selye describió tres fases en la respuesta de estrés denominando al conjunto de síntomas Síndrome de Adaptación General. Las fases son las siguientes:

1. Fase de alarma: Ante la percepción de una posible situación de estrés, el organismo se prepara para responder de forma fisiológica (sudoración, pupilas dilatadas, sequedad de boca, tensión muscular, etc) y psicológica (aumenta la capacidad de atención y concentración) que lo predisponen para enfrentarse a la situación estresante. Esta es una fase de corta duración y no es perjudicial, siempre que el organismo disponga de tiempo para recuperarse.

2. Fase de resistencia: Surge cuando el organismo no tiene tiempo para recuperarse y continúa reaccionando para hacer frente a la situación, con la finalidad de adaptarse a la condición estresante. El coste de este mantenimiento de activación puede ser: disminución de la resistencia general del organismo, disminución del rendimiento de la persona o menor tolerancia a la frustración.

3. Fase de agotamiento: Debido a que la energía de adaptación es limitada, si la fase de resistencia fracasa, es decir, si los mecanismos de adaptación no resultan eficientes para superar el estrés, se entra en la fase de agotamiento, donde aparecen las alteraciones más importantes entre las que destacan la úlcera gástrica, migrañas o ansiedad.

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Causas del estrés

Las situaciones desencadenantes del estrés se denominan agentes estresores, definiéndose como “cualquier aspecto que constituya un factor de desequilibrio en el individuo”. Por tanto, nos estresamos cuando percibimos que la demanda es mayor que los recursos con los que contamos y esto desestabiliza o rompe nuestro equilibrio (homeostasis) haciendo peligrar nuestro bienestar.

Según Lazarus, hay cuatro tipos de factores estresantes:

·        Estresores únicos: son catástrofes y cambios dramáticos en las condiciones del entorno de las personas y afectan a un gran número de ellas. Ejemplos de esto son: terrorismo, víctimas de violencia, enfermedades terminales, situaciones de cirugía mayor o catástrofes naturales.

·        Estresores múltiples: son acontecimientos que pueden hallarse fuera del control de la persona, como una enfermedad incapacitante, la pérdida de empleo, un divorcio, tener un hijo, someterse a un examen importante o tener problemas económicos.

·        Estresores cotidianos: cúmulo de pequeñas molestias, imprevistos y alteraciones dentro de las rutinas cotidianas que pueden llegar a perturbarnos e irritarnos. Por ejemplo, atascos, llegar tarde o gestos desafortunados de nuestra pareja. Los estresores cotidianos son responsables de desencadenar procesos de estrés en un porcentaje estadísticamente mayor que el producido por los estresores únicos y múltiples.

·        Estresores biogénicos: son mecanismos físicos y químicos que disparan directamente la respuesta de estrés sin la mediación de los procesos psicológicos. Por ejemplo, la ingestión de sustancias (cafeína, nicotina, anfetaminas, etc), estímulos que producen dolor, calor o frío intenso, nivel elevado de ruido o cambios hormonales (pubertad, menopausia).

¿Cómo manejar el estrés?

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Siguiendo las pautas que proponemos a continuación el nivel de estrés se reducirá considerablemente:

·        Identificar las fuentes de estrés: lo primero que debemos hacer para reducir nuestros niveles de estrés, es identificar los   factores estresores. Puede resultar muy útil anotar durante una semana qué situaciones nos ponen nerviosos o no nos sentimos capaces de afrontar y cómo reaccionamos ante ellas.

·        Ser más asertivos: con la finalidad de reducir nuestra presión, es importante aprender a “decir no”, pedir que cambie aquello que nos hace sentir mal y saber responder ante demandas del entorno.

·        Establecer prioridades: habitualmente, tenemos una larga lista de tareas pendientes que nos agobia constantemente. Para reducir el estrés, es necesario priorizar aquellos quehaceres más importantes y/o urgentes, además de planificar el tiempo de que disponemos para realizarlos.

·        Control del pensamiento: la manera en que nos contamos los acontecimientos determina cómo nos sentimos ante ellos y, sobre todo, cómo los afrontamos. Por esto, es clave a la hora de gestionar la presión, aprender a pensar de una manera adaptativa, no dando excesivas vueltas ni magnificando todo. Por ejemplo, no es lo mismo pensar “este fin de semana tengo millones de cosas que hacer y me va a resultar imposible cumplir con todo”, que decirnos “este fin de semana tengo que hacer la compra, estudiar para el examen del lunes (…) Comenzaré estudiando la mañana del sábado, después (…) y, si me da tiempo, plancharé. Lo que no pueda hacer este fin de semana, lo dejaré para el próximo o pediré ayuda”.

·        Reducir nivel de exigencia: debemos ser flexibles con nosotros mismos, permitiéndonos cometer fallos y no tratando de controlar lo incontrolable como, por ejemplo, la conducta de los demás, sobre la que tenemos una influencia limitada.

·        Aumentar actividades agradables: si dedicamos parte de nuestro tiempo a realizar actividades que nos hagan sentir bien, tendremos una actitud más positiva que nos ayudará a afrontar situaciones de estrés.

·        Relajación: siempre es interesante disponer de técnicas para reducir la activación. Podemos apuntarnos a actividades de yoga, meditación, etc.

·        Estilo de vida saludable: con una buena salud somos más resistente ante las demandas del entorno. Es recomendable realizar ejercicio físico, dieta saludable, reducir niveles de cafeína y azúcar y dormir lo suficiente.

Os animamos a que pongáis en práctica nuestras propuestas y comprobéis cómo os vais sintiendo mejor a medida que comenzáis a tomar el control de la situación.

FOBIAS

Todos tenemos o conocemos a alguien que tiene un miedo intenso a los lugares cerrados, a los perros o a las alturas, entre otros. Esto es lo que denominamos fobias y en el artículo de hoy definiremos en qué consisten, algunos tipos (comunes y raras) y su tratamiento.

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¿En qué consisten las fobias?

La palabra fobia deriva del término griego Fobos (pánico), en la mitología griega era el hijo de Ares (dios de la guerra) y Afrodita (diosa del amor) y representaba al miedo personificado.

Una fobia es un tipo de trastorno de ansiedad que se define como un miedo irracional, intenso e incontrolable ante estímulos que no representan un peligro real.

Es normal y adaptativo que nuestro cuerpo reaccione ante un peligro con un aumento de activación, dando lugar a sudoración, hiperventilación, palpitaciones, sequedad de boca, vista nublada, palidez, temblores, etc. Estas respuestas del sistema fisiológico están encaminadas a que reaccionemos ante ese peligro con la respuesta de lucha o huida. El problema aparece cuando el miedo no es real, es decir, cuando aquello que nos provoca esta respuesta corporal no supone ningún riesgo.

La persona con fobia reacciona huyendo del estímulo temido (escape) o evitando situaciones potenciales en las que aparecerá este miedo irracional (evitación). Con las conductas de evitación/escape nos sentimos aliviados al no tener que experimentar esas sensaciones tan desagradables, pero estamos reforzando la idea de que nuestro miedo es algo real y se hace cada vez más intenso.

Las fobias pueden resultar muy limitantes, ya que interfieren en el funcionamiento normal de la vida diaria de las personas que las sufren.

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Fobias comunes

Las fobias más habituales con las que podemos encontrarnos son las siguientes:

·         Agorafobia: miedo a los espacios abiertos, la persona presenta dificultades para salir de casa.

·         Acrofobia: miedo a las alturas

·         Aerofobia: miedo a volar en avión.

·         Claustrofobia: miedo a los espacios cerrados (ascensores, túneles…)

·         Emetofobia: miedo a vomitar.

·         Aracnofobia: miedo a las arañas.

·         Sociofobia: miedo al juicio negativo en situaciones sociales.

·         Carcinofobia: miedo a tener cáncer.

·         Necrofobia: miedo a la muerte y a todo lo relacionado con cadáveres.

·         Brontofobia: miedo a las tormentas.

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Fobias raras

Hay un gran número de fobias referidas a todo tipo de estímulos. A continuación, vamos a enumerar aquellas que nos parecen más curiosas:

·         Triscaidecafobia: miedo al número 13.

·         Hexakosioihexekontahexafobia: miedo al número 666.

·         Xantofobia: miedo al color amarillo.

·         Somnifobia: miedo a dormir.

·         Coulrofobia: miedo a los payasos.

·         Fagofobia: miedo a comer y tragar.

·         Chamainofobia: miedo a Halloween.

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Tratamiento de las fobias

El tratamiento en el caso de las fobias tiene una probabilidad de éxito muy elevada. Las técnicas que se aplican son las siguientes:

·         Exposición con Prevención de Respuesta: el paciente se irá exponiendo poco a poco al estímulo temido. Esto se realiza de una manera muy gradual y pautado por un profesional para que el malestar esté controlado y no tenga el efecto contrario. Con esta técnica, el paciente comprueba que el temor al estímulo fóbico no es objetivo y que realmente no supone ningún tipo de riesgo, desapareciendo poco a poco el miedo.

·         Desensibilización sistemática: es una técnica similar a la exposición con prevención de respuesta, pero en este caso se lleva a cabo de forma encubierta, es decir, en imaginación.

·         Reestructuración cognitiva: en el tratamiento de las fobias es muy importante trabajar el componente cognitivo. Con la reestructuración cognitiva se ajustan a la realidad los pensamientos irracionales del paciente, sobre todo, proporcionando información contrastada acerca del estímulo temido.

 

 

 

CINCO CLAVES PARA SER FELIZ EN PAREJA

Para ser feliz en pareja, no basta con el hecho de compartir la vida con otra persona o idealizar cómo nos gustaría que fuera, sino que es necesario un trabajo diario para conseguirlo. En este artículo os ofrecemos unos consejos generales para conseguir una relación enriquecedora y satisfactoria.

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1.      Combate la rutina

Cuando pasa la etapa de enamoramiento, en la que todo lo relacionado con nuestra pareja es positivo y novedoso, aparece el riesgo de caer en el aburrimiento.

Bien es cierto, que el ritmo de vida que llevamos nos limita las opciones para compartir tiempo con nuestra pareja y, más aún, para hacer cosas diferentes. Pero es algo tan importante, que debemos organizarnos y buscar el momento para realizar actividades novedosas y agradables, como pasar un día en la montaña, ir al cine, organizar una cena romántica o, simplemente, tener un detalle a la vuelta del trabajo (flores, chocolates, etc) o enviar un mensaje inesperado que le haga sonreír.

2.      Fíjate en los aspectos positivos de tu pareja y házselo saber

A medida que la relación se va haciendo más estable, comenzamos a adquirir obligaciones comunes y empezamos a fijarnos en los defectos de nuestro compañero/a, adquiriendo una visión más realista del otro y compartiendo cosas no tan agradables.

Llegados a este punto, podemos caer en el error de asociar nuestra relación con una obligación constante (niños, tareas domésticas, administración de gastos…) y sólo atender a aquello que nos molesta del otro y tratar de cambiarle para que se convierta en “nuestra pareja ideal”, solo consiguiendo frustración e insatisfacción.

Para evitar el malestar descrito en el anterior párrafo, debemos aceptar que todos tenemos defectos o formas de pensar diferentes e interpretar esto como una oportunidad de enriquecimiento y no como una molestia constante. Saber valorar lo diferente en el otro es clave para estar satisfechos.

Además, algo que solemos dejar olvidado es el hecho de prestar atención a las cualidades de nuestra pareja y decírselo. Retomar este hábito hará a ambos más felices, ya que a todos nos gusta que reconozcan nuestras cosas positivas y, el simple hecho de fijarse en lo que nos gusta del otro, hace que nos resulte más atractivo y nos recuerda por qué lo elegimos.

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3.      Fomenta la comunicación

La falta de comunicación suele abocar a una relación al fracaso. Hay que aprender a hablar y a escuchar, a preguntar a nuestra pareja por sus inquietudes o por aquello que le preocupa.

Lo ideal es dedicar un espacio de tiempo diario para dialogar con el otro, aunque sea de temas sin importancia.

La falta de comunicación lleva a la interpretación, habitualmente errónea. Por ejemplo, puedo ver a mi pareja algo más distante y, en lugar de preguntar qué ocurre, interpreto que ya no me quiere actuando en consecuencia, y quizás el motivo de su lejanía es que se encuentra mal por problemas laborales. El hecho de analizar el comportamiento del otro y sacar conclusiones es un grave problema que se da en muchas relaciones. Por lo tanto, no infieras, dialoga.

Por último, en todas las relaciones hay diferencia de opiniones o discusiones. Esto es algo normal, pero hay que saber gestionarlo. Puedo (y debo) expresar mi opinión, pedir el cambio o decir aquello que no me gusta, pero de una manera adecuada. El ser ofensivo o agresivo no resuelve los problemas, sino que los agrava. Debemos saber poner sobre la mesa los conflictos siendo empáticos, cuidando las formas y explicando qué queremos de la manera más objetiva y clara posible.

4.      Ajusta tus expectativas

Nos encontramos inmersos en la cultura del romanticismo, lo que nos lleva a buscar a la pareja perfecta o a nuestra media naranja. Esta cultura, habitualmente, no nos hace ningún favor, ya que las expectativas que depositamos en nuestra relación son demasiado altas e idealizadas, llevándonos a la insatisfacción o desencanto.

Realmente, no se trata de encontrar a nuestros príncipe azul, sino de encontrar a la persona que nos aporte cosas positivas, que nos de tranquilidad a la vez de emoción, con la que poder compartir nuestro tiempo.

En este punto, no debemos olvidar que una pareja no nos complementa, sino que nos aporta. No necesitamos al otro para vivir, sino que contribuye a nuestra felicidad y eso nos resulta gratificante. Vivir en pareja no significa olvidar nuestra individualidad.

5.      No descuides el sexo

El área sexual, al igual que el resto de aspectos de la relación, también tiende a la rutina y es necesario esforzarse para mantener viva la pasión y la atracción.

Compartir momentos de intimidad con tu pareja es fundamental para favorecer la complicidad y la confianza.

Las relaciones sexuales son un hábito y, como cualquier otro, si se deja de hacer cada vez apetece menos y al contrario, por lo que no debemos olvidarnos de mantener una actividad sexual frecuente, aunque en ciertas ocasiones no nos apetezca demasiado, no sea el mejor momento o las expectativas no sean excesivamente altas.

Por otra parte, la comunicación en este ámbito también es fundamental. Comparte con tu pareja qué te apetece o que te gusta y no olvides el factor sorpresa. Ser creativo e innovador es el mayor enemigo del aburrimiento.

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Terminamos con una bonita frase que contiene la idea principal del artículo y que nos incita a esforzarnos y a trabajar continuamente para crear y compartir un proyecto de vida al lado de alguien, eso es el hecho de mirar juntos en la misma dirección:

“Amar no es mirarse el uno al otro; es mirar juntos en la misma dirección.”

Antoine de Saint-Exupéry